Un 'prototipo' anterior a Stonehenge pone contra las cuerdas la historia tradicional del monumento más famoso de Reino Unido

Los hallazgos apuntaron a reuniones de carácter religioso

Héctor Farrés

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Unas fosas excavadas cerca de Stonehenge han abierto una nueva pista sobre el origen de uno de los monumentos más estudiados de Europa. El hallazgo ha situado a los arqueólogos ante una estructura levantada unos 500 años antes que el famoso círculo de piedras y ha reforzado la idea de que la observación del Sol ya ocupaba un lugar principal en esa zona del sur de Inglaterra. El enclave se encuentra en Bulford, a unos cinco kilómetros del monumento megalítico.

Ambos enclaves compartieron celebraciones ligadas a los solsticios

La investigación apunta a que ambos lugares estuvieron vinculados por tradiciones compartidas relacionadas con los solsticios. Esa posibilidad ha ganado fuerza tras años de análisis realizados por Wessex Archaeology, que presentó los resultados coincidiendo con las fechas en las que Stonehenge vuelve a atraer a miles de visitantes para contemplar el amanecer del verano.

Matt Leivers, director de investigación de Wessex Archaeology, considera que la cercanía geográfica y cronológica acerca a las comunidades que ocuparon ambos espacios. Según explicó, resulta “inconcebible, dada la coincidencia de fechas, que las personas que estuvieron en Bulford y en Stonehenge durante su primera fase no se conocieran”. Esa valoración parte de una cronología que sitúa las dos construcciones dentro de una misma etapa cultural, aunque una de ellas sea anterior.

La arqueología reconstruyó una historia con pocos vestigios

La excavación estuvo dirigida por el arqueólogo Phil Harding, una figura muy conocida en el Reino Unido por su participación en el programa televisivo Time Team. Los trabajos se desarrollaron entre 2015 y 2017, después de que el terreno quedara libre para la construcción de viviendas militares. Sin embargo, la publicación de las conclusiones se retrasó porque los especialistas necesitaban revisar cada indicio antes de determinar la función del lugar y comprobar si la orientación respondía realmente a un patrón astronómico.

Una prueba sencilla orientó el estudio hacia el cielo

Cuando examinó las cavidades, Harding detectó una disposición que le llamó la atención y decidió comprobarla de una forma muy sencilla. El arqueólogo relató que “tomé mi lápiz y mi regla, las uní y me di cuenta de que apuntaban en la dirección general del amanecer en el solsticio de verano”. A partir de esa observación inicial, los estudios posteriores reforzaron la hipótesis de que los postes marcaban fenómenos solares asociados al verano y al invierno.

Las fosas también aportaron información sobre las actividades desarrolladas allí. En su interior aparecieron fragmentos de cerámica, restos óseos de animales y carbón vegetal, elementos que sugieren encuentros colectivos celebrados en periodos breves. Los investigadores creen que aquellas reuniones tenían un componente religioso ligado al culto solar. Además, una de las cavidades contenía un cuchillo con forma poco habitual que pudo depositarse como ofrenda relacionada con el astro.

Del conjunto apenas quedan las dos fosas donde habrían estado colocados los postes de madera, separados por unos 120 metros. Pese a la escasez de restos conservados, los especialistas consideran que esa estructura representa una versión temprana del sistema que más tarde alcanzó una expresión monumental en Stonehenge.

Harding destacó la importancia del hallazgo al afirmar que “nuestro conocimiento sobre esta antigua proeza astronómica se basaba en Stonehenge y otros monumentos de una época similar, pero lo que hemos descubierto en Bulford es 500 años anterior a las famosas piedras que tan bien conocemos”.

Stonehenge mantiene abiertas varias interpretaciones sobre su función

Stonehenge sigue siendo uno de los grandes enigmas de la prehistoria británica. Situado a unos 130 kilómetros al oeste de Londres, forma parte del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde 1986. English Heritage recoge interpretaciones muy diversas sobre su función, entre ellas la posibilidad de que actuara como centro ceremonial o como espacio vinculado a la observación celeste.

Cada 21 de junio, el monumento vuelve a llenarse de personas que observan la salida del Sol, una costumbre que, según Harding, ya tenía precedentes en aquella colina de Bulford hace unos 5.000 años.

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