El juego que fue ignorado durante años y acabó siendo todo un fenómeno global
Este cubo de colores es uno de los juegos que ha puesto y sigue poniendo a prueba la mente de miles de jugadores en todo el mundo, siendo un objeto que ha dado incontables horas de diversión, pero también de desesperación para los que lo han intentado completar
Hablamos efectivamente del famoso Cubo de Rubik que está de aniversario en cierta manera, porque fue un 29 de enero de 1975 cuando ErnÅ Rubik, su creador, solicitó la patente de este rompecabezas que ha traspasado generaciones y que sigue siendo uno de los más ingeniosos de toda la historia, a la vez que popular.
Cómo nació el Cubo de Rubik
Es uno de los juegos más famosos del mundo, pero su historia no es tan conocida, a pesar de que es de lo más interesante. El cubo de Rubik tiene su origen en un rompecabezas que ErnÅ Rubik, entonces profesor, creó con el objetivo de que sus alumnos comprendieran cómo funcionaba la geometría tridimensional.
Para construir su cubo, unió varios bloques de madera mediante gomas elásticas, lo que permitía que se movieran sin que la estructura completa se desmoronara. Con el tiempo, las gomas acabaron rompiéndose y Rubik se dio cuenta de la gran cantidad de combinaciones que se podían realizar.
El siguiente paso fue colocar papel adhesivo de diferentes colores en cada una de las seis caras del cubo y volver a girarlo. Rubik quedó fascinado por la enorme variedad de combinaciones cromáticas que se generaban, aunque también advirtió que no era posible regresar fácilmente al diseño original.
El complicado camino hasta que el Cubo de Rubik se hizo popular
Su creador, ErnÅ Rubik, nació el 13 de julio de 1944 y era hijo de un ingeniero aeronáutico, del que quería seguir sus pasos y por eso estudió Escultura en la Universidad Técnica de Budapest y posteriormente Arquitectura en la Academia de Artes Aplicadas y Diseño de la capital de Hungría. Desde joven, uno de sus pasatiempos favoritos fue la construcción de modelos geométricos, y fue gracias a ello que mientras ejercía como profesor de Arquitectura en la Facultad de Artes Aplicadas de Budapest, en 1974, ideó un cubo de colores que se convertiría en el Cubo de Rubik.
Tras solicitar la patente de su invento, Rubik presentó su idea a una pequeña cooperativa de Budapest dedicada a la fabricación de juguetes, y el cubo se comenzó a producir a pequeña escala. A finales de 1977, Rubik propuso la fabricación de su creación a Konsumex, la empresa estatal de comercio de Hungría, con la intención de introducir el producto en los mercados occidentales. Sin embargo, los responsables de la compañía afirmaron que el cubo no había despertado interés en las ferias internacionales. Lo que había sucedido, en realidad, es que nunca se realizó ninguna demostración del rompecabezas y que el “juguete” había quedado olvidado en una estantería.
La suerte cambió para el Cubo de Rubik cuando conoció a Tibor Laczi, un húngaro que trabajaba como vendedor para una empresa austríaca de ordenadores y que la primera impresión que generaba era la de un mendigo por su apariencia descuidada, pero era “un auténtico genio” en palabras del creador del juego.
Laczi le aseguró que podían vender millones de unidades y así fue como en 1979 lo llevó a la Feria del Juguete de Núremberg, en Alemania, donde conoció al experto juguetero británico Tom Kremer, que quedó impresionado por el rompecabezas y logró cerrar un acuerdo con la empresa estadounidense Ideal Toy Company para la compra y distribución de un millón de cubos. A partir de ese momento, el cubo comenzó a exhibirse en ferias de juguetes de Europa y Nueva York y se convirtió rápidamente en un éxito mundial. Entre los años 1980 y 1981 llegó a recibir el premio al Mejor Juego del Año en el Reino Unido, dentro de la categoría de mejor rompecabezas.