El manuscrito medieval más famoso cambia de historia al aparecer indicios que cuestionan a los monjes irlandeses
Un asentamiento costero con pocas defensas atraía embarcaciones rápidas cargadas de hombres armados. Los vikingos llegaron a Irlanda buscando metales, alimentos y objetos que podían transportar con facilidad, y eligieron monasterios porque guardaban libros, cálices y reservas que se podían coger en minutos.
Entraban, rompían puertas, abrían cofres y se llevaban piezas que luego intercambiaban o fundían, mientras el saqueo dejaba edificios dañados y comunidades desorganizadas. Ese tipo de ataque explica por qué muchos manuscritos salieron de su lugar original y acabaron en otros puntos del mapa, como ocurrió con el Libro de Kells.
¿Qué era este libro?
Esta importante obra es un manuscrito iluminado que reúne los cuatro evangelios y presenta letras y dibujos muy elaborados, y un estudio recogido por la BBC indica que pudo hacerse en Portmahomack en lugar de la isla de Iona.
Este trabajo plantea que en ese monasterio existía una actividad centrada en fabricar pergamino y decorar páginas, lo que encaja con la calidad del libro. El manuscrito se utilizaba en contextos religiosos, donde se leía o se mostraba como objeto litúrgico. Su elaboración exigía tiempo, materiales y manos especializadas.
Están intentando construir un tanque que confirme la teoría
Thomas Keyes, artesano especializado, participa en un proyecto financiado con 3.250 euros por la Society of Antiquaries of Scotland y trabaja en reconstruir un tanque de piedra de 1.500 litros que servía para remojar pieles.
Con ese sistema intenta producir pergamino siguiendo técnicas medievales, que según su testimonio usaban algas, y después compara las muestras con manuscritos antiguos para ver si el proceso de Portmahomack encaja con el del Libro de Kells.
El trabajo se publicará en línea a través del Tarbat Discovery Centre y también se presentará en una charla abierta en 2026. Este proyecto forma parte de un conjunto de nueve iniciativas que suman unos 24.300 euros.
Una investigadora situó el origen del manuscrito en territorio picto
Victoria Whitworth, investigadora que prepara un libro sobre el tema, afirma que el monasterio de Portmahomack es el lugar más probable donde se creó el manuscrito. Explica que los pictos producían esculturas cristianas con inscripciones complejas y que esas formas coinciden con las letras del Libro de Kells.
También señala que el monasterio de Kells no tuvo relevancia hasta finales del siglo IX, una fecha tardía para la creación del libro. Whitworth añade que “si el Libro de Kells se hizo en territorio picto, cambia la forma de entender la Escocia medieval temprana”.
En Portmahomack se encontró un taller donde se trabajaban pieles para obtener pergamino. Los arqueólogos sacaron a la luz clavijas de hueso que se usaban para tensar las pieles mientras se secaban, junto a cuchillos y piedras pómez que servían para raspar la superficie. En varias hogueras apareció un residuo de algas marinas quemadas que se utilizaban para producir una sustancia que eliminaba el pelo de las pieles. Ese proceso sustituía al uso de cal, que no se encontraba en la zona.
Una profesora explicó la dificultad de fijar un origen único
Rachel Moss, profesora en Trinity College Dublin, recuerda que en esa época había circulación de personas, objetos y materiales entre Irlanda, Gran Bretaña y el continente. Señala que resulta muy difícil fijar el lugar exacto de creación de un manuscrito si no existe un registro claro dentro del propio texto.
Añade que el Libro de Kells reúne influencias de distintas tradiciones artísticas y que ese cruce complica asignarlo a un único sitio. Moss indica que el análisis de Portmahomack aporta un punto más a un debate abierto.
El manuscrito se trasladó tras ataques y acabó en Dublín
El origen del manuscrito ha sido motivo de discusión durante años. Se pensaba que comenzó en Iona en el siglo VIII y que, tras un ataque vikingo en el siglo IX, los monjes lo trasladaron a Kells, también en Irlanda. Desde 1661 se conserva en el Trinity College de Dublín.
La diferencia entre Iona y Portmahomack se apoya en el tipo de pruebas, ya que en el primer caso predominan documentos escritos y en el segundo aparecen restos materiales. En ese mismo lugar se hallaron restos de edificios dedicados a trabajos artesanales, junto con señales de distintas fases de producción, desde la preparación del pergamino hasta la elaboración de pigmentos y elementos decorativos.
Helen Spencer, responsable de investigación en la Society of Antiquaries of Scotland, explicó que “se encontraron huellas de edificios dedicados a oficios y pruebas de varias fases de producción, incluido el pergamino y los pigmentos”.
Portmahomack fue uno de los centros cristianos más antiguos en territorio picto entre los años 700 y 800, hasta que un incendio lo destruyó, posiblemente durante una incursión vikinga. Ese dato sitúa el lugar en el mismo contexto de ataques que obligaron a mover objetos valiosos de un sitio a otro, y deja el manuscrito dentro de ese recorrido que empezó en un taller y terminó en una biblioteca donde aún se conserva.