Instalado en el siglo XIV, es uno de los relojes en funcionamiento más antiguos de Europa y tiene una sola manecilla

El reloj es parte de un conjunto monumental que destaca por la elegante fusión de estilos, que van desde el gótico flamígero hasta el esplendor del Renacimiento

Alberto Gómez

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El Gros-Horloge de la ciudad de Rouen, capital de Normandía, es mucho más que un simple instrumento para medir el tiempo, ya que representa el alma misma de la localidad francesa. Situado en la pintoresca rue du Gros-Horloge, este monumento histórico abarca la calle mediante un arco renacentista que ha cautivado a visitantes durante siglos. Considerado uno de los mecanismos de relojería en funcionamiento más antiguos de Europa, este conjunto arquitectónico es un testimonio vivo de la maestría medieval. Su imponente presencia marca el pulso de una ciudad que ha sabido preservar su herencia cultural con orgullo. Hoy en día, sigue siendo el emblema más fotografiado y querido tanto por sus ciudadanos como por los turistas del mundo entero que visitan este precioso rincón de Francia

Como testigo silencioso de la historia, este soberbio reloj ha sobrevivido a guerras y revoluciones, emergiendo siempre como un símbolo de resiliencia. Explorar sus secretos permite a un agradecido viajero retroceder en el tiempo mientras camina por calles adoquinadas centenarias. Sin duda, es el punto de partida ideal para descubrir el rico tapiz histórico que ofrece Normandía. La fascinante historia de este reloj se remonta al turbulento siglo XIV, específicamente tras la revuelta de la Harelle en 1382. Durante este levantamiento popular contra la opresión fiscal, el rey Carlos VI ordenó la demolición del antiguo campanario municipal. Como castigo adicional, se prohibió a los ciudadanos de Rouen construir una nueva torre para sus campanas civiles. 

Sin embargo, los habitantes eludieron ingeniosamente esta restricción alegando que necesitaban edificar una torre únicamente para albergar un reloj. Así, en 1398 se reconstruyó el edificio bajo el pretexto de una utilidad técnica en lugar de una estrictamente comunal. Este acto de astucia permitió que el beffroi gótico volviera a dominar el horizonte de la ciudad normanda. Con el tiempo, lo que comenzó como un gesto de rebeldía se transformó en una joya arquitectónica incomparable. La estructura actual es el resultado de siglos de adiciones, desde la base medieval hasta el pabellón renacentista.

Con un diámetro de dos metros y medio, el dial de este soberbio reloj presenta un sol dorado con 24 rayos

El conjunto monumental destaca por la elegante fusión de estilos que van desde el gótico flamígero hasta el esplendor del Renacimiento. El campanario adyacente alberga las campanas municipales y el mecanismo original, mientras que el pabellón cruza la calle principal. Originalmente, el edificio contaba con una flèche de madera, pero en la época clásica se sustituyó por una cúpula de estilo clásico. Bajo el arco de piedra caliza, los transeúntes pueden admirar una bóveda finamente esculpida con escenas de carácter pastoral. Estas esculturas representan temas como el Buen Pastor, recordando la importancia histórica de la cría de ovejas. Curiosamente, la bóveda estuvo policromada en el siglo XVI, ofreciendo un espectáculo visual lleno de colores vibrantes. En las fachadas exteriores, los ángeles tallados adornan la estructura, aunque uno de ellos está colocado al revés. La leyenda sugiere que los obreros lo esculpieron así como protesta por sus bajos salarios durante la construcción.

En cuanto al propio reloj, es una verdadera obra maestra que combina el arte medieval con el conocimiento astronómico de su época. Con un diámetro de dos metros y medio, el dial presenta un sol dorado con 24 rayos sobre un fondo azul estrellado. A diferencia de los relojes modernos, este solo posee una manecilla única terminada en la figura de un cordero. Esta aguja apunta las horas mientras recorre un círculo dividido en dos periodos de doce horas cada uno. El diseño no solo buscaba la precisión temporal, sino también la representación simbólica del orden del cosmos. El uso del pan de oro en su restauración permite que el sol brille intensamente bajo la luz de Normandía. Observar el dial desde la calle ofrece una perspectiva única sobre cómo se percibía el tiempo antiguamente. Es, en esencia, una de las esferas públicas más antiguas y mejor conservadas de toda Francia y Europa.

Reloj... y calendario

Además de marcar las horas, el Gros-Horloge funciona como un calendario astronómico completo lleno de representaciones de carácter mitológico. En la parte superior del dial, un oculus contiene una esfera de 30 centímetros que muestra las fases lunares. Este globo completa una rotación total cada 29 días, permitiendo a los ciudadanos seguir los ciclos del satélite. Por otro lado, en la base de la esfera aparece una abertura donde se revelan los días de la semana. Cada día está representado por una divinidad montada en un carro de triunfo, que aparece puntualmente al mediodía: Diana, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus, Saturno y Apolo. Este sistema permitía que incluso aquellos que no sabían leer pudieran identificar el día correspondiente en el calendario.

La presencia constante de ovejas y corderos en toda la ornamentación del monumento no es una coincidencia estética o religiosa. Estas figuras rinden homenaje a la industria de la lana, que fue el pilar económico fundamental de Rouen. El Agnus Dei o cordero pascual aparece en el centro del arco y representa las armas de la ciudad. Se pueden contar hasta una docena de corderos y cerca de cuarenta ovejas distribuidas por todo el edificio. Incluso la veleta del campanario lleva la efigie de este animal, subrayando su importancia como símbolo del orgullo cívico. En el interior, los visitantes descubren talleres donde se explica la relación entre la prosperidad urbana y el comercio textil. Este vínculo entre la economía local y el arte público define la esencia de la burguesía de la época. El monumento se convierte así en un recordatorio permanente de la riqueza generada por los antiguos comerciantes.

En el corazón del campanario se encuentra el mecanismo de hierro forjado fabricado en 1389 por Jourdain Delettre. Esta joya de la ingeniería medieval es uno de los movimientos de relojería más antiguos que aún se conservan. El sistema es extremadamente complejo, utilizando varillas y piñones para conectar el mecanismo con los diales exteriores. Aunque el movimiento mecánico está en perfecto estado, el reloj funciona mediante electricidad desde la década de 1920. Durante la visita, es posible observar los engranajes masivos y entender cómo el oficio del relojero era vital. Jehans de Felain fue el primer gobernador del reloj y vivió dentro del pabellón para asegurar su mantenimiento. El cuidado constante de estos especialistas permitió que el reloj nunca dejara de marcar el paso de los siglos. Además, uno de los mayores atractivos de la visita a este inolvidable reloj es el acceso a la terraza superior, que ofrece un panorama de 360 grados. Desde una altura de 40 metros, se puede contemplar la majestuosidad de la Catedral de Notre-Dame y su aguja récord. La vista abarca también el río Sena, el Palacio de Justicia y los tejados de las casas de entramado de madera que hacen de esta ciudad una visita obligada para quien aún no la conozca.

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