El enigma de dos animales sagrados del antiguo Egipto encuentra una nueva respuesta gracias a la luz de la Luna
El chacal merodeaba por los cementerios, una conducta que ayudó a asociar su silueta con la protección funeraria y con el tránsito hacia la muerte. Los dioses egipcios adoptaron rasgos animales porque cada especie permitía expresar una capacidad reconocible.
Horus tomó forma de halcón por su dominio del cielo; Anubis, de chacal por su cercanía a las necrópolis; Bastet, de gata por su carácter protector; Hathor, de vaca por la maternidad; Sobek, de cocodrilo por la fuerza del Nilo; Sekhmet, de leona por la violencia guerrera; y Thot, de ibis o babuino sentado por su relación con la luna, la escritura y la sabiduría. Esta última doble representación planteaba un problema que las semejanzas anatómicas explicaban solo a medias.
Un estudio analizó la relación entre Thot y dos especies distintas
La cuestión ha recibido una respuesta en una investigación publicada en Time and Mind por Nathaniel J. Dominy, Catherine Hobaiter y otros especialistas de la Universidad de St Andrews y la Universidad de Dartmouth. El equipo comparó mediante espectroscopia la luz lunar con la que devolvían el plumaje del ibis sagrado y el pelo de dos especies de babuino. El análisis relacionó al ibis blanco y al babuino hamadryas de pelaje plateado con el mismo astro, mientras que el babuino oliva no mostró esa asociación.
La elección del babuino resultaba especialmente difícil de justificar porque el hamadryas no vivía de forma natural en Egipto y debía llegar desde regiones del este de África. Además, en buena parte del continente estos primates eran perseguidos por asaltar cultivos y competir por alimentos. El valle del Nilo les reservó otro trato: algunos fueron venerados, momificados y depositados en necrópolis como Saqqara, donde ciertos ejemplares recibieron nombre propio y enterramiento individual.
El ibis ofrecía desde hacía tiempo una explicación parcial gracias a varios rasgos que podían relacionarlo con el satélite terrestre. Su pico curvado recordaba al creciente lunar y sus plumas blancas y negras podían asociarse con los cambios de fase.
El babuino carecía de una semejanza formal equivalente, de modo que la comparación del color permitió estudiar una propiedad común que había pasado desapercibida en las interpretaciones centradas en la forma.
El color resolvió una duda que la anatomía no explicaba
Catherine Hobaiter, primatóloga de la Universidad de St Andrews y autora principal, señaló que los egipcios conocían varias especies de ibis, monos y babuinos, pero escogieron precisamente las de tonalidad blanca o plateada: “Los ibis sagrados y los babuinos hamadryas son diferentes en muchos aspectos, pero los une su color parecido al de la luna”. Esa selección reduce la posibilidad de una asociación arbitraria y apunta a una observación atenta del pelaje y del plumaje.
Los textos antiguos, además, atribuían a los babuinos reacciones ante las conjunciones lunares, durante las que podían dejar de comer o permanecer postrados. Observaciones modernas realizadas durante eclipses han registrado mayor vigilancia, agrupamiento, ansiedad y vocalizaciones. Estas conductas pudieron alimentar su asociación con Thot, dios creador del lenguaje, aunque la investigación concede especial énfasis a la propiedad lumínica medida en ambas especies.
Los autores relacionaron también el resultado con estudios lingüísticos que aproximan el nombre de Thot a una expresión norteafricana traducida como “cosa blanca” o “cosa brillante”. La coincidencia espectral da cabida al ibis y al babuino dentro de una misma lógica y explica por qué el babuino oliva, conocido asimismo por los egipcios, quedó apartado de la representación divina.
La comparación ayuda a entender el criterio empleado para elegir otros animales sagrados, ya que los egipcios asociaban cuerpos, hábitos y capacidades con funciones divinas. El halcón expresaba soberanía aérea; la leona, potencia destructora; la vaca, cuidado y fecundidad; el gato, protección; y el cocodrilo, la fuerza ligada al Nilo. En el caso de Thot, dos especies alejadas entre sí quedaron unidas por la luz que devolvían, una cualidad que permitía reconocer en ambas la presencia lunar atribuida al dios.