El pan islandés que no se mete en un horno: se cocina enterrado con el calor de la tierra
Si pensamos en los alimentos que nunca pueden faltar en una mesa es más que probable que -entre la mayoría- nos venga el pan. La baguette, la hogaza, el naan o el bao; cada parte del mundo tiene su técnica y, al ser un alimento milenario, cada una de esas partes ha elaborado lo que hoy conocemos como “pan” con los ingredientes y métodos que tenían a su alcance.
Esto último resulta especialmente interesante en una isla europea en concreto. La energía geotérmica forma parte de la vida cotidiana en el sur de Islandia. Se utiliza para calentar viviendas, abastecer piscinas públicas, alimentar invernaderos y también para elaborar algunos alimentos tradicionales. Entre ellos destaca el pan de centeno que se cocina bajo tierra aprovechando el calor natural del subsuelo.
La página de Turismo de Islandia, en su artículo Geothermal Culture, señala que “desde hornear pan tradicional de centeno en la tierra en Laugarvatn hasta el cultivo de tomates durante todo el año en Friðheimar, el calor geotérmico está profundamente integrado en la cultura local, la gastronomía y la vida comunitaria”. Esta técnica tradicional se mantiene especialmente en lugares como Laugarvatn y Geysir, donde el calor geotérmico permite cocinar alimentos sin necesidad de utilizar hornos convencionales. El proceso aprovecha las altas temperaturas presentes bajo la superficie terrestre, una característica especialmente abundante en esta región del país.
Una cultura marcada por la energía geotérmica
Según narran en el mismo artículo, la actividad geotérmica no solo está presente en la cocina. El sur de Islandia es una de las zonas con mayor actividad geotérmica del país y esta fuente de energía ha condicionado la vida de sus habitantes durante siglos. Los visitantes pueden encontrar manantiales termales naturales, zonas de baño geotérmico, piscinas públicas climatizadas mediante energía geotérmica e incluso invernaderos donde se cultivan verduras durante todo el año gracias al calor procedente del subsuelo.
También existen espacios dedicados a explicar cómo funciona este recurso natural, como las instalaciones geotérmicas y exposiciones educativas que muestran el papel que desempeña esta energía en el abastecimiento de hogares y comunidades.
“Este es mi horno”
En un vídeo de YouTube de Alison Grasso, una documentalista cinematográfica que ganó el premio al mejor corto en el New York Food Film Festival 2016, muestra la vida de un aldeano de la localidad isalndesa de Laugarvatn. Acompañándolo a lo largo del municipio, la película arranca con un “este es mi horno” y el plano de una de las calderas volcánicas donde se cuece el pan. “Como probablemente sepas”, comenta el protagonista, “tenemos tres héisers en este poblado. Uno lo usamos para calentar las casas, otro para calentar las aguas termales del spa, y el último -un tanto más alejado- se usaba para los bautizos cristianos”.
Al llegar a los más de 100ºC, el aldeano muestra cómo deja el pan 24 horas antes enterrado bajo tierra y, al volver, el centeno se ha cocido dando lugar a una especie de hogaza más similar a un bizcocho que a un pan mediterráneo tradicional. La combinación de paisajes humeantes, aguas termales, producción agrícola y tradiciones culinarias convierte la energía geotérmica en algo visible en el día a día. En esta parte de Islandia no permanece oculta bajo tierra: forma parte del paisaje, de la gastronomía y de muchas de las actividades que definen la vida cotidiana de la región.
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