El Estado lleva 30 años de lucha para desokupar los Ojos del Guadiana y está a punto de conseguirlo
Los Ojos del Guadiana son, en teoría, el nacimiento de unos de los ríos más importantes de la Península. Pero la visita no puede ser más decepcionante. Donde debería aflorar el agua por el enorme acuífero del subsuelo de La Mancha, hay un pívot para regar alfalfa y un enorme cartel junto a la carretera que advierte: “Propiedad 100% de SAT Evangelista. Propiedad particular. Prohibido el paso”.
El cartel es una demostración de fuerza, un signo detrás del cual se esconde una lucha de décadas. Porque los Ojos llevan décadas okupados y la Confederación Hidrográfica del Guadiana, dependiente del Ministerio para la Transición Ecológica, ha pasado más de 30 años –con desigual interés– pleiteando por recuperarlos. Ahora, una sentencia de julio de 2025 da la razón al Estado y supone el penúltimo escalón para recuperarlo. El presidente de la Confederación, Samuel Moraleda, está deseando que salga el último recurso y ejecutarla. Le duele cada vez que desde la carretera ve ese enorme pívot de regadío. Porque la okupación no se da en un lugar remoto, sino junto a una carretera nacional, a la vista de todo el mundo.
Manuel, El Lele, vende los mejores melones del mundo. O eso dice la publicidad del enorme cartel junto a su puesto. Este agricultor de 64 años tiene sus tierras junto a los Ojos. “Ese es el Ojo de la Señora”, explica señalando el cartel y las tierras que hay frente a su puesto de melones. Habla en presente aunque no se ve nada de agua donde señala. Pero es que para El Lele, “el río es río aunque esté seco. Aunque no lleve agua, eso sigue siendo suyo”.
Esa no es solo la lógica del campo sino que la sigue la legislación en España desde Alfonso X, cuando declaró que las costas y las riberas de los ríos son bienes comunales. Desde hace décadas se llama Dominio Público Hidráulico, y son bienes que de ninguna manera pueden pasar a ser privados.
La lucha del Estado
Eso explica que el Estado lleve años de pelea por los Ojos del Guadiana y el cauce posterior hasta Las Tablas de Daimiel. Desde el siglo XIX el hombre ha intervenido en la zona, un enorme humedal. Pero fue en 1956, con la ley de desecación de los ríos Guadiana, Cigüela, Záncara, cuando los trabajos fueron concienzudos. Entonces, los humedales eran considerados una fuente de paludismo y de retraso económico porque impedían la agricultura. Años de implantar regadío dieron el resultado previsto a mitad de los 80, cuando los Ojos se secaron por primera vez. El Guadiana cierra sus ojos, se dijo poéticamente del drama ambiental que suponía.
Que no hubiera agua terminó de fomentar la colonización del terreno, fuera para explotar la turba del subsuelo o para regar con los pívots que jalonan la comarca gracias a los bombeos desde el subsuelo. Y, a su vez, comenzó una batalla judicial y social. En los tribunales, el Estado pleiteó para mantener, al menos sobre el papel, su propiedad. En la social, los ecologistas se enfrentaron con pocas armas a los numerosos agricultores que viven del agua del entonces llamado acuífero 23, la enorme masa de agua que encharcaba toda la zona.
En 1994, el Tribunal Supremo validó el deslinde sobre los Ojos del Guadiana, el trámite que establece sobre el plano qué parte es pública, hasta donde alcanza el agua de forma natural, y qué parte es privada. El Alto Tribunal decretó que los ojos del Guadiana “tanto si era río, como si era laguna, como si constituía zona mixta de río y laguna, la conclusión es siempre la misma, a saber: que el cauce o lecho es siempre de dominio público, pues los ríos y las lagunas lo son”.
Esa sentencia parecía que iba a ser definitiva. Pero aplicar ese deslinde es especialmente conflictivo al chocar muchos intereses económicos en juego. En 2012, tras varios años húmedos, los ojos volvieron a encharcarse. El acuífero subió de nivel y, como 30 años antes, el agua afloró desde el subsuelo. Para alguien que no conociera la zona solo eran charcas. Pero fue muy simbólico. Significaba que el Guadiana era rescatable. Como ese enfermo que sale del coma en el que lleva años.
También lo supo el agricultor que tiene el terreno inscrito. Dos años después, se cansó de la visita de curiosos que iban a contemplar el fenómeno y, con una azada, destrozó la laguna natural creada eliminando todo rastro de agua y del humedal. La Guardia Civil precintó la zona para intentar protegerla para sorpresa de toda la mancomunidad de vecinos, que veían que un bien natural incalculable había sido destrozado por un vecino para cultivar alfalfa. Eso movilizó de nuevo la posibilidad de rescatar el acuífero y el Estado retomó el deslinde 2016.
