Ni solitarios ni antisociales: un estudio demuestra que los tiburones toro se relacionan con sus familiares

La imagen de los grandes tiburones como depredadores que recorren los océanos en completa soledad podría estar mitificada, en cierta manera. Un nuevo estudio ha demostrado que los tiburones toro mantienen relaciones sociales y tienen una probabilidad ligeramente mayor de relacionarse con ejemplares de su propia familia. El descubrimiento aporta una nueva perspectiva sobre el comportamiento de estos animales y ademas, es la primera vez que se identifica este tipo de vínculo en una población adulta de tiburones.

La investigación ha sido realizada por científicos de las universidades de Exeter y Lancaster, en Reino Unido, junto al Laboratorio de Tiburones de Fiyi, y sus resultados han sido publicados en la revista científica Ecology and Evolution. Para llegar a sus conclusiones, el equipo combinó información genética con seis años de observaciones realizadas en la Reserva Marina Shark Reef, en Fiyi, donde se reúnen regularmente ejemplares adultos de tiburón toro.

Los resultados muestran que la mayoría de los animales que coinciden en esta zona no están estrechamente emparentados. Sin embargo, cuando existe algún vínculo familiar, aumenta ligeramente la posibilidad de que los individuos decidan permanecer cerca o interactuar entre ellos. Los investigadores han acuñado el término 'kinfluence', que puede traducirse como “influencia del parentesco”, para definir el efecto que tienen estas relaciones familiares sobre la estructura y el comportamiento social de los tiburones.

Son mucho más sociales de lo que se pensaba

“A menudo se considera que los tiburones grandes son solitarios, pero nuestra investigación ha demostrado que los tiburones toro eligen activamente a sus compañeros sociales”, explica Natasha D. Marosi, investigadora de la Universidad de Exeter y fundadora del Laboratorio de Tiburones de Fiyi. Estudios anteriores ya habían identificado el sexo, la edad y el tamaño como factores que condicionan estas relaciones. Ahora, el parentesco se suma a la lista.

Para analizar su comportamiento, los científicos estudiaron las relaciones entre los tiburones de dos maneras. Por una parte, midieron las asociaciones basadas en la proximidad, considerando que dos ejemplares estaban juntos cuando se encontraban a una distancia máxima equivalente a la longitud de un cuerpo. Por otra, observaron interacciones dirigidas como nadar en paralelo, adoptar una formación de líder y seguidor o unirse activamente a otro tiburón para desplazarse de manera sincronizada.

Los vínculos familiares parecen contribuir a ambos tipos de relaciones y el efecto resulta especialmente visible entre parejas de tiburones machos. “Descubrir que algunos de estos grandes depredadores optan por socializar con sus parientes es realmente emocionante. Es algo nunca antes encontrado en una población adulta de tiburones”, destaca Marosi.

¿Cómo reconocen a sus familiares?

Una de las cuestiones que plantea el descubrimiento es cómo pueden saber los tiburones que están emparentados. Los investigadores consideran que el reconocimiento podría comenzar durante las primeras etapas de su vida. Hermanos, medio hermanos y primos pueden pasar sus años de formación compartiendo los mismos ríos y estuarios, lo que podría permitirles aprender a identificarse antes de alcanzar la edad adulta.

La teoría evolutiva sostiene, además, que favorecer a individuos emparentados puede resultar beneficioso porque ayuda indirectamente a que los genes compartidos lleguen a las siguientes generaciones. Sin embargo, determinar hasta qué punto las relaciones familiares condicionan la sociedad de los tiburones toro sigue siendo complicado. Muchos ejemplares jóvenes mueren en los hábitats fluviales y costeros, principalmente debido a la pesca ilegal, por lo que pocos miembros de una misma familia alcanzan la edad adulta.

El descubrimiento refuerza así una imagen de los tiburones bastante más compleja que la tradicional. Los ejemplares adultos no solo coinciden de manera casual o fortuita, sino que pueden seleccionar a sus compañeros y establecer relaciones condicionadas, entre otros factores, por el parentesco. “Los resultados son fascinantes, especialmente porque los tiburones todavía son percibidos en general como animales temibles y solitarios”, señala Andrew Griffiths, de la Universidad de Exeter.