Un descubrimiento en Tanzania revela un dato clave en la evolución: nuestros antepasados comían elefantes mucho antes de los que se pensaba
Un equipo de arqueólogos ha identificado en Tanzania una de las evidencias más antiguas de descuartizamiento de elefantes por parte de antepasados humanos. El hallazgo, realizado en la garganta de Olduvai, revela que los homininos consumían megafauna hace aproximadamente 1,8 millones de años, adelantando en cientos de miles de años la idea que se tenía anteriormente. Además, la investigación que se ha llevado a cabo aporta nuevas pistas sobre la evolución del cerebro humano y la organización social de los primeros grupos.
Los restos corresponden a un ejemplar de Elephas recki, una especie de elefante prehistórico que podía duplicar el tamaño de los elefantes africanos actuales. Los huesos fueron hallados junto a herramientas de piedra de tecnología Oldowan, lo que llevó a los investigadores a estudiar si los humanos habían intervenido en el procesamiento del animal. El yacimiento, conocido como EAK, contiene algunos de los restos más antiguos asociados a la evolución humana.
La forma de descuartizar al animal es humana
Tradicionalmente, los arqueólogos han buscado marcas de corte en los huesos como prueba directa de descuartizamiento. Sin embargo, en animales tan grandes esas señales son difíciles de detectar. Los investigadores explican que el signo más claro de descuartizamiento suele ser la marca de corte en el hueso, pero cuando se trata de elefantes la gruesa piel y la enorme masa muscular hacen que las herramientas que habían en esa época no siempre alcanzaran el hueso.
Ante esta dificultad, el equipo recurrió a la tafonomía espacial, una técnica que analiza la distribución de huesos y herramientas en el terreno, ya que cada persona o animal deja una huella distinta. Según el estudio, depredadores como leones o hienas dispersan los restos de forma característica, mientras que una intervención humana genera un patrón diferente, con concentración de herramientas y procesamiento intensivo.
El análisis mostró que la disposición de los restos en Olduvai correspondía a un procesamiento humano. Los científicos identificaron huesos largos fracturados en fresco, conocidos como “green breaks”, que indican que fueron rotos cuando aún conservaban tejidos. Este tipo de fracturas suele asociarse a la extracción de médula, una fuente rica en grasas y calorías.
Comer megafauna favorecía el crecimiento del cerebro humano
Los investigadores destacan que este tipo de comportamiento tiene implicaciones importantes para entender la evolución humana. El consumo de animales grandes habría proporcionado un aporte energético significativo. La denominada “hipótesis del tejido costoso” sostiene que el aumento del tamaño cerebral requirió una dieta con mayor contenido en proteínas y grasas, algo que grandes mamíferos como los elefantes podían ofrecer.
Además, procesar un elefante implicaba cooperación social. Descuartizar un animal de esas dimensiones requiere herramientas, coordinación y la defensa del cadáver frente a otros depredadores. Esto sugiere que los homininos, probablemente Homo erectus, ya vivían en grupos más grandes y organizados de lo que se pensaba para esa época.
El estudio también aporta información sobre el entorno. Los análisis del sedimento indican que la zona estaba pasando de un paisaje boscoso a una sabana más abierta. Los investigadores consideran que los primeros humanos se adaptaron a estos cambios ambientales ampliando su dieta y desarrollando nuevas estrategias de subsistencia.
El hallazgo se suma a otras evidencias de procesamiento de grandes animales, como por ejemplo hipopótamos. La repetición de estos comportamientos indica que los homininos no solo consumían megafauna de manera ocasional, sino que la incorporaron de forma sistemática a su dieta, y esta estrategia tuvo un papel clave en la evolución social y cognitiva de nuestros antepasados.