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ANDALUCÍA es, según la constitución, una nacionalidad histórica que vivió momentos de esplendor en el pasado y luego pasó a jugar un papel de cuartel, granero y mano de obra. Esta degradación llega a su punto álgido con el fascismo que deja a los andaluces en el imaginario popular como pobres analfabetos alegres y vagos -valga la contradicción- Ahora, hijas e hijos de Andalucía, intentamos contar nuestra historia con la dignidad, igualdad y justicia que esta se merece. (Columna coordinada por Juan Antonio Pavón Losada y Grecia Mallorca). Más en https://www.instagram.com/unrelatoandaluz/

La reducción de las peonadas: parche para un régimen agrario que necesita una reforma estructural

Web Un Relato Andaluz (1)

Ana Pinto Lepe

Jornaleras de Huelva en Lucha —

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Desde Jornaleras de Huelva en Lucha, como no podía ser de otra manera, celebramos la medida urgente que permitirá a muchas familias acceder al subsidio tras los temporales. Pero una vez más insistimos en poner el foco en que el sistema actual,  basado en la precariedad y la temporalidad, nos hace vulnerables al cambio climático, a los vaivenes del mecado, y frente a los empresarios quienes tienen en su poder el presente y el futuro de los trabajadores, al depender éstos de ellos para que registren en la Seguridad Social las jornadas reales también llamada peonadas que verdaderamente realizan en los tajos. Una cuestión de la que depende que se cobre el salario correcto a final de mes, pero también que se permita tener acceso a las  prestaciones del régimen agrario en un futuro cuando toque solicitarla, y te requieran  el mínimo de peonadas.

Una prestación que ronda los 500 euros al mes, que se puede cobrar un máximo de 6 meses (los que no hay trabajo en el campo, que son algunos más) y que para poder tener acceso a ella no solo necesitas un número de peonadas, si no también haber pagado durante un año el sello agrario que ronda los 200 euros al mes. Esa especie de falsos autónomos de la que no se habla. Sin embargo, una parte de la patronal y algún que otro famoso cacique suelen hacer bastante hincapié en que la gente no quiere  trabajar en el campo porque vive de esa maravillosa “paguita” llamada PER agrario. De las pagas, millonarias a veces, que ellos adquieren a través de la PAC tampoco interesa que se hable. Pero aquí le podéis echar un vistazo, porque hay periodistas que sí que lo están investigando. Y no estamos hablando de 500 euros al mes durante 6 meses, precisamente. Incluso hablamos de “paguitas” a empresas que tienen sentencias o actas de la Inspección de Trabajo en su contra porque no cumplen con los derechos de sus trabajadores.

Volviendo al PER agrario, y teniendo en cuenta que el trabajo del campo en Huelva ha quedado relegado al sector del fruto rojo, y pocas alternativas laborales existen, evidentemente la noticia de la reducción de 35 a 5 peonadas, como ha ocurrido otras veces, es un balón de oxígeno. Pero se trata de otro parche más y no una solución  definitiva. Cabría también señalar aquí, si hablamos de pocas alternativas laborales, que si trabajas en otro sector cuando no hay nada en el campo, en el sector de la hostelería por ejemplo, esas jornadas no te sirven para el Régimen Agrario, y el tiempo que estemos en ese otro sector tenemos que seguir pagando los casi 200 euros de sello agrícola si queremos seguir estando de alta en el Régimen Agrícola. Porque aquí de puertas giratorias sabemos mucho, pero no tanto de las de la  pobreza, es decir, pasar de un sector precarizado a otro a ver en cuál te explotan más.

No podemos seguir con un sistema de protección social que depende de que el clima sea benigno, de que la campaña sea buena, y de que tu jefe te apunte las peonadas que realmente has trabajado

Depender de juntar 35 jornales en un año para tener derecho a una prestación precaria es vivir al borde del abismo, y los temporales solo han puesto el foco en una  situaciónque llevamos años denunciando. Y más en un contexto actual de emergencia climática. Sabiendo que lo que ha pasado este año con los trenes de tormentas no va a  ser un caso aislado. El cambio climático ya está aquí, y el campo y sus trabajadores serán los primeros en sufrirlo. Las sequías, las lluvias torrenciales, las heladas y granizadas fuera de temporada… van a ser cada vez más frecuentes. Lo dice, o más bien lo gritan los científicos, no nosotras. Y no podemos seguir con un sistema de protección social que depende de que el clima sea benigno, de que la campaña sea buena, y de que tu jefe te apunte las peonadas que realmente has trabajado. 

