Día Mundial de las Ballenas: los 5 mejores lugares del mundo para hacer avistamiento de ballenas
Ver una ballena en libertad no es un espectáculo: es un encuentro. No hay focos, ni horarios cerrados, ni garantías absolutas. Hay mar, paciencia y la posibilidad —a veces mínima, a veces desbordante— de que uno de los animales más grandes que ha existido decida pasar por delante de ti. En el Día Mundial de las Ballenas, estos son cinco lugares del planeta donde ese encuentro no es una rareza, sino parte del pulso natural del territorio.
1. Península Valdés (Argentina)
Si hubiera que señalar un lugar donde las ballenas parecen haber firmado un contrato con la costa, sería este. Entre junio y diciembre, cientos de ballenas francas australes llegan a estas aguas tranquilas de la Patagonia para aparearse y parir. Lo hacen tan cerca de la orilla que, en ocasiones, basta con caminar por la playa para verlas.
Puerto Pirámides, el único núcleo habitado de la zona, es el punto de partida para salidas reguladas en barco en uno de los santuarios marinos más importantes del hemisferio sur.
2. Hermanus (Sudáfrica)
Hay pocos lugares en el mundo donde el avistamiento de ballenas no requiera subirse a un barco. Hermanus es uno de ellos. Entre julio y noviembre, las ballenas francas se acercan tanto a la costa que se ven desde los acantilados del pueblo.
Aquí existe incluso la figura del whale crier, una persona que avisa con un cuerno cuando las ballenas aparecen. No es folclore: es convivencia diaria con el océano.
3. Islas Azores (Portugal)
Las Azores son un cruce de caminos marinos. Gracias a su ubicación en mitad del Atlántico y a la influencia de la corriente del Golfo, por aquí pasan más de 20 especies de cetáceos a lo largo del año.
De primavera a otoño es posible ver ballenas azules, rorcuales, cachalotes y jorobadas, combinando observación desde el mar con los antiguos vigías en tierra, una tradición heredada de la época ballenera que hoy sirve para proteger, no cazar.
4. Bahía de Hervey (Australia)
Entre julio y octubre, esta bahía de aguas tranquilas se convierte en una especie de guardería natural de ballenas jorobadas. Aquí descansan, juegan y socializan durante su migración, lo que explica la frecuencia de saltos espectaculares y comportamientos visibles.
Es uno de los pocos lugares del mundo donde las ballenas no solo pasan, sino que se quedan.
5. Bahía Ballena (Costa Rica)
Pocos sitios pueden presumir de recibir ballenas dos veces al año. En esta bahía del Pacífico costarricense, las ballenas jorobadas llegan tanto desde el hemisferio norte como desde el sur para reproducirse.
De diciembre a abril y de julio a septiembre, este parque marino protegido se llena de vida: ballenas, delfines, mantas y tiburones conviven en uno de los ejemplos más claros de conservación activa en Centroamérica.
Ver ballenas no es turismo cualquiera
El avistamiento responsable implica distancias, silencio, motores apagados y tiempo. No siempre hay saltos ni fotos perfectas. A veces solo hay un soplo en el horizonte o una aleta que desaparece.
Y quizá por eso funciona: porque no es un espectáculo diseñado para nosotros, sino un privilegio que ocurre cuando el océano quiere.