Los perros no solo reconocen nuestra alegría, también distinguen el miedo, la ira y la tristeza

Uno de los perros que participaron en el estudio sobre observar imágenes de rostros humanos

Àlex Gonzàlez

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Quienes conviven con un perro probablemente hayan tenido alguna vez la sensación de que su mascota sabe perfectamente cuándo están contentos, enfadados o preocupados. Ahora, una investigación científica arroja más luz sobre esta capacidad. Los perros domésticos pueden distinguir diferentes expresiones faciales humanas y no se limitan a identificar si un rostro transmite algo positivo o negativo. Su cerebro diferencia incluso entre emociones como el miedo, la ira y la tristeza.

El estudio, liderado por investigadores de la Universidad de Viena y publicado en la revista científica iScience, analizó mediante dos experimentos qué ocurre en el cerebro de los perros cuando observan diferentes expresiones humanas. Para ello, los científicos realizaron escáneres a un grupo de animales mientras contemplaban fotografías de rostros de personas desconocidas.

Los investigadores se centraron inicialmente en la felicidad, una expresión que trabajos anteriores ya habían señalado como especialmente relevante para los perros. Durante esta primera prueba, los animales observaron fotografías de personas que mostraban expresiones felices o neutras, mientras los científicos registraban las regiones de su cerebro que se activaban ante cada una.

Aunque no es novedad, los resultados mostraron una respuesta significativa ante la alegría. Los rostros felices activaron la corteza temporal y el núcleo caudado, dos regiones relacionadas, respectivamente, con el procesamiento cognitivo superior y con el procesamiento de recompensas. Para Laura Cuaya, una de las autoras de la investigación, estos resultados sugieren que los rostros humanos felices “pueden tener un significado emocional para los perros”.

No todas las emociones negativas son iguales

El siguiente paso consistió en comprobar si estas regiones reaccionaban de una forma similar ante otras emociones. Los científicos mostraron entonces a los perros imágenes con expresiones de felicidad, ira, miedo y tristeza y analizaron posteriormente la actividad de sus cerebros mediante técnicas de aprendizaje automático.

La respuesta volvió a ser muy clara con la felicidad. La red formada por la corteza temporal y el núcleo caudado reaccionaba específicamente ante las expresiones de alegría. Pero el análisis del cerebro completo reveló además patrones de actividad diferentes ante el miedo, la ira y la tristeza, siendo la primera prueba tangible de que los perros pueden diferenciar expresiones faciales negativas concretas, y que por lo tanto, su cerebro no se limita a diferenciar solo entre señales positivas y negativas. La capacidad para captar pequeños detalles en los rostros humanos convierte a los perros en animales especialmente interesantes para estudiar cómo se ha desarrollado su relación con nuestra especie.

Los perros saben detectar y diferencias las emociones de los humanos

Raúl Hernández-Pérez, autor principal del estudio, señala que analizar sus cerebros puede ayudar a comprender qué adaptaciones han desarrollado los perros para sustentar su notable capacidad de comprensión social y emocional de los humanos. Una habilidad que puede ser muy relevante teniendo en cuenta los miles de años de convivencia entre ambas especies.

En la vida real tienen mucha más información

Los investigadores introducen, sin embargo, una distinción importante: reconocer diferentes expresiones no significa que los perros experimenten esas emociones exactamente de la misma manera que los seres humanos. Además, los experimentos se realizaron utilizando fotografías estáticas, mientras que una interacción cotidiana proporciona al animal muchas más pistas.

En situaciones reales, los perros no observan solo nuestra cara. También interpretan el lenguaje corporal, los matices de la voz y la información que reciben mediante el olfato, elementos que pueden ayudarles a construir una imagen mucho más completa de nuestro estado.

En este caso, los animales participantes eran mascotas procedentes de hogares afectuosos, por lo que los científicos advierten de que perros que viven en la calle y se desarrollan en contextos sociales diferentes podrían interpretar las señales humanas de otra manera. El equipo pretende ahora investigar cómo integran todas estas señales para comprender a las personas que los rodean y comparar cómo los cerebros de perros y humanos procesan una misma información emocional.

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