Ocho años aprendiendo de mamá: así transmiten las orangutanes sus conocimientos a sus crías

Las crías de los orangutanes alcanzan la independencia a los 8 años y medio

Àlex Gonzàlez

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Las crías de orangután tienen por delante un largo aprendizaje antes de poder desenvolverse solas por la selva. Están junto a sus madres durante más de ocho años, un periodo de tiempo en el que deben adquirir las habilidades necesarias para sobrevivir. Ahora, una investigación ha comprobado que durante esa etapa combinan la observación de otros individuos con su propia exploración, aunque el aprendizaje social desempeña un papel especialmente importante.

El estudio, realizado por investigadores del Instituto Max Planck de Alemania y la Universidad de Saint Andrews de Reino Unido, y publicado en la revista Science, analizó el desarrollo de 21 orangutanes salvajes desde su nacimiento hasta alcanzar la independencia, aproximadamente a los 8,5 años. Para ello, los científicos utilizaron alrededor de 4.700 horas de observaciones realizadas en Sumatra.

Los investigadores estudiaron tres comportamientos fundamentales. Por un lado, observaron cuándo las crías miraban atentamente a sus madres u otros orangutanes cercanos, una conducta considerada un indicador de aprendizaje social. También cuándo exploraban elementos de su entorno por sí mismas y, finalmente, qué alimentos conseguían consumir sin ayuda de sus madres, una señal de que ya habían adquirido las competencias necesarias para alimentarse.

Una dieta con casi 250 alimentos

Aprender qué se puede comer es uno de los principales desafíos de los orangutanes más pequeños. La dieta de un adulto puede estar formada por cerca de 250 alimentos diferentes, seleccionados entre miles de posibilidades disponibles en la selva tropical. Algunas pueden ser potencialmente tóxicas y otras requieren técnicas concretas para poder consumirlas.

Las crías tienen que descubrir no solo qué alimentos son seguros, sino también cómo procesarlos y cuándo y dónde encontrarlos. En determinadas ocasiones incluso deben aprender a utilizar herramientas sencillas. “Aprender únicamente a través de la exploración individual puede ser arriesgado para un orangután sin experiencia, especialmente para los inmaduros que aún están creciendo y no pueden permitirse perder oportunidades de alimentarse”, explicó Revathe Thillaikumar, investigadora del Instituto Max Planck y una de las autoras del trabajo.

Las crías de orangután adquieren gran parte de su conocimiento al observar a su madre

Precisamente por ello, observar a individuos experimentados, especialmente a la madre, supone una importante ventaja. El estudio constató grandes diferencias entre unas crías y otras en sus tendencias de aprendizaje, pero encontró un patrón común: los orangutanes jóvenes recurrían de media al aprendizaje social unas cinco veces más que al aprendizaje individual.

Observar primero y explorar después

Sin embargo, observar a la madre no significa renunciar a experimentar. Los científicos comprobaron que ambos mecanismos están estrechamente relacionados. Una situación de aprendizaje social podía desencadenar posteriormente un periodo de exploración individual de hasta dos horas y media, durante el cual la cría investigaba por su cuenta aquello que había observado previamente.

Los resultados muestran además que esta combinación tiene consecuencias a largo plazo. Los orangutanes que presentaban niveles elevados tanto de aprendizaje social como de exploración individual acababan desarrollando los repertorios alimentarios más amplios al alcanzar la independencia. Por el contrario, aquellos con niveles bajos en ambas formas de aprendizaje terminaban con dietas considerablemente menos variadas.

La diferencia podía llegar a ser de hasta tres veces entre los individuos situados en los extremos de ambos estilos de aprendizaje. Además, un elevado nivel de aprendizaje social podía compensar parcialmente una menor exploración individual, lo que refuerza la importancia que tiene la transmisión de conocimientos durante la infancia.

Los investigadores consideran que estos resultados permiten comprender mejor hasta qué punto el desarrollo de los grandes simios depende de mecanismos culturales. Los orangutanes pasan sus primeros ocho o nueve años en asociación constante con sus madres, un periodo especialmente relevante en una especie cuyos adultos llevan una vida mucho más solitaria.

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