Un estudio revela que los escorpiones endurecen sus pinzas con metal para cazar y defenderse
Una mandíbula que aguanta cientos de mordiscos, un aguijón que no se rompe al atravesar una presa o unas patas capaces de sujetarse a una roca mojada resolvieron la misma necesidad básica en miles de especies. Casi todos los animales desarrollaron alguna herramienta física para seguir vivos, aunque esa herramienta no siempre parezca un arma en el sentido habitual.
Los cuernos, los dientes, las pinzas o los picos sirven para cazar, defenderse, cavar o impedir que otro animal ocupe el mismo espacio. También existe otra diferencia menos evidente. Algunas especies dependen de la fuerza bruta y otras necesitan piezas más resistentes al desgaste, porque un fallo pequeño puede impedirles alimentarse o escapar. Esa presión llevó a muchos animales a modificar partes muy concretas de su cuerpo durante millones de años, hasta crear estructuras que funcionan con una precisión difícil de apreciar a simple vista.
Unos científicos hallaron metales dentro de varios escorpiones
Un grupo de investigadores encontró ahora una de esas adaptaciones en los escorpiones. El trabajo, recogido por Gizmodo y publicado en Journal of the Royal Society Interface, analizó 18 especies y detectó concentraciones de zinc, hierro y manganeso en sus pinzas y aguijones.
Los científicos comprobaron que esos metales no aparecen repartidos al azar, sino en las partes que más sufren durante la caza o la defensa. Sam Campbell, investigador de la Universidad de Queensland, explicó a Gizmodo que “este estudio destaca que el enriquecimiento metálico se ha diversificado mucho según la forma en que cada especie evolucionó para usar sus pinzas y aguijones”.
Para averiguar cómo se distribuían esos materiales, el equipo acudió a ejemplares conservados en el Smithsonian National Museum of Natural History. Después separaron las pinzas y los aguijones de los animales y los estudiaron con microscopios electrónicos y técnicas de rayos X. Los análisis generaron mapas químicos donde cada metal aparecía marcado con colores distintos.
Edward Vicenzi, científico del Smithsonian Museum Conservation Institute, afirmó que “los métodos microscópicos permitieron identificar metales individuales con un nivel de detalle extremadamente alto”. Los investigadores observaron que el zinc aparecía concentrado en la punta de muchos aguijones, mientras el manganeso ocupaba zonas situadas más abajo.
Los escorpiones utilizaron ataques distintos según cada especie
Los escorpiones comparten una forma corporal parecida, pero no todos atacan igual. Algunas especies usan pinzas grandes para aplastar a sus presas y reservan el aguijón para situaciones defensivas o para animales difíciles de inmovilizar. Otras tienen pinzas estrechas y dependen mucho más del veneno.
El estudio detectó una relación clara entre ambas estrategias. Los ejemplares con más zinc en las pinzas solían tener menos zinc en el aguijón, mientras los que reforzaban el aguijón acumulaban menos metal en las pinzas.
Hannah Wood, entomóloga del Smithsonian National Museum of Natural History, explicó a Gizmodo que el análisis tuvo en cuenta las relaciones evolutivas entre especies y no comparó a los animales como si cada grupo hubiera evolucionado por separado.
El resultado más llamativo apareció en las pinzas menos potentes. Los investigadores esperaban encontrar más zinc en las especies capaces de triturar con más fuerza, pero ocurrió lo contrario. Las mayores concentraciones aparecieron en pinzas estrechas y relativamente débiles. Campbell señaló que “esto apunta a una función del zinc más relacionada con la durabilidad”.
Una pinza pequeña puede necesitar más resistencia al desgaste porque debe sujetar a la presa durante más tiempo antes de que llegue el aguijón. Yael Politi, científica especializada en biomateriales de la Dresden University of Technology, comentó a Science que esos metales probablemente compensan la fragilidad estructural de ciertas partes del cuerpo.
Otros artrópodos también incorporaron minerales dentro de sus armas
Los escorpiones no son los únicos artrópodos que utilizan este sistema. El estudio recuerda que los colmillos de algunas arañas, los aguijones de abejas y avispas o las mandíbulas de ciertas hormigas también contienen metales. En todos esos casos, el objetivo parece parecido.
El animal necesita una pieza ligera, afilada y resistente, capaz de soportar golpes repetidos sin fracturarse. Campbell añadió a Gizmodo que todavía no está claro si todos esos grupos heredaron ese rasgo de un antepasado común o si cada línea evolutiva llegó a soluciones parecidas de forma independiente.
La investigación abrió además varias preguntas nuevas. Los científicos quieren averiguar si los escorpiones obtienen esos metales a través de la dieta o si el terreno donde viven cambia la cantidad que pueden acumular. También queda por estudiar si los machos y las hembras presentan diferencias y cómo evolucionan esas estructuras durante el crecimiento. Campbell recordó a Gizmodo que el trabajo solo analizó 18 especies y añadió que “existen cerca de 3.000 especies de escorpiones y probablemente todas presentan enriquecimiento metálico”.
Los mapas químicos mostraron además límites muy marcados dentro de cada arma. En el aguijón, el zinc aparecía en la punta curva que atraviesa a la presa, mientras el manganeso ocupaba otra franja separada por una línea clara. En las pinzas, el metal se concentraba en los pequeños dientes del borde cortante.
Algunas especies utilizaban zinc y otras reunían zinc e hierro en la misma zona. Esa distribución ayuda a entender por qué los escorpiones mantuvieron una forma reconocible durante más de 400 millones de años. Gran parte de sus cambios no ocurrió en el exterior del cuerpo, sino en detalles microscópicos que siguen evitando que sus armas fallen.