El pequeño pueblo de piscinas naturales de aguas cristalinas e inmensos y rojizos campos de mimbre
Se ha consolidado como un destino imprescindible dentro de la serranía de Cuenca, ofreciendo un refugio de paz a orillas del río Escabas. Cañamares, pequeño municipio que apenas supera los cuatrocientos habitantes, es una suerte de puerta principal a un entorno natural de incalculable valor ecológico. Los viajeros que se acercan hasta esta joya de Castilla-La Mancha descubren una combinación única entre la tradición rural más auténtica y una naturaleza vibrante que invita a la desconexión. Rodeado por imponentes farallones rocosos y densos bosques de pinos, el pueblo se presenta como un oasis de frescura para el visitante. Es un lugar donde el tiempo parece detenerse mientras el susurro del agua marca el ritmo pausado de la vida de sus vecinos.
La belleza de su ubicación estratégica define un carácter propio que cautiva desde el primer momento a quienes lo visitan por primera vez. Sus paisajes no solo se contemplan, sino que se sienten a través de todos los sentidos, ofreciendo una experiencia rural completa y enriquecedora. Es, en definitiva, un rincón de la provincia de Cuenca que merece ser explorado con calma y sin prisas de ningún tipo. La historia de este encantador enclave conquense se remonta a la Baja Edad Media, cuando soldados riojanos decidieron asentarse en este valle fértil. Esta herencia histórica se mantiene viva hoy en día a través del hermanamiento de la localidad con San Millán de la Cogolla. El núcleo urbano conserva con orgullo la esencia de la arquitectura tradicional serrana, con calles estrechas que invitan al descanso. Entre su patrimonio arquitectónico más destacado brilla la iglesia parroquial de San Millán, una joya construida originalmente entre los siglos XVI y XVIII. Este templo de estilo renacentista cuenta con una impresionante bóveda en su presbiterio y altas columnas que sostienen un espacio lleno de historia.
Pero sin duda hablar de Cañamares es hablar del mimbre, pues este municipio es reconocido oficialmente como la capital nacional de esta fibra de origen natural. La importancia cultural y económica de este cultivo es tal que la localidad produce la inmensa mayoría de la materia prima de la zona. Los campos que rodean el pueblo se transforman en escenarios donde se desarrolla un saber ancestral que ha pasado de generación en generación. El arte de la cestería sigue vivo en las manos expertas que transforman las varas flexibles en hermosas piezas como cestos, cunas o baúles. Los visitantes pueden observar in situ todo el complejo proceso, desde el cultivo inicial hasta el secado cuidadoso en las tradicionales carboneras.
El del mimbre es un ciclo rítmico que define la economía local y proporciona una identidad única que diferencia a este pueblo de cualquier otro de nuestra geografía. Las balsas de agua donde se sumergen las varas para obtener el color deseado forman parte del paisaje cotidiano de los habitantes. Este oficio milenario no es solo un medio de vida, sino una forma de expresión artística que vincula el agua del río con el producto final. El paisaje de Cañamares ofrece un espectáculo visual inolvidable, especialmente cuando llegan los meses de otoño y los campos se tiñen de rojo. Este fenómeno crea los llamados “mares de mimbre”, donde las extensiones vegetales de tonos rojizos contrastan con la dureza de las rocas. La ruta del mimbre permite a los senderistas atravesar estos valles donde la suavidad de las plantas se encuentra con la firmeza de las sierras.
Es un entorno donde el agua actúa como el hilo invisible que vertebra toda la vida natural y la belleza del horizonte. El cambio de estaciones ofrece una paleta de colores que varía desde el verde intenso del verano hasta el ocre más profundo del invierno. Para los amantes de la fotografía, el momento de la recolección en noviembre supone una oportunidad única para capturar escenas de gran fuerza plástica. Los paseos por la orilla del Escabas revelan una sinfonía de reflejos donde el cielo se mezcla con los cultivos y la vegetación de ribera. Esta armonía natural convierte cada caminata en un descubrimiento constante de texturas y matices que solo la serranía de Cuenca puede ofrecer.
Piscinas y cascadas
El río Escabas es el alma de Cañamares, un murmullo constante que acompaña el silencio profundo de la naturaleza que rodea al municipio. Sus aguas cristalinas han modelado a lo largo del tiempo un cauce lleno de vida, creando hoces espectaculares y miradores de vértigo. El río no solo es el motor de los campos de mimbre, sino también el principal punto de encuentro para el ocio y el disfrute local. A su paso por el núcleo urbano, el Escabas regala rincones de singular belleza que son aprovechados tanto por vecinos como por viajeros incansables. La vegetación de ribera ofrece sombras naturales que mitigan el calor estival, creando microclimas perfectos para pasar una jornada al aire libre con la familia. Es un ecosistema equilibrado donde la pureza del agua garantiza la presencia de una biodiversidad rica y variada que deleita a los observadores atentos. Cada piscina natural y cada pequeña cascada, siempre de aguas cristalinas, contribuyen a la atmósfera de serenidad que define la experiencia de visitar este enclave tan privilegiado.
La playa de Cañamares es, sin ninguna duda, el gran atractivo turístico durante los meses de verano en toda la provincia conquense. Este remanso de agua creado por el río Escabas cuenta con una suave arena que recuerda a las playas del litoral levantino. Se trata de una playa fluvial perfectamente acondicionada que dispone de césped natural, chiringuito y cómodos accesos al agua mediante escaleras. Al ser una zona de aguas calmadas y poco profundas, resulta un destino ideal para que las familias con niños disfruten con seguridad. El agua transparente invita a la inmersión, ofreciendo una frescura inigualable que convierte a este oasis en el secreto mejor guardado de la zona. Es un lujo poder disfrutar de una experiencia costera en mitad de la montaña, rodeado de pinares y aire puro.
Para aquellos que buscan algo más que un baño relajante, el entorno de Cañamares ofrece una amplia gama de actividades de turismo activo. El río es el escenario perfecto para practicar deportes acuáticos como el kayak y el piragüismo en sus zonas de aguas tranquilas. Los más aventureros pueden adentrarse en el cercano estrecho de Priego para realizar barranquismo, escalada o desafiantes vías ferratas. El senderismo y las rutas en bicicleta son opciones muy populares gracias a la red de caminos que surcan la serranía. Por la noche, la ausencia de contaminación lumínica permite disfrutar de cielos estrellados únicos, ideales para la observación astronómica de alta calidad. La oferta de alojamiento es variada, destacando las cabañas rurales situadas a pocos metros de la playa, que ofrecen una experiencia inmersiva. Todo está diseñado para que el visitante pueda conectar con el medio ambiente de una forma respetuosa y emocionante al mismo tiempo.
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