El miniejército de robots humanoides de China completan 64 horas sin parar y refuerzan su salto a fábricas y almacenes
Las bolsas de patatas han acabado convertidas en material de estudio para máquinas que aprenden a trabajar sin protestar por el turno. En un parque industrial de las afueras de Pekín, un brazo humanoide recoge un paquete de Lay's y lo coloca con cuidado en una estantería, dentro de un espacio preparado para reproducir tareas de supermercado.
La escena pertenece a uno de los 64 centros de recopilación de datos abiertos por autoridades locales chinas, mientras otros 20 siguen en construcción. Allí se recrean oficinas, comercios, líneas de montaje y viviendas para registrar cómo actúan las máquinas ante tareas físicas distintas.
China amplía su ventaja mediante inversión y capacidad industrial
Según Bloomberg, China instaló 300.000 robots durante 2024, frente a los 38.000 colocados en Estados Unidos, y esa diferencia explica por qué el país está volcando dinero y capacidad industrial en la inteligencia artificial en formato humanoide.
Los inversores han destinado este año al menos 100.000 millones de yuanes, unos 14.800 millones de dólares, una cantidad superior a la reunida durante los cinco años anteriores. Alibaba, Xiaomi y capital estatal participan en esa apuesta, que busca acumular grandes volúmenes de información obtenida fuera del laboratorio y convertirla en modelos capaces de operar en entornos de trabajo.
El Ministerio de Industria y Tecnología de la Información quiere que 10.000 humanoides estén desplegados en fábricas antes de que termine el año, una meta que traslada la competición desde los vídeos de exhibición hacia la producción industrial.
Unitree ha seguido ese camino con el modelo G1, conocido por sus movimientos de kung-fu, y ha prometido dedicar casi la mitad de los ingresos de su próxima salida a bolsa, valorada en 610 millones de dólares, al desarrollo de modelos de inteligencia artificial. La empresa prioriza así el aprendizaje de las máquinas frente a la fabricación de nuevas piezas.
La comparación con Estados Unidos ha alimentado una discusión sobre qué tipo de prueba ofrece información útil para el trabajo cotidiano. Figure AI difundió una retransmisión de 50 horas en la que sus humanoides clasificaron cerca de 60.000 paquetes sin errores, aunque varios desarrolladores chinos consideraron que las condiciones estaban demasiado controladas.
Ai Wen, director de proyecto en Agibot, resumió esa diferencia al explicar a Bloomberg que “la demostración de Figure sigue estando en un laboratorio”. Después añadió que “nuestro despliegue se realiza en una línea de producción real”, una valoración con la que defendió el valor de trabajar junto a empleados y maquinaria en funcionamiento.
Agibot prueba ocho G2 en una cadena activa
Agibot llevó esa idea a una planta de Longcheer Technology, donde ocho humanoides G2 trabajaron durante seis días consecutivos y acumularon más de 64 horas de actividad en una línea activa. Las máquinas participaron en el montaje y la inspección de 17.625 tabletas, además de completar 64.828 tareas relacionadas con la fabricación. La empresa comunicó una tasa de éxito del 99,99%, mientras la producción habitual continuó sin interrupciones y los empleados mantuvieron sus puestos dentro de la misma instalación.
Durante la prueba, los G2 revisaron dispositivos, apartaron unidades defectuosas, trasladaron materiales y actuaron en varias fases del proceso mientras ajustaban su comportamiento a cambios producidos en tiempo real. Toda la experiencia se retransmitió durante los seis días para mostrar el rendimiento de las máquinas fuera de un entorno preparado únicamente para exhibiciones.
Yao Maoqing, presidente de la división de IA encarnada de Agibot, explicó que el objetivo era demostrar cómo podían incorporarse a espacios industriales y exponer los problemas que aparecen cuando su uso se amplía.
La compañía aprovechó el ensayo para anunciar que había fabricado su robot número 15.000, entregado también a Longcheer Technology, después de ampliar su capacidad durante el último año y acortar los plazos necesarios para elevar la producción.
Las cifras oficiales todavía impiden medir la ventaja china
Ese avance sitúa a los humanoides como asistentes destinados a labores repetitivas o de apoyo, mientras las personas siguen ocupando el resto de funciones de la planta. La demostración tampoco plantea una sustitución inmediata de trabajadores, porque su propósito se centra en medir hasta dónde pueden asumir operaciones delimitadas dentro de una fábrica en marcha.
Las cifras de instalaciones y los objetivos oficiales todavía dejan una parte sin resolver, ya que Bloomberg no ofrece tasas de éxito para los 64 centros ni detalla cuántos de los 300.000 equipos instalados son humanoides y cuántos corresponden a brazos industriales fijos.
Su Hao, informático y fundador de un instituto en la Universidad Fudan de Shanghái, situó esa limitación al afirmar que “todo el mundo sigue en la línea de salida de la inteligencia física”. La ventaja china dependerá de que el volumen de datos acabe transformándose en máquinas capaces de trabajar con la misma fiabilidad fuera de pruebas controladas.