Ni raparlos ni meterlos en agua helada: estos son algunos errores que pueden poner en peligro a tu mascota durante una ola de calor

Las altas temperaturas del verano, que están siendo especialmente considerables este año en gran parte del país, también pueden convertirse en un riesgo para los animales de compañía. Rapar a una mascota, dejarla dentro de un vehículo o hacerle hacer ejercicio intenso sin preparación previa son algunos de los errores que pueden favorecer un golpe de calor, según advierte Yasmina Domínguez, responsable de la Comisión Ejecutiva del Consejo Andaluz de Colegios Oficiales de Veterinarios y presidenta del Colegio de Veterinarios de Almería.

No todos los animales presentan el mismo riesgo, por eso Domínguez señala como especialmente vulnerables a los perros de razas braquicéfalas, como los carlinos o los bulldogs franceses, porque “no consiguen ventilar eficientemente y el jadeo no es tan eficaz como en un animal que tiene el hocico más largo”. La propia temperatura corporal de los animales también dificulta su termorregulación cuando el calor es extremo.

Una de las prácticas sobre las que pone el foco la veterinaria es rapar a los animales pensando que así estarán más frescos. El resultado puede ser precisamente el contrario. “El pelaje denso actúa como aislante térmico protector, ya que entre la piel y ese pelo hay una cámara de aire que les refresca la piel y al raparlo lo dejamos totalmente desnudo”, explica Domínguez en una entrevista para Europa Press. La especialista lo compara con acudir a la playa completamente rapados y sin utilizar una gorra para proteger la cabeza.

Ni coches cerrados ni paseos a pleno sol

Mucho más peligroso resulta dejar al animal dentro de un vehículo, incluso aunque sea durante un periodo aparentemente corto. Domínguez insiste en que no existe un tiempo máximo durante el cual esta práctica pueda considerarse segura y señala que la temperatura dentro del coche puede incrementarse “alrededor de 0,7 grados por minuto”, provocando golpes de calor de extrema gravedad.

El ejercicio es otro factor que debe tenerse en cuenta. La veterinaria pone como ejemplo a los propietarios que durante el invierno apenas pasean unas calles con sus mascotas y, con la llegada del verano, pretenden llevarlas a realizar excursiones de decenas de kilómetros por la montaña sin entrenamiento previo. Su recomendación es adaptar la actividad a las capacidades del animal y cambiar los horarios, evitando especialmente las horas centrales del día donde el sol es más pesado.

Por otro lado, el asfalto y las aceras pueden alcanzar temperaturas capaces de provocar abrasiones y lesiones en las almohadillas. Para evitarlo, Domínguez recomienda comprobar previamente con la mano la superficie por la que caminará la mascota y escoger recorridos y horarios en los que el suelo no esté excesivamente caliente.

¿Qué hacer ante un golpe de calor?

Algunos errores aparecen precisamente cuando el animal ya está sufriendo un golpe de calor. Sumergirlo directamente en agua helada o rodearlo de elementos congelados no es una solución adecuada, según la especialista. Una reducción demasiado brusca de la temperatura puede resultar “casi más o igual de perjudicial que el mismo golpe de calor”.

La solución debe ser progresiva. Domínguez recomienda colocar al animal tumbado a la sombra, ofrecerle agua fresca y mojar zonas como las axilas y las ingles, donde no tiene pelo. También pueden emplearse métodos suaves para favorecer el enfriamiento, como utilizar un ventilador o darle aire con un abanico. Además, aconseja disponer siempre del teléfono de un veterinario de urgencias al que poder recurrir.

Pese a estos riesgos, Domínguez considera que los propietarios están cada vez más concienciados e informados. Aunque los veterinarios no disponen de estadísticas específicas sobre golpes de calor en animales de compañía equivalentes a las existentes en medicina humana, la percepción entre los profesionales es que los casos han disminuido respecto a años anteriores.

La veterinaria insiste también en la importancia de comprender las necesidades propias de cada animal. Tener una mascota implica asumir una responsabilidad durante toda su vida y respetar sus condiciones naturales. Una obligación que cobra especial importancia durante los episodios de calor extremo, cuando decisiones aparentemente destinadas a refrescar o entretener al animal pueden terminar poniendo en riesgo su vida.