La historia de la estatua de bronce de 189 kilos de la entrada del puerto de Cádiz y que se ha hundido por culpa del viento
El mal tiempo de las últimas semanas ha hecho estragos, también, en el patrimonio de la ciudad de Cádiz. Y es que la imagen de la Virgen del Rosario, símbolo de protección marinera en la bahía de la capital gaditana, ha desaparecido de su pedestal debido al temporal. Los vientos de la borrasca Kristin, con rachas superiores a los 80 kilómetros por hora, arrancaron la efigie de su enclave en la bocana. La estatua presidía la Torre de La Galeona, antes llamado de Las Puercas, donde servía de bienvenida a los buques que acceden al puerto. La Autoridad Portuaria constató la ausencia de la talla tras el paso de las últimas borrascas que castigaron la costa. La caída al mar por los efectos del viento es la explicación técnica más probable actualmente.
La pieza desaparecida es una copia en bronce de 1,70 metros de altura y un peso aproximado de 189 kilos en su fundición. Esta réplica, de mayor tamaño que la original, fue entronizada como parte de una iniciativa de la Autoridad Portuaria y sectores locales. El diseño incluye detalles modelados que solo se aprecian de cerca, como las vestiduras del Niño, la corona y el propio rosario. Situada estratégicamente sobre el pedestal de la torre, la imagen formaba parte esencial del paisaje marítimo visible desde la Alameda de la ciudad de Cádiz. Su material fue elegido por la resistencia al salitre, aunque no pudo soportar el empuje lateral de los vientos huracanados recientes. De no ser encontrada en el fondo marino, existe el firme compromiso de realizar una nueva reproducción.
La devoción a esta advocación se remonta siglos atrás, cuando la imagen original se custodiaba en el convento de Santo Domingo. Se le otorgó el sobrenombre de La Galeona por ser la patrona de las flotas de galeones que unían Cádiz con América. Tradicionalmente, la Virgen era entregada al almirante de la flota y conducida solemnemente a la nao capitana para cada viaje. El prior del convento se encargaba de este ritual, obligando a los marinos a devolverla al finalizar la travesía oceánica. Esta conexión histórica la convirtió en la “Estrella de los Mares” y protectora oficial de los hombres que se aventuraban al Atlántico. Su presencia en el faro era un homenaje a esta tradición de acompañar a los barcos en sus rutas.
La historia de la talla actual está marcada por el incendio y los disturbios que sufrió la iglesia de Santo Domingo en 1931. Durante aquellos sucesos, la imagen original resultó gravemente dañada por el fuego, salvándose únicamente la cabeza de la Virgen y el Niño. En el año 1945, el escultor Juan Luis Vasallo llevó a cabo una reconstrucción minuciosa para recuperar el esplendor de la efigie. Como detalle simbólico, la nueva talla conserva en su interior restos de la madera quemada original en forma de tizón protector. Esta historia de supervivencia añade una carga emocional profunda a la devoción que los gaditanos sienten por su patrona marinera. La réplica de bronce ahora perdida fue inspirada precisamente por este modelo restaurado por Vasallo.
A lo largo de los siglos, se han atribuido a la Virgen del Rosario numerosas intervenciones milagrosas en momentos críticos para la ciudad. Los registros históricos destacan su papel durante las graves epidemias sufridas en los años 1681 y 1730 en la capital gaditana. Sin embargo, el hito más recordado ocurrió en 1755, tras el devastador terremoto de Lisboa, cuando el mar amenazaba con inundar Cádiz. Los ciudadanos corrieron al convento de Santo Domingo para que los frailes sacaran a la Virgen en procesión para frenar el oleaje. Ante la fuerza del mar, el fervor popular solicitó su protección, lo que derivó en su nombramiento como patrona y protectora de la ciudad. Este patronazgo fue ratificado oficialmente por la Santa Sede en 1867 bajo el pontificado de Pío IX.
El proyecto de colocar esta copia en la entrada del puerto nació de la colaboración entre la Autoridad Portuaria y el periodista Emilio López Mompell. Durante un pregón a la patrona, López Mompell planteó la idea de que una imagen de La Galeona vigilara permanentemente la bahía. El escultor Miguel Ángel Rodríguez fue el responsable de ejecutar la obra en bronce, trabajando bajo la supervisión de la familia Vasallo. Este esfuerzo conjunto buscaba que la ciudad no quedara desprotegida visualmente cuando la imagen original fuera trasladada para otros actos religiosos. Gracias a este plan, el Faro de las Puercas se transformó en la Torre de La Galeona, consolidando el cambio de nombre en 2008. La estatua se convirtió pronto en un icono de la fisionomía urbana y marítima de la capital.
Rescate o una nueva efigie
La tradición naval de La Galeona se mantiene viva hoy a través del buque escuela Juan Sebastián de Elcano. Una réplica de la imagen acompaña siempre a la tripulación en sus cruceros de instrucción y vueltas al mundo como embajadora. Recientemente, la Virgen embarcó en el buque para su 98º crucero, viaje que contó con la participación de la princesa Leonor. Este vínculo refuerza el papel de la Virgen del Rosario como protectora de los guardiamarinas y símbolo de la historia naval española. El paso del Elcano frente al Faro de las Puercas, saludando a la imagen de bronce, era un momento emblemático de cada salida. La pérdida de la estatua del faro interrumpe temporalmente este diálogo visual entre el buque y su patrona.
El uso de estas imágenes en el entorno portuario conecta con la milenaria historia de los mascarones de proa en la navegación. Antiguamente, los barcos llevaban figuras en sus proas para dotar a la nave de una identidad y buscar la protección de los dioses. En España, la tradición católica sustituyó las figuras mitológicas por santos y vírgenes para bendecir las travesías y ahuyentar los peligros. El mascarón representaba un talismán divino que otorgaba seguridad a la tripulación ante las tempestades y las vicisitudes de la mar. La estatua de la Virgen en la bocana del puerto actuaba, en esencia, como un gran mascarón protector para toda la bahía. Tras el incidente, la respuesta institucional y de varias entidades ha sido inmediata para intentar localizar la valiosa figura de bronce en los fondos del mar. Si el rescate no es posible, ya se planea fundir una nueva efigie a la brevedad.