¿Qué ocurrió en el Evento de Extinción del Cuaternario para que el planeta perdiera a la mayoría de sus grandes mamíferos?
Un cambio de clima no siempre basta para explicar una desaparición masiva de animales. El evento de Extinción del Cuaternario alude a un episodio ocurrido al final del Pleistoceno que afectó sobre todo a grandes mamíferos y alteró ecosistemas enteros en distintos continentes. Se habla de él como un proceso repartido en varias regiones y en momentos distintos, no como un único cataclismo instantáneo, y por eso obliga a analizar migraciones, temperaturas y presión humana en cada territorio.
También plantea una cuestión de escala, porque no fue una de las cinco grandes crisis biológicas de la historia del planeta aunque sí transformó de manera drástica la fauna reciente. Ese desajuste entre magnitud global y carácter selectivo, centrado en animales de gran tamaño, exige una explicación concreta sobre qué ocurrió realmente en esos milenios finales del Pleistoceno.
Un episodio conocido en el ámbito científico como LQE o QME, es decir, Extinciones del Cuaternario tardío o Extinción de la Megafauna del Cuaternario, acabó hace unos 50.000 años con alrededor de la mitad de la megafauna y dos tercios de los grandes mamíferos en un lapso breve si se mide en términos geológicos.
De acuerdo con un extenso reportaje de La Brújula Verde, esa desaparición afectó a animales que superaban los 44 kilos y se produjo después de una larga etapa dominada por tundras y estepas frías. No fue una de las cinco grandes extinciones masivas anteriores, como la que cerró el Cretácico hace 66 millones de años, pero sí alteró de forma importante la fauna de Eurasia, América y Australia.
La pérdida de especies avanzó por regiones a ritmos distintos y dejó a África casi intacta
El proceso no se dio al mismo tiempo en todas partes y eso ha sido uno de los puntos importantes del debate. Comenzó en Asia tropical y Oceanía hace unos 50.000 o 45.000 años y luego avanzó por la Eurasia boreal en dos oleadas, una entre 45.000 y 20.000 años atrás y otra entre 14.000 y 9.000 años, cuando desaparecieron los últimos mamuts en Siberia y América del Norte. En Sudamérica la crisis llegó unos cinco siglos después que en Norteamérica, en paralelo al avance del Homo sapiens, y en islas como Japón, Madagascar, Nueva Zelanda o las Antillas se retrasó hasta milenios posteriores, siempre vinculada a la llegada humana. África fue la gran excepción, ya que de cerca de medio centenar de géneros solo se perdieron ocho.
Una de las explicaciones clásicas apuntó al aumento de temperaturas entre el 15.000 y el 10.000 a.C., cuando la media global subió unos seis grados y derritió extensas masas de hielo. Muchos mamíferos adaptados al frío, con capas densas de pelo, sufrieron un exceso de calor corporal y no lograron ajustarse en poco tiempo a nuevas condiciones.
Sin embargo, esa hipótesis climática ha recibido críticas porque hubo una treintena de ciclos glaciares anteriores sin provocar una caída semejante de especies y porque en algunos lugares insulares las extinciones llegaron mucho después, cuando el clima ya había cambiado. También se ha señalado que no se registraron pérdidas vegetales equivalentes y que los fósiles muestran una reducción en la edad de madurez sexual, un patrón más habitual en contextos de presión cinegética que en cambios térmicos.
La desaparición de herbívoros gigantes alteró el suelo y cambió los gases en la atmósfera
La salida de la última glaciación transformó los paisajes y modificó la química del suelo. Según La Brújula Verde, la ausencia de grandes herbívoros redujo de forma notable el metano atmosférico, ya que estos animales lo producían durante la digestión.
Un estudio de 2010 sobre la matanza de unos 30 millones de bisontes en el siglo XIX calculó una caída de 2,2 teragramos de metano al año, y un trabajo publicado en Science en 2006 estimó que en la transición al Holoceno se liberaron más de 5.000 tg. de carbono almacenados en el loess europeo y siberiano al descongelarse el suelo. La antigua estepa ártica donde vivían los mamuts dio paso a la tundra actual en amplias zonas de Asia.
Las cifras ayudan a entender la magnitud del fenómeno. Al final del Cuaternario desaparecieron 59 de los 71 géneros de grandes mamíferos en Sudamérica, 45 de 61 en Norteamérica, 24 de 46 en Asia, 23 de 24 en Australia y 21 de 37 en Europa, mientras que a escala global se calcula que se perdió alrededor del 65% de la megafauna y más del 80% en América y Australia.
Esa rapidez no alcanzó el ritmo de la crisis del Cretácico, causada por la coincidencia de una pluma mantélica en el Decán y el impacto de un meteorito, pero sí fue muy acelerada para los estándares geológicos.
La expansión de Homo sapiens se señaló como detonante de una presión letal sobre la fauna
La hipótesis de la caza intensiva, conocida como blitzkrieg, sostiene que la expansión del Homo sapiens desencadenó una presión sobre especies poco habituadas a ese depredador. En su libro Una breve historia de casi todo, Bill Bryson escribió que “en ese momento de nuestra historia, teníamos miles de años de práctica a la espalda en el tema de las eliminaciones irreversibles”.
El mismo autor añadió que “muchas extinciones megafaunísticas del Cuaternario Tardío ocurrieron por tanto en ausencia de cambios climáticos relevantes, pero rara vez, si es que hubo alguna, ocurrieron independientemente de la llegada del Homo sapiens”.
También se han propuesto factores como la competencia por el agua, el uso extensivo del fuego, la introducción de patógenos o el evento de Laschamp, un debilitamiento del campo magnético que incrementó la radiación ultravioleta.
Tras aquella crisis llegó la del Holoceno, considerada la sexta extinción masiva y asociada al Antropoceno, con una tasa actual de desaparición de especies entre 100 y 1000 veces superior al promedio natural.