Durante siglos se le imaginó gobernando desde las profundidades del mar, empuñando su tridente y provocando temblores en la tierra cada vez que se irritaba. Neptuno no era solo una figura del mito; era una presencia constante en los pueblos que vivían junto al agua, un nombre que se invocaba con respeto y con miedo.
Su arma, de tres puntas, se convirtió en una imagen poderosa que trascendió la leyenda. Esa imagen ha dejado de ser solo un símbolo. Un pescador de Turquía ha sacado del fondo de un lago una pieza de metal que podría estar vinculada directamente con aquella figura antigua.
Los indicios apuntan a una pieza antigua que pudo tener un papel ceremonial
Fue Osman Erim, vecino de Göllüce, quien lo encontró por casualidad una mañana de abril, mientras faenaba en el lago İznik junto a varios amigos. Tras lanzar las redes en busca de pescado, notó que entre los peces había un objeto extraño y pesado. No tardó en identificar que se trataba de una lanza de tres puntas. La entregó a las autoridades sin dudarlo, convencido de que podía tener valor histórico.
Desde entonces, la pieza se encuentra bajo custodia del Museo de İznik, donde los investigadores trabajan para determinar su origen. Aunque todavía no se ha completado el análisis, los primeros indicios apuntan a que podría datar del periodo romano. La forma, el desgaste y la oxidación encajan con lo que se esperaría de un arma antigua sumergida durante siglos.
La vinculación con Neptuno ha surgido de manera inevitable. İznik, conocida en la antigüedad como Nicea, fue un enclave estratégico dentro del Imperio romano, con acceso a rutas comerciales y rodeada de agua. No sería extraño que en torno al lago se realizasen ofrendas o ceremonias vinculadas a divinidades acuáticas.
La relación entre el tridente y los cultos antiguos no es nueva. En diversas culturas del entorno mediterráneo, las figuras marinas eran representadas con este tipo de armas. Las fuentes clásicas describen al dios como un ser capaz de hacer surgir manantiales, provocar tormentas o hundir ciudades enteras con un solo golpe de su arma. La iconografía del tridente, por tanto, no era solo decorativa: tenía una función religiosa y simbólica.
La historia del lago İznik vuelve a emerger con fuerza desde el fondo
Aunque es improbable que se trate de un objeto ritual directamente vinculado al culto del dios Neptuno, el hallazgo ha reavivado el interés por los vestigios sumergidos en İznik. Ya en 2014, el descubrimiento de una basílica del siglo IV en el fondo del lago reveló la riqueza histórica que yace bajo sus aguas. Aquel templo, dedicado a San Neófito, confirmó que la zona había sido un punto relevante desde la antigüedad tanto para el Imperio como para el cristianismo primitivo.
A falta de resultados definitivos, el objeto hallado por Erim es, por ahora, una pieza más de ese rompecabezas. Los arqueólogos no descartan que pertenezca a un armamento romano, tal vez perdido durante un combate o lanzado como parte de una ceremonia. Tampoco descartan que se trate de una herramienta adaptada con fines simbólicos.
Lo cierto es que la imagen del tridente sigue proyectando una imagen poderosa, no solo por su forma, sino por todo lo que representa. Sea como arma, símbolo o vestigio de un culto desaparecido, el metal hallado bajo las aguas vuelve a poner sobre la mesa la conexión entre historia, mito y territorio. Y aunque el verdadero Neptuno solo exista en los textos antiguos, su figura parece seguir muy presente en lugares como İznik.