Su creador intentó ocultarlo, pero 'El Señor de los Anillos' contó con más mujeres guerreras de las que imaginas
Las críticas a El Señor de los Anillos han sido recurrentes en lo que se refiere a la escasa presencia de personajes femeninos. “En Tolkien, casi no hay mujeres, solo dos. Tres si cuentas a la araña, que es lo que yo hago”, declaró Margaret Atwood en 2015 durante su participación en la convención literaria Book Riot Live de Nueva York. No es la única escritora que ha criticado abiertamente al creador de la Tierra Media.
“Tolkien no puso ninguna mujer en sus libros salvo la maternal reina elfa Galadriel y la ambiciosa Éowyn que tuvo que aprender a no desear ser un héroe (aunque al menos le dio la oportunidad de ir a la batalla)”, llegó a decir la escritora de fantasía y ciencia ficción Marion Zimmer Bradley.
Al número reducido de mujeres en estos libros se suman otras cuestiones que también se han criticado, como el escaso papel narrativo que tienen personajes como Éowyn y Arwen en comparación a los protagonistas masculinos, o los arquetipos y clichés tradicionales que estas encarnan en las novelas.
Todo esto se trasladó a la gran pantalla cuando los libros se adaptaron en formato película. Aunque las versiones cinematográficas de Peter Jackson ampliaron ligeramente la presencia y el peso de algunos personajes femeninos, el relato siguió siendo principalmente masculino. Aunque hay un detalle de las películas que muchos fans no conocen y que tiene a cientos de mujeres como protagonistas.
El secreto está en los jinetes
En concreto, la película de la que hablamos es El Señor de los Anillos: Las dos torres (2002), la cual cuenta con una de las batallas más icónicas de la saga: la batalla del abismo de Helm en la que participan los Rohirrim, caballeros que viven en las tierras de Rohan. Aunque en pantalla parece que solo participan hombres, la realidad es que cientos de mujeres participaron como extras para dar vida a este ejército.
Los Rohirrim son conocidos por pelear a caballo, así que cuando llegó el momento de darles vida en la pantalla, el equipo de la película se dio cuenta de que necesitaban jinetes hábiles. “Hay muy buenas mujeres jinetes en Nueva Zelanda y habría sido estúpido no aprovecharlas”, explicaron el la versión extendida de Las dos torres, donde se reveló por primera vez esta cuestión.
El departamento de maquillaje entró entonces en acción, caracterizando a las mujeres para que tuvieran un aspecto masculino en el filme. Barbas postizas, pelucas y un vestuario completo de soldados ayudaron a camuflar la verdadera identidad de las jinetes reales que se escondían detrás de la batalla más épica de los Rohirrim.