Todo empezó en el Pangeo: el oro acumulado impulsó imperios que crecieron gracias a su control

Héctor Farrés

26 de abril de 2026 13:35 h

0

Un animal marcó el camino y nadie lo detuvo hasta que se tumbó en un punto del terreno. Cadmo aparece en ese recorrido como un príncipe de origen fenicio que salió a buscar a su hermana Europa tras su desaparición y acabó siguiendo una señal que no tenía nada que ver con el encargo inicial.

Ese desvío da forma al relato porque el oráculo al que acudió le ordenó abandonar la búsqueda y seguir a una vaca hasta que el animal se detenga, señalando así el lugar donde levantar una ciudad.

Cadmo obedeció y, tras enfrentarse a un dragón que protegía una fuente de agua, sembró sus dientes en el suelo, de donde surgieron guerreros armados que se atacan entre ellos hasta quedar unos pocos supervivientes que le ayudaron a fundar Tebas.

Así se explica el origen de la ciudad: una orden divina marca el sitio, un combate limpia el terreno y una siembra extraña da lugar a hombres preparados para luchar. Aun así, la historia no se entiende del todo si no se tiene en cuenta que estos relatos también pueden estar ligados a intereses más concretos relacionados con ese territorio.

El subsuelo del norte griego impulsó guerras y alianzas

El Monte Pangeo en Grecia, tal y como recoge La Brújula Verde en un extenso reportaje, concentró grandes reservas de oro y plata que impulsaron economías, guerras y el ascenso de potencias como Macedonia, Atenas y Roma. Ese flujo de metales permitió pagar ejércitos, mantener alianzas y mantener campañas prolongadas en el tiempo.

Las rutas de extracción y transporte generaron una red que conectaba minas, asentamientos y centros de poder. El control de esas vetas no se limitaba a un recurso aislado, sino que marcaba quién podía aguantar una estructura militar amplia y quién quedaba fuera de ese juego.

Un rey macedonio aseguró riqueza y dominó Grecia

Filipo II de Macedonia tomó Anfípolis en el 357 a.C. y con esa operación aseguró el acceso a las minas del Pangeo, que empezaron a aportar un volumen de oro suficiente para financiar un ejército permanente bien equipado. Ese dinero permitió pagar tropas, negociar apoyos y someter a varias ciudades griegas que hasta entonces actuaban de forma independiente. A partir de ahí, Macedonia dejó de ser una potencia secundaria y pasó a dominar el panorama político griego.

Años después, Perseo de Macedonia intentó expulsar al príncipe tracio Abrúpolis de la zona, lo que provocó la reacción de Roma. Ese conflicto sirvió como motivo para iniciar la Tercera Guerra Macedónica, que terminó con la derrota de Perseo y la desaparición del reino macedonio, dejando el control de la región en manos romanas.

Pueblos tracios y colonos isleños explotaron el mineral antes

Antes de ese dominio macedonio, las tribus tracias ya trabajaban las minas del Pangeo. Grupos como los edones o los satras extraían metales del subsuelo como base de su economía. En el siglo VII a.C., habitantes de la isla de Thasos cruzaron hasta el continente y establecieron colonias con un objetivo claro, controlar esas explotaciones.

Crearon la Peraia de Thasos, un territorio que utilizaban como extensión económica de la isla. Heródoto describió en el siglo V a.C. un lugar llamado Skapte Hyle, que definía como minas situadas en el macizo del Pangeo, dejando constancia escrita de la importancia de esa zona.

Atenas utilizó esos recursos para financiar su poder naval

El Pangeo se sitúa en el norte de Grecia, entre los ríos Strymon y Nestos, y su altura máxima alcanza los 1956 metros. Aunque no destaca por su tamaño, el valor de su subsuelo lo convirtió en un punto estratégico. Para los antiguos, el nombre Pangaion no se limitaba a una sola montaña, sino que incluía varias cadenas cercanas como el Symvolon o el Lekanis. Ese territorio se percibía como un espacio duro, cargado de significado religioso y, sobre todo, como una fuente de riqueza que generaba disputas constantes.

Atenas también intervino en esa competencia. Tras una expedición liderada por Cimón en el 463 a.C., la ciudad pasó a controlar parte de las minas del Pangeo. Ese control permitió financiar su flota y acometer proyectos urbanos de gran tamaño. El metal extraído en esa zona, por lo tanto, se convirtió en una pieza importante dentro de su capacidad para mantener su hegemonía sobre otras ciudades del Egeo.

Los mitos cuentan que en el Pangeo pasaron historias ligadas a personajes como Licurgo u Orfeo, y también dicen que la riqueza de Cadmo salió de esas minas. En esos relatos, la montaña se presenta como un lugar donde se juntan lo religioso y lo material, con castigos, plegarias y metales que salen del mismo terreno.

Esa relación ayuda a entender por qué un fundador como Cadmo aparece unido a un sitio donde la tierra da metales y donde las historias hablan de cambios que afectan tanto a las personas como al propio lugar.

Estudios recientes revelan una actividad minera extensa y organizada

Las investigaciones modernas empezaron a mostrar el alcance real de esa actividad. En las décadas de 1950 y 1960 se localizaron yacimientos en la antigua Peraia de Thasos, y en los años 70 se analizaron depósitos en ríos cercanos. El eforado de Kavala encontró instalaciones mineras, restos de fundición y grandes acumulaciones de subproductos que evidencian un trabajo continuo durante siglos. Los estudios de Heinz-Josef Unger y Ewald Schütz, realizados entre 1976 y 1980, confirmaron la existencia de una actividad minera extensa en el Pangeo central y oriental.

Esos trabajos también identificaron túneles, pozos y zonas de procesamiento repartidas por toda la montaña, además de asentamientos en altura que indican presencia humana estable incluso en condiciones duras. Las vetas de cuarzo aurífero, las escombreras y los restos de metal procesado muestran una explotación organizada que abastecía a distintas regiones. El terreno conserva esas marcas y deja ver hasta qué punto el oro del Pangeo movía personas, recursos y decisiones que acabaron definiendo el destino de varios reinos.