Este es el laberíntico mercado de 400 tiendas y restaurantes donde puedes pedir sushi para desayunar
En el corazón palpitante de Tokio se alza Tsukiji, un enclave que trasciende su función comercial para convertirse en un santuario gastronómico de proporciones legendarias para cualquier viajero que tenga la suerte de conocerlo. Con raíces que se remontan al periodo Edo, cuando los pescadores de Osaka suministraban productos al Castillo de Edo, este lugar ha definido la dieta nipona durante siglos. Aunque el mercado actual se inauguró formalmente en 1935 tras el Gran Terremoto de Kanto, su espíritu comercial ha permanecido inalterable frente al paso del tiempo y las modernizaciones. Hoy en día, es reconocido mundialmente como la “cocina de Tokio”, un espacio donde la historia se entrelaza con cada captura fresca del mar.
Los visitantes son recibidos por una atmósfera cargada de tradición donde cada rincón cuenta una historia de esfuerzo y dedicación generacional. Es, sin duda alguna, un viaje sensorial que despierta los sentidos a través de una mezcla vibrante de colores, aromas y sonidos únicos. Sumergirse en sus calles es comprender una parte fundamental de la identidad cultural japonesa, reflejada en el respeto absoluto hacia los ingredientes marinos. Tsukiji no es simplemente un mercado de Japón, es un tapiz vivo donde la cultura culinaria de Japón se manifiesta en su máxima expresión diaria.
Al adentrarse en sus dominios, el visitante descubre un laberinto fascinante de aproximadamente 400 a 500 tiendas que se despliegan en pasillos estrechos y rebosantes de actividad. En este entramado, las cajas de productos frescos se alinean meticulosamente, mostrando hortalizas exóticas, cítricos brillantes y herramientas de cocina de precisión profesional. El ajetreo constante de los vendedores, sus bromas alegres y el murmullo de los compradores crean una sinfonía urbana que define el carácter único de este barrio. Caminar por estas calles similares a un laberinto permite encontrar desde pescado seco hasta cerámica artesanal, satisfaciendo tanto a chefs profesionales como a turistas curiosos.
De ahí que sea fácil perderse entre los puestos que ofrecen algas, especias japonesas y los famosos cuchillos para sushi que son codiciados por expertos mundiales. La densidad del mercado es tal que cada metro cuadrado parece albergar un tesoro culinario esperando ser descubierto por aquellos que se aventuran sin prisa. La experiencia de navegar por este bullicioso centro de delicias gastronómicas es una de las aventuras más inolvidables que ofrece la capital japonesa actualmente. A pesar de su complejidad estructural, el mercado mantiene un orden tradicional que permite a los locales realizar sus compras diarias con eficacia.
Una aclaración para cualquier viajero es entender la transformación que sufrió este espacio el 6 de octubre de 2018, cuando el mercado interior cerró sus puertas. Aquella sección mayorista, famosa por sus multitudinarias subastas de atún, se trasladó a las modernas instalaciones de Toyosu, a unos dos kilómetros de distancia. Sin embargo, el mercado exterior de Tsukiji ha permanecido en pleno funcionamiento, conservando toda la vitalidad y el encanto que lo hicieron mundialmente famoso. Este sector continúa siendo un tesoro de restaurantes y locales de sushi que no han perdido ni un ápice de su calidad o autenticidad tradicional.
De hecho el pescado que se sirve aquí se recibe diariamente desde Toyosu, garantizando que Tsukiji siga siendo uno de los mejores lugares para degustar marisco. La reubicación de la parte mayorista no ha silenciado el ajetreo de las calles de Tsukiji, que siguen atrayendo a multitudes hambrientas de experiencias genuinas. Los representantes del mercado han trabajado arduamente para preservar este centro como una ciudad de alimentos de gran tradición para las futuras generaciones. Por ello, visitar Tsukiji hoy sigue siendo una experiencia obligada que permite conectar con las raíces alimentarias más profundas del país nipón.
