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El Prismático es el blog de opinión de elDiario.es/aragon. 

Las opiniones que aquí se expresan son las de quienes firman los artículos y no responden necesariamente a las de la redacción del diario.

Esperpento en el Principal

El Teatro Principal de Zaragoza.

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“El esperpentismo lo ha inventado Goya”, afirmaba Max Estrella, en Luces de Bohemia. La idea salía de la pluma del creador de ese género literario, Ramón del Valle Inclán, que reconocía así la capacidad del pintor aragonés para captar la esencia de lo más grotesco de la sociedad y, con un toque somarda, plasmarlo en un dibujo para deleite incluso de los propios caricaturizados. 

Un siglo después de la publicación del primer esperpento para el teatro me pregunto si no estaremos viviendo en un libreto del género y no nos hemos dado cuenta. Tal vez en esta obsesión por meter al pobre Goya en todo, pegue o no, esto forma parte del enésimo homenaje que no acabamos de captar. Quizá lo que nos parece una realidad penosa forma parte de un guion que el público aplaudirá en cuanto llegue a su fin. Ojalá sea pronto. 

Puede que sea una teoría disparatada, no obstante, se parece bastante al esperpento lo que acontece desde hace un tiempo en el Teatro Principal de la ciudad. Su nombre no engaña, es también descriptivo. Es –o se le presume– el teatro más importante de Zaragoza. Lo es desde tiempos inmemoriales pero quizá un visitante, ajeno a la historia de la ciudad no lo creería si echa un vistazo a lo que allí se programa, o más que eso, a lo que no se programa. No va esto de una enmienda a la totalidad. 

Un tributo a una cantante pop en activo –por poner un ejemplo– no parece lo más adecuado para semejante plaza. Pero lo justificaría que fuese parte de la deformación grotesca de la realidad que exige el esperpento. Imagino a quienes escogen lo que acogerá o desterrará el teatro viendo los títulos a través de los espejos cóncavos del callejón del Gato. La distorsión y deformación de la realidad que provocan esos reflejos explicarían que algunas de las obras de teatro más importantes de nuestro país no hayan parado en Zaragoza o que otras con premios Max y firmadas por autores de la propia ciudad queden relegadas a los Centros Cívicos de la ciudad. 

Es posible que Don Latino de Hispalis fuera bien tratado hoy aquí. Quizá habría rascado alguna de las 730 entradas que desde el Ayuntamiento se repartieron en tan solo seis obras en el Principal y el Teatro del Mercado. Quién sabe si era “para llenar” que parece ser la justificación de querer convertir al teatro en una sucursal fulera de la Gran Vía de Madrid. O quizá los 17.119 euros en entradas de los que habla en el informe de intervención que publicaba esta semana elDiario.es eran para el fomento del gusto por el teatro. En el esperpento todo es posible. 

Qué lejos queda aquella decisión de Zaragoza en Común de abrir los palcos reservados a las autoridades a toda la ciudadanía. Cómo añora uno la certeza de saber que podrá ver en la cuarta ciudad de España lo mejor de lo que se hace en el teatro en este país. Para eso nos iremos a Madrid, a Pamplona, a Logroño…tiene tela. Mientras tanto, en la taberna de Pica Lagartos, seguirán hablando de cómo homenajear a Goya.

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