Entonces, la Confederación colocó los mojones que delimitan la zona pública y privada. Son 195 pequeños hitos de cemento que van recorriendo el perímetro de los Ojos. El Lele los conoce bien. Saca un mapa del deslinde y una lupa para ir siguiendo el recorrido. Asegura que él insistió a la confederación para que acometiera el amojonamiento: “Eso es de dominio público. Siempre lo fue. Lo que pasa es que hay mucho listo en esta vida”.
Ahí comenzó otro proceso judicial que rememora el presidente de la Confederación. “A partir de ese momento instamos a la propiedad a que desmantele estas instalaciones hidráulicas de regadío”. El 19 de abril de 2016, el registro de la propiedad inmatriculó las fincas a favor del Estado y exactamente seis meses después la Confederación dio 30 días a la empresa agrícola para que desmantelara el pívot de regadío. Esta recurrió a la justicia alegando que tenía las fincas inscritas en el registro de la propiedad legalmente antes de que el Estado las deslindara. En 2022 el juez de primera instancia dio la razón al Estado.
La SAT Evangelista, que no ha querido hacer comentarios para esta información, recurrió entonces a la Audiencia Provincial, que el pasado julio, avaló toda la sentencia de primera instancia. El tribunal concluye que “si la zona deslindada de los Ojos del Guadiana que ha afectado de lleno a las fincas registrales propiedad de la parte actora siempre han sido dominio público, cualquier acto de adquisición y/o enajenación de las mismas (aunque se haya inscrito en el Registro de la Propiedad) resulta inoponible” a la ley de Aguas, que declara “dominio público hidráulico del Estado los cauces de corrientes naturales, continuas o discontinuas”. Moraleda lo celebra: “Estos derechos de propiedad y el tráfico jurídico no tiene que ver con el Dominio Público Hidráulico, que está determinado por ley”.
Los propietarios que tienen inscritos los terrenos son correosos. Se juegan mucho. En 2020 la justicia anuló el deslinde aguas abajo de este, el que lleva desde los Ojos hasta las Tablas de Daimiel, y la abogacía del Estado no lo recurrió. Escarmentada con pasados anuncios en balde, la Confederación recibió con júbilo la sentencia de 2025 sobre los Ojos, pero guardó silencio público. Espera ahora la última decisión del Supremo, pero, con todos los precedentes a su favor, confía en que, más pronto que tarde, ahora sí, volverán a manos públicas. “Desde luego ir a la carretera de Madrid por Madrid y ver a la izquierda el famoso pívot en un espacio que es de dominio público, pues a nosotros nos molesta y por eso nos hemos movido. Y bueno, ya es cuestión de tiempo que recuperemos ese terreno que, como digo, siempre ha sido de Dominio Público Hidráulico”, concluye.
Si eso ocurre será un hito, pero uno administrativo. La recuperación en el Alto Guadiana estará solo lograda sobre el papel. Porque el acuífero, tras la recuperación de 2012, no ha hecho más que perder agua por la agricultura intensiva. “Llevamos 11 años consecutivos con descensos piezométricos importantes”, señala Moraleda, el presidente de la Confederación Hidrográfica del Guadiana.
La voz de los expertos
Miguel Mejías, del departamento de Aguas y Cambio Global del Centro Nacional, en el IGME-CSIC, estudia periódicamente el que tradicionalmente se llamaba acuífero 23 y que ahora está considerado como tres masas de agua diferenciadas. Él pone datos al drástico vaciado por la sobreexplotación para el regadío. “En los ojos del Guadiana la profundidad para que vuelva a salir el agua estaríamos a unos 13 metros. Ahora mismo hay un vaciado de volumen de agua almacenado del acuífero desde 1980 hasta 2025, en la actualidad son 2.145 hectómetros cúbicos. Desde 1980, que es el año de referencia, a 2025, las tres masas centrales han bajado 18,27 metros”.
Alberto Celis, secretario de la Asociación Ojos del Guadiana Vivos, cree que nada se arreglará hasta que no se actúe aguas arriba. “Los bombeos para la agricultura intensiva en Manzanares, Cuatro Casas o en Llanos del Caudillo han cortocircuitado el sistema del río”. Si la Confederación recupera efectivamente el dominio público hidráulico, si en algún momento vuelve un ciclo húmedo y el agua vuelve a aflorar, al menos no se encontrará un pívot de regadío.
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