Dragón pide una última oportunidad: el perro al que abandonaron atado y enfermo sigue buscando una familia
A Dragón lo han tratado como un juguete roto. A este mastín lo abandonaron de la peor forma, dejándolo atado a la puerta de las instalaciones del Refugio - Escuela Marlene, una organización dedicada al rescate, los cuidados y adopción de perros abandonados o maltratados en Sevilla. Todo en pleno mes de enero de 2022, con temperaturas frías propias del invierno.
El peludo sabía lo que había pasado, pero sí mostraba molestias en la parte de atrás de su cuerpo. Las quejas del perro tenían un motivo de peso: al tiempo, los voluntarios se dieron cuenta de que Dragón sufría displasia de cadera, una enfermedad que provoca un dolor intenso, especialmente en su zona trasera y que puede llegar a limitar la movilidad en la fase más avanzada.
“Al poco de llegar, descubrimos que padecía displasia de cadera, una dolencia que le provocaba mucho dolor”, explica el personal de esta organización andaluza a través de sus redes sociales, una herramienta que utilizan para que perros como Dragón no caigan en el olvido. No quieren que el peludo se vuelva más invisible de lo que, por desgracia, ya es.
Tras comprobar que Dragón padecía displasia de cadera, el personal de Refugio - Escuela Marlene se puso en marcha. Desde entonces, el can necesita medicación, que toma religiosamente. El tratamiento farmacológico junto con los cuidados que recibe le han ayudado enormemente y ha logrado mejorar “considerablemente”.
Dragón no pierde la esperanza
Dragón ha tenido que soportar el abandono y el dolor de una enfermedad sin tratamiento. Y eso no le ha quitado las ganas de seguir adelante, aunque lleve años esperando una oportunidad en el refugio. “No ha perdido su nobleza ni sus ganas de disfrutar de las pequeñas cosas”, celebran sus cuidadores.
No busca conflictos ni necesita grandes cosas para ser feliz. Lo definen como un perro dulce, cariñoso y “tremendamente tranquilo”. Pese a sus problemas en la cadera, le encanta salir al patio, pasear a su ritmo, jugar un ratito con otros peludos y regresar tranquilamente a su parcela. Con los humanos no tiene problema, aunque no le gusta que le manipulen la cadera. “Simplemente es su manera de protegerse de algo que durante años le ha causado dolor”, añaden.
Los voluntarios saben que su caso es complicado: tiene seis años, su tamaño es grande y requiere de cuidados especiales por la displasia. Eso requiere compromiso y ciertos sacrificios, algo que no todo el mundo está dispuesto a hacer por un can. Pese a todo, desde el Refugio - Escuela Marlene no se dan por vencidos: “No perdemos la esperanza de encontrar a esa persona que mire más allá de sus dificultades y descubra al maravilloso compañero que es”.
Los interesados en la adopción de Dragón tiene que escribir a la organización a través de un correo electrónico o también se pueden poner en contacto con ella rellenando el formulario que aparece en su página web.
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