Para vivir la verdadera esencia de este paraíso culinario, es imperativo desafiar al reloj y llegar cuando el sol apenas comienza a iluminar la ciudad. El mercado abre sus puertas generalmente a las cinco de la mañana, y es precisamente en este horario madrugador cuando se encuentran los productos más frescos y exclusivos. Aquellos que madrugan no solo evitan las grandes multitudes que llegan más tarde, sino que también pueden presenciar el despertar de los puestos de comida, incluyendo el poder saborear un plato excepcional mientras los primeros rayos solares destacan los colores vibrantes del pescado expuesto en los mostradores de los vendedores. Muchos restaurantes cierran sus puertas temprano, alrededor del mediodía, por lo que la planificación es clave para no perderse nada. Visitarlo durante los días de semana suele ser más tranquilo que en los fines de semana, permitiendo una exploración mucho más pausada. Es importante recordar que el mercado suele cerrar los domingos y festivos nacionales, y algunos establecimientos también descansan los miércoles.
El ritual más emblemático de Tsukiji es, sin duda alguna, disfrutar de un festín de sushi para desayunar en cualquiera de sus renombrados establecimientos tradicionales. Los amantes del pescado pueden optar por un delicioso kaisendon, un cuenco de arroz cubierto con una mezcla vibrante de sashimi fresco y tierno. Hay locales en los que los chefs preparan el nigiri sushi con una meticulosidad fascinante justo delante de los ojos del comensal. Otros establecimientos más pequeños y acogedores ofrecen una experiencia de barra donde se come de pie, compartiendo espacio con otros entusiastas. La calidad del producto es tan alta que los sabores se sienten como una auténtica celebración del mar en cada bocado que se ingiere. Muchos de estos restaurantes operan bajo el concepto de omakase, permitiendo que el experto chef elija el mejor menú según la temporada. El contraste de sabores, desde el uni cremoso hasta el atún graso, convierte este desayuno en una experiencia sensorial que marca un antes y un después.
Más allá del sushi, el mercado exterior es un escaparate de comida callejera irresistible que ofrece opciones tanto dulces como saladas para todos los paladares. Una de las delicias locales más populares es la tamagoyaki, una tortilla dulce de estilo japonés servida caliente en un palillo, perfecta para picar. Los visitantes también deben buscar el taiyaki, un pastel con forma de pez relleno habitualmente de pasta de frijoles rojos o natillas suaves. Para quienes prefieren los sabores intensos, el takoyaki ofrece bolas de pulpo crujientes por fuera y pegajosas por dentro, bañadas en salsa picante. Las brochetas de mariscos a la parrilla, ahumadas y tiernas, son otro de los grandes atractivos que inundan el aire con sus irresistibles aromas. Incluso existen opciones para vegetarianos, como la tempura de verduras y el mochi, asegurando que nadie se quede sin probar algo delicioso.
Monumentos y vistas
La riqueza de la zona no se limita a la comida, pues Tsukiji alberga monumentos arquitectónicos que reflejan diversas influencias culturales a lo largo de su historia. Un punto imprescindible es el templo Tsukiji Hongan-ji, una construcción budista con un estilo inusual inspirado en la arquitectura hindú de la India. Este recinto sagrado no solo destaca por su exterior, sino que también cuenta con vidrieras coloridas y un órgano de tubos en su interior. Muy cerca se encuentra también la iglesia católica de San José, un vestigio de la influencia occidental tras la apertura comercial de Japón. Estos lugares ofrecen un respiro sereno y espiritual frente al enérgico ambiente comercial que domina las calles aledañas del mercado.
Otra opción sugerente es el jardín de la azotea del moderno complejo Tsukiji Uogashi, que brinda vistas espectaculares de Odaiba y la bahía de Tokio. Es posible incluso combinar la visita con un paseo por los Jardines Hamarikyu, un oasis de silencio en medio del caos urbano. La mezcla de templos antiguos y rascacielos futuristas en el horizonte crea un contraste visual que es característico de esta zona portuaria. Explorar estos sitios permite al viajero comprender mejor el contexto histórico del barrio más allá de su fama como mercado de pescado. En definitiva, el espíritu de Tsukiji reside en la profunda conexión entre los vendedores y su oficio, una herencia que se transmite de generación en generación en un mercado que es sinónimo de lo auténtico y lo vibrante del Tokio tradicional.
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