Construido en el siglo XV, el de esta ciudad checa es uno de los pocos relojes heliocéntricos de todo el mundo

En la República Checa existe una ciudad con tal atractivo patrimonial y arquitectónico que hace que sea conocida como la pequeña Praga pero sin las multitudes del turismo masivo. Se llama Olomouc y su epicentro es la Plaza Alta, donde el edificio del ayuntamiento, del siglo XIV, guarda uno de los monumentos más singulares de toda Europa Central. Se trata de su reloj astronómico, una pieza que ha marcado el ritmo de la vida local durante más de seis centurias y que se integra inseparablemente en la torre municipal. Este ingenio mecánico no solo ofrece la hora, sino que narra la compleja relación entre el hombre y el cosmos a través de su diseño particular. 

Es una parada obligatoria para cualquier agradecido viajero que busque autenticidad y una profunda conexión con el pasado histórico de la localidad checa. Al observar su fachada, se percibe de inmediato que no estamos ante un cronómetro convencional, sino ante una obra de arte total que fusiona ciencia y estética. Los orígenes de esta maravilla técnica se remontan a los inicios del siglo XV, situándose su construcción aproximadamente entre los años 1419 y 1422. Las leyendas locales envuelven su creación en misterios, como la historia del maestro relojero Antonín Pohl que supuestamente fue cegado para no repetir su obra. 

La primera mención escrita oficial del reloj aparece en el año 1519, consolidando su importancia como un centro de conocimiento astronómico en la época. A lo largo de los siglos, el ingenio fue sometido a diversas transformaciones que reflejaron los estilos gótico, renacentista y barroco, adaptándose a los gustos de cada era. Artistas como Jan Kryštof Handke aportaron adornos barrocos en el siglo XVIII, enriqueciendo su apariencia con figuras alegóricas y retratos detallados. Cada reforma buscaba no solo mantener la precisión de la maquinaria, sino también elevar el prestigio de la ciudad de Olomouc ante el mundo. 

Lo que realmente distingue a este reloj de Olomouc y lo eleva a una categoría de rareza mundial es su naturaleza como uno de los pocos relojes heliocéntricos que existen. A diferencia de la mayoría de los relojes astronómicos antiguos que seguían un modelo geocéntrico, este sistema posiciona al Sol en el centro del mapa celestial. En su esfera central es posible admirar la posición exacta de los planetas recortados sobre el trasfondo vibrante de las constelaciones del Zodiaco. Este enfoque científico avanzado para su época demuestra el alto nivel de conocimiento que poseían los astrónomos y relojeros encargados de su mantenimiento. El dial superior funciona como un mapa del Sistema Solar que incluye no solo los astros, sino también información estelar precisa sobre un fondo decorativo espectacular. 

Poseer una pieza de ingeniería de este calibre convierte a Olomouc en un punto de referencia para los estudiosos de la historia de la ciencia. Es un testimonio visual de cómo la humanidad comenzó a comprender su lugar real dentro de la inmensidad del universo conocido. Pero la historia del reloj también está marcada por la tragedia y la resiliencia, especialmente durante los oscuros días de la Segunda Guerra Mundial. En mayo de 1945, mientras las tropas nazis se retiraban de la ciudad, el reloj fue seriamente dañado por el impacto de una granada y el fuego subsiguiente. Este acto de destrucción dejó el monumento en un estado deplorable, con gran parte de su decoración histórica irremediablemente perdida tras el conflicto bélico. 

La ocupación alemana ya había dejado una huella amarga en Olomouc, pero la ruina del reloj simbolizó el fin de una era de esplendor de la arquitectura tradicional. Durante años, el mecanismo permaneció en silencio, esperando una oportunidad para volver a la vida en la entonces llamada Checoslovaquia que entonces formaba parte del bloque comunista. La reconstrucción no sería una simple restauración de lo antiguo, sino una reinvención total que reflejaría las nuevas realidades políticas del país. Este periodo de inactividad forzada sirvió para que los nuevos líderes idearan un aspecto que rompiera definitivamente con el pasado aristocrático y religioso.

La transformación definitiva ocurrió en la década de 1950 bajo la dirección del artista Karel Svolinský, quien rediseñó el reloj siguiendo la estética del socialismo realista. El resultado fue una obra que sustituyó a los santos y figuras religiosas por representaciones de la clase trabajadora y escenas de la vida cotidiana. Inaugurado con su nuevo aspecto en 1955, el reloj muestra hoy un llamativo mosaico de vidrio que refleja la ideología imperante de la época soviética. En lugar de motivos puramente eclesiásticos, el fondo del nicho de 14 metros de altura presenta la Cabalgata de los Reyes y procesiones de doncellas. Este cambio radical ha generado debates constantes desde la caída del comunismo en 1989, pues algunos sectores abogaban por recuperar su apariencia previa a la guerra. 

Estructuralmente, el reloj astronómico de Olomouc se divide en dos niveles o diales principales que ofrecen una cantidad abrumadora de información. El dial inferior representa la esfera terrenal, proporcionando datos sobre la hora, los minutos, el día, el mes y el año en curso. Además, este nivel incluye una esfera dedicada a las fases lunares y un calendario detallado que originalmente señalaba festividades litúrgicas. Una de las curiosidades más notables de este calendario es que, durante el régimen socialista, incluía fechas como los cumpleaños de Stalin y Gottwald. Por otro lado, el dial superior es el encargado de mostrar la esfera celestial con su configuración heliocéntrica y el mapa de las estrellas. 

Todo el conjunto se encuentra protegido dentro de un arco apuntado de casi 14 metros de altura decorado con medallones que representan los meses del año. Esta disposición vertical permite que el espectador pueda leer tanto la realidad cotidiana del tiempo terrestre como los movimientos eternos de los astros. Las figuras animadas que adornan el reloj son quizás su elemento más distintivo y curioso para el visitante contemporáneo. En sintonía con la estética proletaria de su reconstrucción, los personajes representan diversas profesiones y actividades físicas valoradas por el estado socialista. Entre ellos se pueden identificar a un minero, un panadero, un mecánico con su llave inglesa y hasta un jugador de voleibol. 

El momento cumbre

Este enfoque le ha valido el sobrenombre de un reloj “más proletario” en comparación con el reloj de la capital checa, Praga. El momento cumbre para observar el funcionamiento del reloj es, sin duda, cada día a las doce del mediodía en punto. A esa hora, el espectáculo cobra vida durante siete minutos, atrayendo a locales y turistas que se congregan frente a la fachada del ayuntamiento. El carillón, compuesto por 16 campanas moldeadas a finales del siglo XIX, comienza a interpretar melodías folclóricas tradicionales de la región. Aunque originalmente se planeó que reprodujera “La Internacional”, hoy deleita a los presentes con canciones típicas que celebran la identidad morava. 

Mientras suena la música, las figuras de los trabajadores y atletas desfilan por las ventanas superiores en un movimiento coordinado que asombra por su precisión mecánica. El desfile de personajes concluye de manera caprichosa con el canto de un gallo de latón, que marca el final de la exhibición diaria. Ver este mecanismo en acción es una experiencia única que solo ocurre una vez al día, lo que añade un valor especial a la visita. Es un recordatorio sonoro y visual de que el tiempo sigue avanzando, impasible ante los cambios de régimen.