La Reforma de Enrique VIII no borró todos los rastros: seis páginas de un libro católico reaparecen siglos después

Una obra religiosa escrita en inglés hacia 1409 podía circular con la bendición de la Iglesia y acabar convertida en un libro peligroso para sus propietarios. Nicholas Love había adaptado un relato latino sobre la vida de Jesucristo, conocido como El espejo de la vida bendita de Jesucristo, para acercar sus enseñanzas a personas que desconocían esa lengua. El arzobispo Thomas Arundel autorizó el texto, que alcanzó una amplia difusión. William Caxton lo llevó a la imprenta en 1486 y hoy sobreviven alrededor de 65 ejemplares. La Reforma inglesa puso fin a su publicación, aunque algunos volúmenes siguieron pasando de unas manos a otras.

Uno de esos ejemplares acaba de recuperar una parte de su historia gracias a Katie Walter, investigadora de la Universidad de Sussex, y James Wade, investigador de Girton College, en Cambridge. Ambos han identificado seis páginas guardadas en el archivo The Keep, en Brighton, que pertenecían al manuscrito Takamiya MS 20 de la Universidad de Yale. El hallazgo, publicado en la revista Notes and Queries, ha permitido reunir digitalmente las hojas y el volumen, separados desde mucho antes de que llegaran a sus actuales instituciones.

Las disputas religiosas ayudan a explicar la trayectoria del libro

El recorrido de aquellas hojas explica por qué tardaron tanto en ser reconocidas como parte del libro. Se habían desprendido antes de una nueva encuadernación realizada en el siglo XIX y terminaron entre los documentos conservados por la familia Gage. En 1929, sus descendientes depositaron 46 cajas en la Sussex Archaeological Society, pero el inventario de una de ellas omitía las seis páginas. Los documentos pasaron al East Sussex Record Office en 1982 y llegaron a The Keep en 2013. Durante esos sucesivos traslados, las seis páginas siguieron sin una descripción archivística que permitiera relacionarlas con el libro del que se habían desprendido.

La historia de ese extravío adquiere otra dimensión al examinar las disputas religiosas que afectaron al contenido del libro. A comienzos del siglo XV, los lolardos cuestionaban la autoridad del papa y de los sacerdotes, al tiempo que reclamaban mayor acceso a las Escrituras en inglés. Las leyes contra la herejía podían castigarlos incluso con la hoguera. La obra de Love defendía posiciones católicas aceptadas entonces, incluida la presencia real de Cristo en la eucaristía y la confesión oral ante un sacerdote. Bajo Enrique VIII, esas enseñanzas quedaron sometidas a una presión creciente.

Precisamente uno de los pasajes dedicados a la confesión ayudó a reconstruir la identidad de las páginas desaparecidas. Walter y Wade compararon la escritura y el contenido del fragmento de Brighton con una laguna del ejemplar digitalizado de Yale. Ambos elementos coincidían, y las hojas correspondían al tramo inmediatamente anterior a la defensa de esa práctica religiosa. La primera página conservada contiene el comienzo del capítulo 34, dedicado a la resurrección de Lázaro. La comparación permitió, de esta manera, establecer la pertenencia de las hojas al mismo manuscrito medieval.

La Reforma dispersó libros que algunos funcionarios católicos conservaron

La trayectoria religiosa del volumen también puede rastrearse mediante las firmas conservadas entre sus páginas y las de antiguos propietarios. Al final aparece la de sir John Gage, cortesano de Enrique VIII que mantuvo su fe católica durante la Reforma. Entre los nombres anteriores figuran dos mujeres religiosas, circunstancia que, según explicó Walter a la BBC, podría indicar una estancia del libro en una comunidad monástica. Wade contempla tanto su salida de una biblioteca conventual como su circulación por redes privadas. Ninguna de esas posibilidades permite establecer cómo llegó exactamente a Gage.

El manuscrito principal siguió después una ruta diferente de la que habían recorrido las seis hojas conservadas en Sussex. En 1976, el coleccionista japonés Toshiyuki Takamiya lo adquirió en una subasta de Christie's, dentro de una venta de bienes de un descendiente de Gage, el vizconde Gage de Firle. El volumen permaneció fuera del archivo familiar y acabó incorporándose en 2017 a la Biblioteca Beinecke de Yale. Esa separación explica que la identificación exigiera comparar fondos custodiados por instituciones distintas.

La presencia de la firma de Gage adquiere importancia por las tareas que desempeñó al servicio de la Corona. Desde 1536 participó en la disolución de monasterios y supervisó actuaciones en Surrey, Kent y Sussex, donde se inventariaban propiedades religiosas y se organizaba su transferencia o venta. Aquellas operaciones desmantelaron bibliotecas y dispersaron libros católicos, precisamente el tipo de obras que el funcionario seguía valorando por sus creencias personales. La investigación documenta que conservó uno de esos manuscritos, aunque no determina en qué circunstancias lo obtuvo. “Lo fundamental es que lo mantuvo a salvo cuando se suponía que debía destruir precisamente libros como este”, insiste Wade.