Fujiyoshida cancela su festival de cerezos tras verse desbordada por el comportamiento extremo de turistas extranjeros y pone en jaque una de sus citas más esperadas
El cerezo marca un momento concreto del año y no dura mucho abierto. En Japón, el festival de cerezos gira en torno a ese florecimiento breve que tiñe parques y templos de rosa y que cada primavera reúne a familias, amigos y visitantes bajo las ramas. Ese árbol no se valora solo por su aspecto, sino porque el florecimiento señala el cambio de estación y acompaña celebraciones al aire libre, comidas y fotografías que se repiten generación tras generación. Al mismo tiempo, cuando el turismo masificado entra en juego, esa imagen delicada puede quedar sometida a una presión que altera el ritmo normal de barrios enteros y obliga a replantear cómo se organiza la acogida de viajeros internacionales.
El Ayuntamiento de Fujiyoshida anunció que suprimía la cita para frenar el colapso en la zona
En ese escenario de afluencia creciente, las autoridades de la ciudad de Fujiyoshida han anunciado la cancelación del Festival de Cerezos en Flor del Parque Arakurayama Sengen por el impacto del sobreturismo en la vida diaria de los vecinos, según la agencia japonesa Kyodo.
El evento, que se celebraba desde hace aproximadamente una década en uno de los miradores más conocidos del monte Fuji, quedará fuera del calendario oficial esta primavera. El consistorio tomó la decisión tras recibir quejas por congestión, suciedad y comportamientos inapropiados que ponían en riesgo la convivencia y la seguridad.
El parque Arakurayama Sengen atraía cada año a una media de 200.000 personas, con picos superiores a 10.000 visitantes diarios en los días de mayor floración. Este año se esperaba un nuevo récord, impulsado por la debilidad del yen, que ha convertido a Japón en un destino más accesible para viajeros extranjeros, y por la difusión masiva de imágenes en redes sociales. En este sentido, la combinación de tipo de cambio favorable y fotografía viral ha llenado de visitantes un lugar con infraestructuras limitadas.
Las quejas de los residentes fueron en aumento por conductas que invadían su día a día
El alcalde de Fujiyoshida, Shigeru Horiuchi, explicó a medios locales que “el monte Fuji no es solo un atractivo turístico, es nuestro propio modo de vida”. En otra declaración añadió que “detrás de este paisaje tan hermoso se están viendo amenazadas la tranquilidad y la dignidad de nuestros vecinos”. Horiuchi lamentó el deterioro de la calidad de vida en el municipio y defendió que el bienestar de la población debía situarse por delante de la promoción del evento.
Las quejas vecinales se han acumulado en los últimos años. De acuerdo con el Straits Times, se registraron intrusiones en viviendas privadas para usar el baño y casos de personas que hacían sus necesidades en jardines particulares. También se denunciaron cruces peligrosos en calles con tráfico intenso, incumplimientos de semáforos y acumulación de basura en propiedades cercanas al parque.
Para colmo, los padres y vecinos alertaron de que las multitudes empujaban a los escolares fuera de las aceras cuando intentaban hacerse fotos con la pagoda Chureito y el monte Fuji al fondo.
Las autoridades mantendrán controles y tasas porque la avalancha no se limita a un solo punto
Aunque el festival no se celebrará, el Ayuntamiento asume que muchos viajeros acudirán igualmente durante la temporada de floración. Por eso desplegará guardias, instalará aseos portátiles y habilitará aparcamientos temporales para mitigar el impacto en abril. Se pedirá a los visitantes que utilicen transporte público, que eviten zonas residenciales y que no tomen fotografías no autorizadas. Aun así, se prevé que el mirador continúe saturado y que las colas para obtener la imagen más buscada superen las tres horas.
La presión turística, no obstante, no se limita a este municipio. El gobierno prefectural de Yamanashi, responsable de las actividades de senderismo en el monte Fuji, introdujo el verano pasado una tasa de acceso de 4.000 yenes, unos 24,70€, para quienes suben por cualquiera de las cuatro rutas principales en temporada alta. Además, ya existía un cupo diario de 4.000 personas en la ruta Yoshida, la más concurrida, junto con una contribución destinada a la limpieza del entorno declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.
En la cercana Fujikawaguchiko se adoptó otra medida llamativa. Las autoridades levantaron una valla de 20 metros de largo y 2,5 metros de alto, cubierta con malla negra, que bloqueaba la vista del monte Fuji desde un punto popular para selfis.
La barrera tuvo que desinstalarse en agosto ante la previsión de un tifón, y después no volvió a colocarse porque ya había reducido el número de visitantes, aunque el Ayuntamiento advirtió de que podría reinstalarla si regresan en grandes cantidades.
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