El pequeño pueblo con una cascada, un castillo y la caseta en la que Rodríguez de la Fuente guardaba su equipo de rodaje

La fortaleza de la localidad conserva algunos de sus antiguos torreones y permite adivinar su pasada grandeza defensiva

Alberto Gómez

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En la provincia de Guadalajara, a apenas unos kilómetros de la histórica Sigüenza, se alza la pintoresca localidad de Pelegrina. Este pequeño núcleo rural, que apenas cuenta con una veintena de habitantes, es la puerta de entrada principal al Parque Natural del Barranco del Río Dulce, río que ha esculpido durante siglos un impresionante desfiladero que hoy conforma un paisaje de gran belleza y rica biodiversidad. Pelegrina se asienta sobre un meandro del río, ofreciendo una imagen auténtica de la arquitectura tradicional castellana en un entorno privilegiado. Es un destino donde la tranquilidad rural y el contacto directo con la naturaleza se fusionan para ofrecer una experiencia única al viajero. Pasear por sus calles empedradas y limpias, decoradas con flores, permite desconectar del ruido urbano mientras se contempla el majestuoso horizonte del barranco. Esta localidad es, sin duda, una joya que todo amante del senderismo debería conocer en Castilla-La Mancha.

La historia de este pueblo se remonta al siglo XII, época en la que Alfonso VII entregó el lugar a los obispos de Sigüenza. Bajo el señorío de estos prelados, Pelegrina floreció como una residencia estival gracias a su clima y las posibilidades que ofrecía para la caza. Uno de los tesoros arquitectónicos que aún se conservan es la iglesia románica de la Santísima Trinidad, construida originalmente en esa misma centuria. El templo destaca por su ábside semicircular, su espadaña y un atrio porticado del siglo XVI que luce el escudo del obispo Fadrique de Portugal. En su interior, los visitantes pueden admirar un valioso artesonado mudéjar policromado y un retablo de la capilla mayor de gran factura artística. La estructura urbana de Pelegrina sigue manteniendo ese aire medieval, con calles estrechas que ascienden suavemente hacia la parte más alta del cerro. 

Coronando la silueta del pueblo se encuentran las imponentes ruinas del castillo de Pelegrina, una fortaleza roquera que domina todo el valle del río Dulce. Hoy todavía conserva algunos de sus antiguos torreones y permite adivinar su pasada grandeza defensiva. Este castillo sufrió graves daños a lo largo de los siglos, incluyendo un gran incendio en 1710 durante la Guerra de Sucesión. Posteriormente las tropas francesas lo destruyeron casi por completo durante su retirada en la Guerra de Independencia. Actualmente, el acceso al recinto fortificado es gratuito y se puede llegar fácilmente siguiendo un camino ascendente que parte desde el pueblo. Desde sus muros, los viajeros pueden disfrutar de vistas panorámicas espectaculares del cañón y del entorno natural que rodea a la localidad. Es un lugar ideal para la fotografía, donde las piedras centenarias parecen narrar capítulos fundamentales de la historia regional.

Situado a pocos kilómetros del pueblo, este balcón fue construido en 1980 como un homenaje póstumo al naturalista

La fama mundial de Pelegrina está indisolublemente ligada a la figura de Félix Rodríguez de la Fuente. Y es que fue en estos escarpados parajes donde el divulgador grabó muchos de los episodios más recordados de su serie documental “El hombre y la tierra”. La grandiosidad de los cortados y la riqueza de la fauna local convirtieron al barranco en el escenario perfecto para sus filmaciones. Gracias a su labor, muchos españoles descubrieron la belleza oculta de este rincón de la Sierra Norte de Guadalajara y su biodiversidad. Los vecinos todavía guardan un recuerdo muy vivo de aquellas jornadas de rodaje que silenciaban los bares de todo el país. Su legado sigue presente no solo en la memoria colectiva, sino también en las rutas que recorren los senderistas cada fin de semana. Es imposible caminar por esta zona sin pensar en la pasión que el naturalista sentía por los lobos y los buitres.

Para quienes deseen explorar el entorno, la ruta de senderismo por la Hoz de Pelegrina es la opción más popular y accesible de la zona. Se trata de un recorrido circular de apenas cuatro kilómetros que discurre casi en su totalidad junto a la orilla del río Dulce. El sendero es muy sencillo, carece de grandes desniveles y es apto para realizarlo en familia, incluso con niños pequeños. Al inicio de la marcha, los caminantes pueden contemplar una de las mejores perspectivas del pueblo con el castillo al fondo. A medida que se avanza, el paisaje se vuelve más agreste, con formaciones rocosas de formas caprichosas esculpidas por la erosión del agua. Resulta habitual ver buitres leonados, alimoches y águilas sobrevolando los cortados del cañón, ofreciendo un espectáculo natural inigualable. El sonido del río y el frescor de la vegetación de ribera acompañan al visitante durante todo el trayecto. 

Uno de los hitos más emblemáticos de este recorrido es la conocida como caseta de Félix Rodríguez de la Fuente. Esta pequeña construcción de piedra era utilizada por el naturalista y su equipo para guardar el material de grabación y las herramientas de trabajo. Una placa conmemorativa recuerda hoy su función histórica, convirtiéndose en un punto de parada obligatoria para todos los nostálgicos de sus programas. El tramo que conduce hasta la caseta es un sendero fluvial muy cómodo, transitable incluso con carritos de bebé en condiciones normales. La ubicación estratégica de la cabaña permitía al equipo de filmación tener acceso rápido a los nidos de las aves rapaces que habitan las paredes. Al pasar frente a ella, es fácil imaginarlo preparando sus cámaras para captar la majestuosidad del vuelo del buitre o del águila. 

La cascada y el mirador

Siguiendo el cauce del río, los senderistas se encuentran con el desvío que conduce a la espectacular Cascada del Gollorio. Este salto de agua es un afluente del río Dulce que se desploma desde lo alto de los cortados, creando una imagen de gran fuerza visual. El acceso a la cascada es algo más exigente que el resto de la ruta principal, presentando riesgos de caídas si no se tiene precaución. En los meses de invierno, el entorno puede presentar secciones heladas y una vegetación cubierta de escarcha, ofreciendo un paisaje casi irreal. Es importante señalar que el caudal de la cascada es estacional, por lo que en épocas de sequía o verano puede encontrarse completamente seca. Sin embargo, cuando el río baja con fuerza, el estruendo del agua cayendo entre las rocas se convierte en el gran atractivo del barranco. Para llegar a este punto, a veces es necesario vadear el río utilizando piedras que asoman por la superficie, lo cual añade aventura. Es el punto más recóndito de la excursión, ideal para los que buscan dificultad.

Al finalizar la caminata por el valle, es imprescindible visitar en coche el mirador de Félix Rodríguez de la Fuente. Situado a pocos kilómetros del pueblo por la carretera hacia Torremocha, este balcón natural ofrece una de las vistas más famosas de España. El mirador fue construido en 1980 como un homenaje póstumo al querido naturalista. Desde esta altura, la grandiosidad de la hoz se despliega ante los ojos del visitante, permitiendo observar el meandro de Pelegrina en todo su esplendor. Es el lugar perfecto para utilizar prismáticos y observar de cerca el comportamiento de los buitres que anidan en las paredes opuestas. También es posible ver desde la lejanía la cascada del Gollorio, completando así la visión general del territorio explorado a pie. El atardecer tiñe las rocas de colores anaranjados, creando una atmósfera mágica que invita a la reflexión sobre el medio ambiente. Es, sin duda, el colofón perfecto para una jornada dedicada a descubrir los secretos naturales de Guadalajara.

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