La preciosa ciudad francesa con 30 puentes y pasarelas para poder cruzar sus dos ríos
Cuando uno vive en la ciudad de Lyon o está varios días de visita interioriza rápidamente dos preguntas que debe hacerse constantemente si quiere quedar con alguien o, sencillamente, orientarse. Al lado de qué río está uno y qué puente tiene más cerca si quiere cruzarlo. Y es que en esta preciosa ciudad, la segunda en tamaño de toda Francia con permiso de Marsella, comparten protagonismo los imponentes Ródano y Saona, ríos que puedes cruzar a través de 30 puentes o pasarelas, circunstancia que confirma que el agua dicta el ritmo de la vida urbana de esta localidad. En este enclave, ambos ríos no solo dividen la ciudad, sino que articulan su historia a través de una compleja red de puentes y pasarelas que conectan barrios declarados Patrimonio de la Humanidad.
Estas estructuras son testigos de la evolución desde la Lugdunum romana hasta la urbe contemporánea que es hoy, permitiendo que la ciudad crezca y se transforme sobre sus cauces. Respecto a sus dos arterias fluviales, mientras que el Ródano ha sido históricamente visto como un gigante indómito de corrientes peligrosas y crecidas devastadoras, la Saona es descrita como una dama tranquila que acuna el centro histórico. Ambas corrientes confluyen en el sur, en el barrio de la Confluencia, un espacio ultramoderno que simboliza la reconciliación definitiva de los habitantes con su entorno natural a través de amplios muelles peatonales. Cruzar ambas aguas fue durante siglos un desafío técnico monumental, especialmente en el Ródano, donde la falta de afloramientos rocosos dificultaba asentar pilares sólidos.
De hecho, hasta el siglo XVIII, el Ródano solo contaba con un único paso permanente, mientras que en la Saona se utilizaban guados naturales y barcas de fondo plano denominadas “bêches”. Esta escasez de cruces seguros para los ciudadanos de Lyon convirtió a los pocos puentes existentes en puntos estratégicos de control y fronteras políticas entre las provincias históricas que rodeaban la ciudad. Iniciando el recorrido por el Ródano desde el norte, el puente de Lattre de Tassigny destaca por ser la conexión más corta de la ciudad con apenas 150 metros de longitud. Su estructura actual de hormigón pretensado, inaugurada tras la destrucción de su predecesor en la Segunda Guerra Mundial, se alinea perfectamente con el túnel de la Croix-Rousse para facilitar el tráfico moderno. Este puente sustituyó a antiguas estructuras colgantes que sufrieron accidentes trágicos debido a la fuerza del río y colisiones con molinos flotantes que operaban en la orilla.
El puente Morand es otro pilar fundamental en la historia del río, siendo el segundo sitio de cruce más antiguo de este río después de la Guillotière. Originalmente construido en madera con un diseño que permitía que el colapso de un elemento no destruyera toda la estructura, ha pasado por múltiples reconstrucciones y nombres. La versión actual, finalizada en 1976, integra de manera ingeniosa el paso de la línea A del metro de Lyon, la cual circula dentro de un cajón bajo la calzada del puente.
Entre estos grandes puentes se encuentra la pasarela del Colegio, un puente colgante peatonal nacido de la presión de los padres de alumnos de la orilla izquierda para acceder al Liceo Ampère. Muy cerca, el puente Lafayette aporta una estética singular con sus arcos de encaje metálico, siendo el tercer sitio de cruce más antiguo del Ródano y decorado con estatuas alegóricas que representan al Ródano y a la Saona. El puente Wilson, nombrado en honor al presidente estadounidense que impulsó la Sociedad de las Naciones, destaca por su solidez de mampostería y hormigón armado. Por su parte, el puente de la Guillotière representa la memoria viva de Lyon, ya que fue el único enlace sobre el Ródano hasta 1772 y marcaba la frontera histórica con la región de Saboya y el Delfinado. Finalizando los pasos sobre el Ródano antes de llegar a la confluencia, el puente de la Universidad se distingue por su ornamentación republicana y las palmas académicas grabadas en sus pilares de piedra de Porcieu.
Pasarelas como miradores
Al dirigir la mirada hacia la Saona, se descubre una relación más íntima y antigua entre la ciudad y el agua, pues sus orillas fueron el berceo de la civilización lionesa. A diferencia del Ródano, la Saona cuenta con una densidad mayor de pasarelas peatonales que facilitan el acceso directo al Vieux-Lyon y sus famosas “traboules”. El desaparecido puente del Change fue durante siglos el eje principal bordeado de tiendas, pero hoy su lugar ha sido tomado por estructuras que priorizan la fluidez del transporte y la visión panorámica. El puente de la Feuillée, cuyo nombre evoca los antiguos refugios de vegetación en las orillas, es una estructura de acero que ha sobrevivido a constantes reparaciones y reconstrucciones tras los daños de la guerra. En contraste, el puente Maréchal Juin es el más largo de los que cruzan la Saona, construido en hormigón pretensado con un diseño aéreo que favorece la navegación de buques de gran calado. Aunque su altura es práctica para el comercio fluvial, su ubicación rompe ligeramente la perspectiva visual hacia la colina de la Croix-Rousse.
Las pasarelas peatonales de la Saona son auténticos miradores urbanos, como la pasarela del Palacio de Justicia, con su diseño moderno de un solo mástil y cables de acero que ofrece vistas espectaculares. Otra pieza icónica es la pasarela Abbé Couturier, conocida popularmente como de San Jorge, cuyos pilares de hierro tienen forma de lanzaderas de tejer en homenaje a los trabajadores de la seda o “canuts”. Estos pasos elevados permiten a ciudadanos y turistas disfrutar de las vistas más hermosas de la colina de Fourvière y la basílica que domina el horizonte.
Finalmente, el puente Bonaparte conecta el corazón de la ‘península’ en Bellecour con la zona catedralicia de Saint-Jean, presentándose como una estructura de hormigón revestida de piedra para armonizar con el patrimonio del barrio. No se puede olvidar que al norte del río se encuentra la isla Barbe, donde se ubica el puente más antiguo de toda la ciudad, rodeado de restos de una abadía milenaria. Así, Lyon se consolida como una metrópoli que, a través de sus puentes, ha sabido coser sus dos ríos para unir su pasado galo-romano con un futuro dinámico y vanguardista. Una ciudad donde sus dos arterias fluviales han generado toda una serie de puentes y pasarelas de gran pasado y belleza y que son dignos de cualquier fotografía por parte de quien tenga la suerte de pasar unos días caminando entre dos majestuosos e inolvidables ríos.
0