Los dinosaurios alcanzaron tamaños descomunales y la ciencia explica qué les impidió hacerse mucho más pequeños
La depredación puede cerrar el acceso a determinados nichos cuando un animal reduce demasiado su tamaño y queda expuesto a presiones ecológicas distintas. Los dinosaurios no avianos parecen haber encontrado un límite inferior que la fisiología, por sí sola, no consigue explicar, según un estudio publicado en Evolution. La investigación plantea que su tamaño mínimo pudo depender de factores ecológicos capaces de impedir que ciertas especies ocuparan los espacios reservados a los vertebrados diminutos.
Los restos fósiles ponen en duda la falta de dinosaurios diminutos
Roger Benson, conservador Macaulay de Paleobiología de Dinosaurios en el Museo Americano de Historia Natural, y Stephanie Lechki, investigadora posdoctoral de la Universidad de Princeton y autora principal del estudio, examinaron esa barrera mediante modelos matemáticos.
El equipo comprobó que el uso de energía y la reproducción permiten reproducir las distribuciones corporales observadas en mamíferos, aves y tortugas, aunque el método rindió peor con serpientes, lagartos y cocodrilos. En los dinosaurios, incluso al probar una amplia variedad de condiciones fisiológicas, las predicciones seguían situando tamaños menores que los conocidos.
La diferencia aparece con fuerza al comparar los extremos corporales, porque los mayores dinosaurios superaron las 80 toneladas y los menores no avianos rondaron 450 gramos. Esa cifra equivale aproximadamente al peso de un conejo grande y supera más de 200 veces los 1,75 gramos del colibrí abeja. La musaraña etrusca ronda 1,8 gramos, mientras el gecko enano llega apenas a 0,15 gramos. Además, cerca del 75% de las especies actuales de mamíferos y el 90% de las aves quedan por debajo de la masa de los dinosaurios no avianos más pequeños conocidos.
La biodiversidad actual refuerza la importancia de esa ausencia
La abundancia actual de cuerpos diminutos convierte esa ausencia fósil en una cuestión sobre la formación de la biodiversidad, ya que esos tamaños dominan numerosos linajes vivos. Lechki vincula esta diferencia con una pregunta más amplia sobre la evolución de los ecosistemas actuales y afirma que “los animales pequeños dominan los ecosistemas modernos”. Para la autora principal, comprender por qué faltaron dinosaurios minúsculos ayuda a reconstruir cómo aparecieron distribuciones corporales tan distintas entre grupos vertebrados.
Los huesos frágiles de los animales diminutos se conservan peor, pero los yacimientos con dinosaurios han preservado vertebrados mucho menores y reducen la fuerza de esa explicación. Mamíferos, lagartos y anfibios aparecen en depósitos donde faltan dinosaurios del tamaño de un ratón, por lo que Benson y Lechki consideran difícil atribuir el vacío únicamente al registro fósil. Si esos dinosaurios hubieran sido frecuentes, los investigadores esperarían encontrar al menos algunos restos junto a esa fauna pequeña.
Los mamíferos tempranos ofrecen entonces una posible pieza ecológica, porque ya ocupaban tamaños muy reducidos cuando los dinosaurios dominaban los cuerpos grandes. Benson recuerda que los dinosaurios habían limitado la evolución de mamíferos de gran tamaño antes de la extinción masiva del final del Cretácico. La relación pudo funcionar en la otra dirección para los nichos pequeños. El paleontólogo plantea que “los mamíferos, a su vez, impidieron que los dinosaurios evolucionaran hacia tamaños pequeños”.
El origen de ese límite evolutivo sigue sin resolverse
La ausencia de dinosaurios diminutos deja así una cuestión evolutiva abierta, porque sus antepasados podían ser pequeños y sus descendientes vivos alcanzan tamaños minúsculos. Benson señala que todavía falta determinar qué presión ecológica fijó aquella frontera y qué peso tuvieron la competencia, la depredación o la disponibilidad de nichos en cada linaje. Nuevos trabajos podrán comprobar hasta qué punto esos factores decidieron qué tamaños prosperaron y cuáles quedaron fuera de la historia evolutiva de los dinosaurios.
Las aves rompieron ese límite poco después de aparecer en el Cretácico temprano, cuando desarrollaron cuerpos menores que los alcanzados por cualquier otro grupo de dinosaurios. Los modelos tampoco atribuyen esa reducción rápida únicamente a la fisiología. Lechki relaciona el cambio con el vuelo activo, que abrió hábitats y formas de vida fuera del alcance de sus parientes terrestres. La investigadora considera que “la capacidad de volar pudo abrir formas de vida completamente nuevas”. Esa hipótesis convierte el origen del vuelo en un buen punto de partido para futuras pruebas sobre los límites ecológicos del tamaño corporal.