No estaría de más recordar también que los agricultores y los empresarios del campo  cuentan con seguros y con la PAC, que en caso de perder cosechas les cubren las  pérdidas. Pero: ¿quién nos cubre a la gente que depende de estos meses de campaña  los jornales que están perdiendo? ¿Con qué dinero se va a pagar el sello agrario para  poder cobrar la prestación cuando toque solicitarla? De ahí que nuestra reivindicación vaya más allá, y hablemos de una reforma profunda y de calado del Régimen Agrario que:

1. Desvincule el derecho a la protección social de la acumulación de peonadas en un contexto de inestabilidad climática y laboral: no podemos estar a merced de lo que el  cielo o los empresarios nos quieran dar. Y sí o sí, hoy más que nunca, abogamos por una Renta Básica Universal que nos devuelva la dignidad garantizando unos ingresos justos y estables. Lo que no hemos tenido nunca. Es un acto de justicia social para un grupo de trabajadores marginados y desprotegidos desde antaño, pero que casualmente durante una pandemia mundial, en 2020, se demostró que eran imprescindibles para que el resto del mundo pudiera comer, una de las principales necesidades que hay que cubrir para mantenerse vivo.  

No podemos hablar de reducción de peonadas, de derechos laborales, de dignidad para las personas jornaleras, sin hablar de mitigación y adaptación, de eliminar los modelos depredadores

2. Recupere el sistema de trabajo y cuidado del monte y nuestros entornos naturales, como alternativa laboral que hoy se hace más necesaria que nunca: enfrentamos un panorama planetario en el que la temperatura media sigue subiendo y eso conlleva más olas de calor y, a su vez, a grandes incendios que arrasan con todo y acaban no solo con la vida, la flora y la fauna, sino también con el equilibrio socio ambiental y  económico de las zonas afectadas, implicando además un gran desembolso a  posteriori de dinero público. Pensemos por un momento lo que han supuesto los graves incendios de Doñana, Almonaster la Real y la Pata del Caballo en nuestra  provincia, o los graves incendios que afectaron al Parque Nacional de Monfragüe y la sierra de la Culebra en el verano de 2022. Necesitamos, como aseguran las expertas en  la materia, combatir el fuego antes de que llegue y qué mejor manera de hacerlo que  generando puestos de trabajo para la gente del mundo rural. Recuperar el trabajo de cuidado de la sierra es un modo de crear empleo con un salario digno que cumpla con  el SMI, favoreciendo una situación en la que todos ganamos: las arcas públicas, las personas, los animales, los bosques y el planeta en  general. No estamos inventando nada. Esto ya se hacía hace unas décadas en nuestra provincia.

3. Fomente la transición hacia la agroecología: ante la emergencia climática actual, y la situación geopolítica que estamos atravesando, los modelos agroecológicos se vuelven una necesidad urgente, y no solo una opción ambiental. Estos enfoques reducen la dependencia de insumos externos, diversifican cultivos, regeneran suelos y mejoran la resiliencia frente al clima, al tiempo que protegen el agua y la  biodiversidad. Transitar hacia ellos significa también apostar por un sistema agrario más justo y estable, capaz de sostener la producción sin agravar la crisis climática que ya está afectando al territorio y a quienes trabajan la tierra.

Para indagar más sobre el Régimen Agrario establecido en Andalucía y Extremadura  podéis descargaros aquí nuestro libro Abramos las Cancelas. La lucha de las Jornaleras  de Huelva por otro modelo de agricultura. En el capítulo 5 intentamos explicar la rueda de precariedad a la que nos somete.

No podemos hablar de reducción de peonadas, de derechos laborales, de dignidad para las personas jornaleras, sin tener en cuenta todo lo anteriormente nombrado, sin hablar de mitigación y adaptación, de eliminar los modelos depredadores. Porque de ello dependen no solo nuestros ingresos y nuestros salarios, y que optemos a una vida  digna económicamente hablando, sino también que podamos seguir llevándola a cabo en los pueblos rurales andaluces que habitamos, en los cuales nos enfrentamos a  grandes desafíos frente al cambio climático. Lo del inicio de esta campaña es solo una muestra más. 

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ANDALUCÍA es, según la constitución, una nacionalidad histórica que vivió momentos de esplendor en el pasado y luego pasó a jugar un papel de cuartel, granero y mano de obra. Esta degradación llega a su punto álgido con el fascismo que deja a los andaluces en el imaginario popular como pobres analfabetos alegres y vagos -valga la contradicción- Ahora, hijas e hijos de Andalucía, intentamos contar nuestra historia con la dignidad, igualdad y justicia que esta se merece. (Columna coordinada por Juan Antonio Pavón Losada y Grecia Mallorca). Más en https://www.instagram.com/unrelatoandaluz/

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