Resuelto un ataque feroz de hace 28000: las marcas óseas y fracturas revelan que 'El Príncipe' murió tras un ataque de un oso salvaje
La diferencia entre la calma y el ataque puede durar solo unos segundos. Los enfrentamientos contra osos no suelen acabar bien porque son animales con una fuerza enorme que pueden pasar de dóciles y tranquilos a un estado de agresividad en muy poco tiempo. Un ejemplar adulto supera con facilidad el peso y la potencia de cualquier persona, y cuando se siente amenazado reacciona con golpes y mordidas capaces de destrozar huesos.
Esa capacidad física explica que, cuando se produce un choque real, las lesiones sean graves y que el desenlace dependa de detalles muy concretos. Casos documentados muestran que la violencia del impacto deja marcas claras en el cuerpo, y esa misma idea es la que permite interpretar episodios antiguos que solo han dejado restos óseos.
Un estudio en Liguria sitúa la muerte de un chico paleolítico tras la embestida de un gran carnívoro
Esa transición brusca entre quietud y violencia encaja con lo que ocurrió hace unos 27.500 años en la cueva de Arene Candide, en el noroeste de Italia. Un equipo internacional encabezado por el bioantropólogo Vitale Stefano Sparacello, de la Universidad de Cagliari, y con la participación de Julien Riel-Salvatore y Claudine Gravel-Miguel, de la Université de Montréal, concluyó que el adolescente hallado allí, al que se conoce como El Príncipe, murió tras el ataque de un gran carnívoro, con el oso como hipótesis principal.
Riel-Salvatore, profesor y director del departamento de antropología de la Université de Montréal, explicó que “este es un ejercicio de osteobiografía que revela los últimos momentos de un adolescente en la era paleolítica en lo que hoy es la región de Liguria”.
La conclusión destaca porque en el registro paleobiológico de Homo sapiens apenas aparecen pruebas claras de ataques de fauna salvaje, aunque se sabe que los grupos del Paleolítico cazaban leones, leopardos y osos. Según Riel-Salvatore, “este es uno de los casos muy raros en los que podemos determinar la causa de muerte de una persona en la era paleolítica”. Esa rareza convierte el hallazgo en una referencia para estudiar la relación entre humanos y grandes depredadores en ese periodo.
Las señales de curación indican que el adolescente aguantó varios días antes de morir
El equipo trabajó con el esqueleto conservado en el museo arqueológico de Pegli, en Génova, y revisó cada lesión con detalle. En el estudio señalan que “nuestro análisis confirmó la naturaleza perimortem de las lesiones mandibulares y del hombro”. También describen que “un surco lineal en el parietal izquierdo y una marca de punción en el peroné apoyan la hipótesis de un ataque animal”. A partir del patrón general de daños, los investigadores apuntan que el oso sigue siendo la explicación más coherente.
Los huesos muestran además señales de inicio de cicatrización, de modo que el joven no murió al instante y pudo resistir entre dos y tres días tras el ataque. Esa supervivencia sugiere que las arterias principales no quedaron seccionadas y que el desenlace llegó por hemorragias internas, fallo de órganos o un traumatismo cerebral grave.
El estudio indica también que arrastraba problemas previos en los pies, con una fractura en el dedo pequeño izquierdo y una osteocondritis disecante en el astrágalo derecho, una limitación que habría dificultado la huida ante un depredador de gran tamaño.
El enterramiento con ocre y objetos valiosos mostró una despedida fuera de lo común
El enterramiento aporta otra pieza del relato. Los investigadores plantean que el ajuar abundante no reflejaba rango social, sino una respuesta ritual ante un episodio que consideraron excepcional, y escriben que “este patrón apoya la hipótesis de que el entierro formal se concedía para contener y reconocer acontecimientos y personas excepcionales”. Esa interpretación conecta con otros sepulcros del mismo periodo asociados a individuos con lesiones poco habituales.
El cuerpo apareció en posición supina dentro de una fosa poco profunda sobre un lecho de ocre rojo, con colgantes de marfil, bastones perforados de asta y una hoja de sílex, mientras el cráneo estaba cubierto por cientos de conchas perforadas y caninos de ciervo.
La clavícula, la mandíbula, un omóplato y la parte superior de un hueso del brazo presentaban daños graves, y las vértebras cervicales también estaban afectadas, con partes sustituidas por una masa de ocre amarillo colocada para cubrir las heridas. Ese conjunto de objetos y fracturas convierte al llamado El Principe en uno de los casos mejor documentados de muerte violenta en el Paleolítico europeo.