Día Mundial de las Ballenas: orcas, jorobadas, azules y mucho más -todos los tipos de ballenas que existen-
Las ballenas no son solo gigantes del océano: son memoria viva del planeta. Llevan aquí millones de años, migran miles de kilómetros cada temporada y, aun así, seguimos sabiendo menos de ellas de lo que nos gustaría admitir. El Día Mundial de las Ballenas sirve para ordenar el mapa: qué tipos existen, cómo se clasifican y dónde pueden verse hoy sin convertir el mar en un parque temático.
Dos grandes familias (y nada más)
Aunque desde fuera parezcan infinitas, todas las ballenas del mundo se dividen en dos grupos. No hay trampa.
Ballenas barbadas (misticetos)
Son las que filtran alimento con barbas en lugar de dientes. Se alimentan de kril, pequeños peces y plancton. Aquí están las más conocidas:
- Ballena azul, el animal más grande que ha existido jamás.
- Ballena jorobada, famosa por sus saltos y sus cantos.
- Rorcual común, sei y minke, más discretas, pero omnipresentes.
- Ballenas francas, lentas, masivas y tristemente perseguidas hasta casi desaparecer.
Ballenas dentadas (odontocetos)
Cazan con dientes y suelen ser más sociales e inteligentes.
- Cachalote, el mayor depredador con dientes del planeta y protagonista de Moby Dick.
- Orca, que en realidad es un delfín gigante y uno de los cazadores más sofisticados del océano.
- Beluga, blanca, expresiva y muy vocal.
- Zifios, narvales y otros cetáceos menos conocidos, pero igual de fascinantes.
Las estrellas del océano, una a una
- Ballena jorobada: viaja cada año desde zonas polares hasta aguas tropicales para reproducirse. Puede recorrer más de 15.000 kilómetros en una sola migración.
- Ballena azul: hasta 30 metros de longitud y cerca de 90 toneladas. Su sola lengua pesa como un elefante.
- Ballenas francas: reciben su nombre porque los balleneros las consideraban “las adecuadas” para cazar. Hoy son las más amenazadas.
- Cachalote: desciende a más de 2.000 metros de profundidad para cazar calamares gigantes.
- Orca: no hay dos iguales. Cada grupo tiene su propia cultura, técnicas de caza y vocalizaciones.
- Beluga: vive en aguas árticas y puede mover la musculatura facial, algo rarísimo en ballenas.
Dónde ver ballenas en libertad (y cuándo)
El avistamiento responsable no depende de la casualidad, sino de saber elegir bien el momento del año. En Noruega, por ejemplo, los meses de noviembre a enero son ideales para observar orcas, cachalotes y ballenas jorobadas que acuden siguiendo los bancos de arenques en aguas frías del norte.
En Hawái, el gran espectáculo comienza en diciembre y se prolonga hasta abril. Es uno de los principales santuarios mundiales de la ballena jorobada, y febrero suele ser el mes más intenso en cuanto a presencia y actividad.
Sudáfrica ofrece otra experiencia singular. Entre julio y noviembre llegan las ballenas francas australes, mientras que las jorobadas pueden verse durante buena parte del año. En lugares como Hermanus, incluso es posible contemplarlas desde tierra firme.
En Canadá, la temporada fuerte se concentra entre junio y octubre, especialmente en la costa oriental. En ese periodo coinciden ballenas azules, belugas, orcas y distintos rorcuales.
Las Azores, en pleno Atlántico, funcionan como uno de los grandes corredores de cetáceos del planeta. Entre marzo y junio pueden llegar a avistarse hasta 30 especies distintas en tránsito hacia sus zonas de alimentación.
En Baja California, en México, la protagonista es la ballena gris, visible sobre todo de febrero a abril. Es famosa por su comportamiento sorprendentemente cercano y curioso hacia las embarcaciones.
Por último, Nueva Zelanda, especialmente en Kaikoura y el golfo de Hauraki, permite observar ballenas casi durante todo el año, incluidas orcas y ballenas de Bryde, en un entorno natural privilegiado.
Gigantes que aún nos observan
Las ballenas sobreviven a colisiones con barcos, redes, ruido submarino y un océano cada vez más caliente. Y aun así siguen migrando, cantando y reproduciéndose. Entender cuántas son, cómo viven y dónde están no es solo fascinación científica: es una forma de protección.
El Día Mundial de las Ballenas no va de idealizarlas. Va de asumir que el océano todavía guarda gigantes… y que conservarlos es, en el fondo, una prueba de hasta qué punto hemos aprendido algo como especie.
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