Los fantasmas en la cabeza de Azcón
Goya, nuestro paisano de Fuendetodos, nos dejó grabada una advertencia que sigue vigente dos siglos después: el sueño de la razón produce monstruos. Cuando uno deja de mirar la realidad, la cabeza se le llena de criaturas que revolotean en la oscuridad. Al presidente Azcón le pasa algo parecido. Lleva años durmiendo con los mismos fantasmas: un Pedro Sánchez malvado que todo se lo da a catalanes y vascos, y un Aragón olvidado al que nunca le llega nada. Es un discurso cómodo: sirve para tapar la nula gestión propia y para tener siempre a mano un culpable. El problema es que, cada vez que se enciende la luz de los datos, los fantasmas se esfuman.
El último ejemplo es la nueva planificación eléctrica con horizonte 2030. Tras analizar más de 2.500 alegaciones, el Ministerio para la Transición Ecológica ha presentado una propuesta que no deja lugar a dudas: Aragón es la comunidad que más capacidad recibe de toda España. 8 GW de demanda adicional, 10 nuevas subestaciones, 957 kilómetros de nuevas líneas y la repotenciación de otros 1.189 kilómetros. Con la red existente y la prevista, Aragón podrá multiplicar por ocho su demanda eléctrica actual.
Pongamos esas cifras al lado del fantasma. Aragón concentra casi el 17% de toda la nueva capacidad, cuando somos en torno al 3% de la población y del PIB. Aquí se habilita un 30% más que en Madrid o en el País Vasco, y el doble que en Cataluña. La inversión más que duplica la de la planificación anterior y también la prevista para el País Vasco. ¿Dónde está esa lluvia de millones para otros que denunciaba el presidente? Aquí, cayendo sobre Aragón.
Y no hablamos solo de centros de datos. Se refuerzan el Anillo de Zaragoza y el eje Aragón-Navarra, se habilitan bombeos hidroeléctricos y se apoya la red que llega a nuestros polígonos. Es una planificación pensada para el Aragón industrial de la próxima década, que genera empleo y fija población.
Pero los fantasmas de Azcón tampoco resisten la luz cuando hablamos de lo que llega a cada casa.
Pensemos en un jubilado aragonés: este año su pensión ha subido un 2,7%, unos 570 euros más al año para una pensión media de jubilación, y las mínimas más de un 7%. Ese jubilado sabe bien lo que es que te suban la pensión en lugar de recortártela con la motosierra que tanto admiran algunos amigos del presidente. Eso también es bueno para Aragón.
Pensemos en una joven aragonesa que busca piso para independizarse. Gracias a los reales decretos del Gobierno de España en materia de vivienda, hoy está más protegida frente a los abusos y la especulación. Eso también es bueno para Aragón.
Pensemos en quien trabaja con el salario mínimo en un almacén de Plaza o en una explotación del Cinca. El SMI está hoy en 1.221 euros en catorce pagas, tras subir otro 3,1%. Cada euro de esa subida se queda en el comercio del barrio y en la economía de nuestros pueblos. Eso también es bueno para Aragón.
Ninguna de estas medidas distingue entre aragoneses, catalanes o vascos. La España que construye este Gobierno no reparte privilegios por territorios, sino derechos por personas. Y cuando toca invertir en infraestructuras, los datos sitúan a Aragón a la cabeza.
Por eso, señor Azcón, le invito a despertar. Deje los fantasmas para los Caprichos que grabó un aragonés universal, que lucen mucho mejor en un museo que en la tribuna de las Cortes. Los aragoneses no necesitan un presidente que se queje de enemigos imaginarios, sino uno que haga su trabajo: que aproveche esta oportunidad histórica, que oriente bien la red de distribución, que es competencia suya, y que no permita que los proyectos fantasma acaparen la red que necesitan nuestras empresas.
Los fantasmas solo asustan a oscuras. Y los datos, señor presidente, son la luz.
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