El cuadro de Ana Bolena contra los bulos: un pintor lo reelaboró para dibujar sus manos y acabar con el mito de sus seis dedos
Isabel Tudor tuvo que lidiar con grandes detractores desde el momento en el que asumió el trono de Inglaterra, después de los fallecimientos de sus hermanos Eduardo VI y María I. La guerra abierta entre protestantes y católicos marcó, entre otras cuestiones, el reinado de la hija de Enrique VIII y Ana Bolena, la segunda mujer del Tudor.
El cuestionamiento vino por alinearse con los protestantes, pero también por la figura de su madre, a la que se acusó de brujería e incluso de tener seis dedos en sus manos. Unas afirmaciones que buscaban criminalizar la imagen de Ana Bolena y también debilitar la corona de Isabel Tudor. Unos rumores que siguieron una vez muerta la primera y con la segunda sentada ya en el trono.
Se escribieron todo tipo de publicaciones calumniosas, como la obra De origine ac progressu schismatis Anglicani del teólogo católico inglés Nicholas Sande, en la que se vilipendiaba su figura. Además, este aseguraba que “tenía un diente saliente bajo el labio superior y seis dedos en la mano derecha”. Teniendo en cuenta eso, de la unión entre Enrique VIII y Ana Bolena, solo podría resultar “esa cosa malvada”, aseguraba refiriéndose a Isabel I.
Los partidarios de la conocida como reina virgen se esmeraron por desmentir todos esos rumores. Y el arte fue una de las vías para cortar ese tipo de desinformación. Un ejemplo lo encontramos en Hever Rose Portrait, un famoso cuadro anónimo del siglo XVI, exhibido en el Castillo de Hever, hogar de infancia de Ana Bolena en Inglaterra.
Una reciente investigación científica ha revelado que este famoso retrato fue alterado deliberadamente durante su creación, dibujando las dos manos de la reina, donde se pueden contemplar cinco dedos en cada una de ellas.
Se ha llegado a esa conclusión aplicando reflectografía infrarroja en el Instituto Hamilton Kerr de la Universidad de Cambridge. Gracias a esta tecnología, se han descubierto el momento preciso en que un artista isabelino abandonó el diseño estandarizado utilizado habitualmente para representar a Ana Bolena y terminó por añadir estas extremidades, una decisión que los historiadores no creen que sea baladí.
Tirando por tierra el patrón B
A Ana Bolena se le solía representar siguiendo el patrón B. Se le retrata de busto hacia arriba, con un collar de perlas alrededor del cuello, rematado con la inicial de su apellido, y con las manos ocultas. El mejor ejemplo es quizás la imagen icónica de Ana, conservada en la National Portrait Gallery de Londres. Sin embargo, la investigación ha constatado que el autor del Hever Rose Portrait decidió desviarse de este patrón establecido al presentar las manos de Ana, que se muestran sujetando una rosa.
Los historiadores del Castillo de Hever creen ahora que el artista recibió instrucciones de reelaborar la imagen familiar específicamente para contrarrestar estos rumores, utilizando evidencia visual para refutar un mito perjudicial. Una decisión que, por extensión, buscaba defender la legitimidad de la hija de Ana, sostienen en un comunicado.
Esta nueva investigación viene a confirmar las sospechas de la historiadora Helene Harrison, la primera en hacer esta observación en su libro Las múltiples caras de Ana Bolena. “Dado que el retrato de la Rosa de Hever muestra las manos de Ana de forma tan prominente, me llamó la atención la posibilidad de que fuera una decisión muy deliberada incluirlas para contrarrestar las afirmaciones de Sander sobre que Ana tenía un sexto dedo”, señala.
Harrison asegura que es “sorprendente” descubrir que el análisis reciente del retrato respalda esa teoría, unas conclusiones que reavivan el interés por contemplar esta pintura, que se expone actualmente en el Castillo de Hever, ubicado al sureste de Londres.