Figuras budistas, dioses indios y hasta Beethoven aparecen en esta curiosa ruta de 20 esculturas esculpidas en roca caliza

El acceso a este enclave es totalmente libre y gratuito durante todo el año

Alberto Gómez

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En la orilla del embalse de Buendía, en la provincia de Cuenca, mayores y pequeños pueden dar con una ruta tan original como sorprendente donde el arte y la naturaleza se entrelazan de forma mística. Este paraje, formado por extensos pinares y rocas de arenisca, alberga la conocida Ruta de las Caras, un museo al aire libre que transporta a sus visitantes a un mundo de fantasía poblado por deidades y duendes. Se trata de un espacio único donde las esculturas rompen la frontera de las zonas urbanas para ensalzar la relación entre el volumen cincelado y el paisaje virgen. Las obras, que varían entre uno y seis metros de altura, parecen emerger de las propias paredes rocosas en una armonía perfecta con el entorno mediterráneo. Es un recorrido inspirador, rodeado de plantas aromáticas como el romero y la lavanda, que invita a la contemplación pausada del arte arcaico.

La génesis de este proyecto artístico de esculturas de Castilla-La Mancha se remonta a los años 90, cuando los autores Eulogio Reguillo y Jorge J. Maldonado comenzaron a tallar la roca arenisca del lugar. Desde entonces y hasta la actualidad, el paraje ha ido sumando piezas hasta alcanzar unas veinte esculturas y bajorrelieves que conforman esta singular galería. Los artistas han dedicado años de esfuerzo para completar algunas de las figuras debido a la dureza del material y las grietas naturales de la piedra. El nombre de la ruta tiene un origen popular, basado en las respuestas de los caminantes que, al ser preguntados por su destino, afirmaban ir a ver “las caras”. Situado en la comarca de la Alcarria Conquense, Buendía se posiciona como un municipio medieval con un entorno ideal para el senderismo y la exploración cultural.

El circuito diseñado para contemplar estas obras es un recorrido circular de escasa dificultad técnica, lo que lo hace idóneo para todas las edades. Con una longitud aproximada de entre un kilómetro y medio y dos kilómetros, la visita suele completarse en un tiempo de una a dos horas. El acceso a este enclave es totalmente libre y gratuito durante todo el año, permitiendo que cualquier persona disfrute de esta experiencia artística. El sendero está debidamente señalizado con postes de madera y flechas verdes, siguiendo parte del itinerario del sendero local PR-CU46 de la región. Aunque es una aventura muy fácil de disfrutar para cualquier familia, es importante señalar que el terreno natural presenta desafíos importantes para el uso de carritos de bebé.

El origen de esta ruta, con obras que miden entre uno y seis metros de altura, se remonta a los años 90

La experiencia comienza tras dejar el vehículo en el aparcamiento señalizado, donde un panel informativo recibe a los caminantes antes de adentrarse en el bosque. A escasos 200 metros del inicio, la senda revela la primera escultura conocida como la Moneda de Vida, un bajorrelieve que simboliza la génesis universal. Esta pieza circular representa el claustro donde se gesta la vida, sirviendo como una metáfora visual de la estructura física y el soporte de la existencia. Tras este primer encuentro, el camino continúa serpenteando entre paredes rocosas donde surgen rápidamente figuras de inspiración oriental y profunda espiritualidad. Rostros de culturas precolombinas y del panteón hinduista parecen observar al visitante con una sonrisa profunda y cautivadora desde su reposo milenario en la piedra.

Entre las deidades más impactantes destaca la figura de Krishna, una escultura de cuatro metros de alto por tres de ancho que domina el sendero. Su cabeza está adornada con un penacho de plumas de pavo real, el vehículo tradicional de esta deidad, mostrando un nivel de detalle técnico excepcional. Junto a ella se encuentran Arjuna y Maitreya, figuras basadas en la cultura india que permanecen juntas mirando hacia la serenidad de las aguas del embalse. Arjuna, según la tradición, fue elegido para guiar a los seres humanos por los senderos de la realización, el conocimiento y la devoción. Estas obras cercanas logran transmitir de modo natural el misterio de un arte que parece primitivo pero que requiere aplicaciones estéticas y técnicas complejas.

Un gnomo y hasta Beethoven

Continuando el trayecto, el visitante se topa con el Chamán, considerada la mirada más impactante de todo el conjunto de estas sorprendentes esculturas de Castilla-La Mancha. Esta obra requirió cuatro años de trabajo intensivo debido a las dimensiones y las dificultades propias de la veta de la roca arenisca. Su mirada se dirige directamente hacia el lago del río Guadiela, cruzándose en su camino visual con la representación mística de la calavera. No lejos de allí, aparecen seres de la mitología infantil como Chemary, un gnomo gigante que emerge del terreno empujando la roca de arena negra. También se puede observar el rostro de Beethoven, una pieza dedicada al compositor cuyo cabello parece ondular siguiendo las formas naturales de la roca.

Una de las piezas más inquietantes y simbólicas del recorrido es la escultura conocida como De Muerte o la Calavera. Es la única obra del parque artístico que está orientada específicamente hacia la salida del sol, cargada de un profundo mensaje de renacimiento. Representa la idea de que algo debe morir para que nazca lo nuevo, integrando la dualidad de la existencia humana en el paisaje conquense. Por el otro lado de la misma peña se encuentra la Dama del Pantano, una cara de mujer serena que mira fijamente hacia la presa. En momentos de máxima altura del embalse, el agua llega a sus pies, creando una estampa visual que se vuelve dorada con la luz del atardecer.

El componente religioso y local tiene su máxima expresión en la Virgen de las Caras, inspirada directamente en Nuestra Señora de los Desamparados. Esta figura, patrona de Buendía, muestra en su manto tallado el Sol y la Luna, símbolos que representan el equilibrio entre lo masculino y lo femenino. Se encuentra ubicada en la zona conocida como la Peña de las Vírgenes, junto a la Virgen de la Flor de Lis y una cruz templaria. Es frecuente que la talla original de esta virgen se encuentre en la iglesia del pueblo o en su ermita, dependiendo de la festividad. Otra figura destacada es La Monja, esculpida en 1992 cerca de una covacha que pudo ser un antiguo santuario para eremitas de la zona.

Para disfrutar plenamente de la jornada, se recomienda llevar agua, calzado cómodo y respetar estrictamente el entorno natural evitando dañar las esculturas. Al inicio de la ruta se dispone de una zona de picnic con mesas y bancos bajo la sombra de los pinos, ideal para las familias. El paraje permite el acceso con mascotas, siempre que se mantenga la limpieza del entorno y se respete a los demás senderistas en el camino. La visita a la Ruta de las Caras puede complementarse con una exploración del rico patrimonio histórico y natural que rodea a la villa de Buendía. Destacan lugares como el yacimiento romano de Ercávica, la ciudad visigoda de Recópolis o la ermita situada en un meandro del río Guadiela. La ciudad de Cuenca y parajes como la Ciudad Encantada se encuentran también a una distancia accesible para completar una agradecida y curiosa escapada de varios días.

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