Restos de más de 140 menores con el pecho abierto confirman en Perú el mayor sacrificio infantil conocido
El sacrificio infantil en Perú constituye uno de los episodios más impactantes del pasado precolombino y refleja la dimensión ritual que alcanzaron ciertas culturas andinas. Estas prácticas se vinculan con la cosmovisión de pueblos que buscaban apaciguar a sus deidades a través de ofrendas humanas en momentos de crisis o fenómenos naturales.
Los niños eran considerados portadores de pureza y futuro, por lo que su entrega a los dioses adquiría un valor supremo dentro de estas ceremonias. En algunos casos se sumaban animales jóvenes, que ocupaban un papel fundamental en la economía y en la vida diaria de esas sociedades. Este tipo de rituales tenía como objetivo asegurar la continuidad de la comunidad y restablecer el equilibrio con el entorno natural.
La magnitud de uno de estos hallazgos salió a la luz en 2018, cuando arqueólogos confirmaron en la costa norte peruana el descubrimiento de lo que se considera la mayor matanza ritual de niños en la historia documentada.
Los restos humanos muestran señales de aperturas en el pecho y pigmentos aplicados en el rostro
El lugar donde se encontraron los restos, denominado Huanchaquito-Las Llamas, se sitúa a escasa distancia del complejo arqueológico de Chan Chan, que fue la capital administrativa del imperio Chimú. Los investigadores hallaron allí más de 140 cuerpos de menores y alrededor de 200 crías de llama, todos enterrados siguiendo un patrón ritual que orientaba a los niños hacia el océano y a los animales hacia los Andes.
Las excavaciones, desarrolladas entre 2011 y 2016 y publicadas por National Geographic en 2018, revelaron que los cuerpos habían permanecido protegidos por la arena seca durante siglos, lo que permitió conservar detalles de gran valor científico.
Los análisis forenses realizados por el equipo liderado por Gabriel Prieto, de la Universidad Nacional de Trujillo, y John Verano, de la Universidad de Tulane, identificaron cortes transversales en esternones y desplazamientos de costillas que evidencian una apertura sistemática del torso, probablemente para extraer el corazón. En paralelo, algunos cráneos mostraban restos de pigmentos rojos de cinabrio aplicados en el rostro, lo que sugiere una preparación ceremonial previa a la muerte.
El hallazgo no se limitó a los cuerpos infantiles y de llamas. En el mismo terreno aparecieron tres adultos —un hombre y dos mujeres— con golpes contundentes en la cabeza y sin objetos funerarios, lo que llevó a pensar que formaban parte de la ceremonia y fueron eliminados tras cumplir su papel.
La crisis climática del fenómeno de El Niño pudo estar detrás de la decisión de ofrecer vidas humanas
La hipótesis de que todo sucedió en un único acontecimiento se apoya en la capa de barro seco que cubría la duna antes de ser alterada para las fosas. En esa superficie se preservaron huellas de niños descalzos, adultos con sandalias y animales, lo que permitió reconstruir la procesión hacia el lugar del sacrificio.
El contexto histórico es clave para entender la magnitud de este suceso. El imperio Chimú dominaba entonces más de 600 kilómetros de costa, desde la frontera actual con Ecuador hasta Lima, y solo fue superado en extensión por el poder incaico. Diversos especialistas vinculan este sacrificio con episodios de lluvias e inundaciones asociados al fenómeno de El Niño, que habría puesto en jaque la agricultura y las infraestructuras de la zona.
Tal y como explicó Gabriel Prieto al diario The Guardian, la decisión pudo responder a la necesidad de ofrecer lo más valioso de la sociedad: “Ellos estaban posiblemente ofreciendo a los dioses lo más importante que tenían como sociedad, y lo más importante son los niños porque representan el futuro”.
En paralelo, los investigadores subrayan la relevancia de los animales en el ritual. Las llamas, esenciales como animales de carga y fuente de recursos, habrían sido presentadas como complemento imprescindible de la ofrenda. Según Prieto, también citado por The Guardian, “las llamas eran muy importantes porque estas personas no tenían otras bestias de carga, eran una parte fundamental de la economía”. De esta forma, la ceremonia reunió a los dos pilares de la supervivencia comunitaria, los hijos y los animales, para invocar una intervención divina que detuviera el desastre climático.
El impacto del hallazgo trascendió el ámbito regional y fue catalogado como un acontecimiento sin precedentes en la arqueología mundial. Hasta ese momento, la evidencia más numerosa de sacrificio infantil correspondía al Templo Mayor de los aztecas en Tenochtitlán, con 42 víctimas, lo que resalta la escala incomparable de Las Llamas.
Investigadores como Jeffrey Quilter, del Museo Peabody de Arqueología y Etnología de Harvard, destacaron a The Guardian que este hallazgo ofrece “pruebas concretas de que los sacrificios a gran escala de niños ocurrieron en el antiguo Perú”.
Las excavaciones de Las Llamas siguen abriendo nuevas líneas de investigación en la arqueología andina
Los análisis genéticos y de isótopos realizados en los últimos años han confirmado que los niños sacrificados procedían de distintas regiones del imperio Chimú y que había tanto niñas como niños, lo que apunta a una selección amplia dentro de la sociedad. Además, nuevos hallazgos en otros puntos de la costa norte, como Pampa La Cruz y Las Lomas, han revelado enterramientos adicionales que elevan el número total de víctimas y demuestran que estos sacrificios fueron prácticas recurrentes en la zona.
El descubrimiento de Las Llamas en 2018 sigue marcando un antes y un después en el estudio de las prácticas rituales andinas, porque permitió documentar con evidencias directas un acto colectivo de dimensiones nunca vistas hasta entonces. La historia queda abierta a nuevas interpretaciones que surgen de cada análisis en laboratorio, como si las arenas del litoral peruano todavía guardaran respuestas que esperan ser desenterradas.