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Traer vida y cuidar la salud en Gaza: el trabajo de Nour entre la devastación

María Isabel González

Madrid —

La ofensiva israelí sobre Gaza ha causado una crisis sanitaria sin precedentes. El personal sanitario, los hospitales y las clínicas de atención primaria se han convertido en objetivos de ataques durante dos años. Desde octubre de 2023, se han registrado 931 ataques contra estas infraestructuras y contra los profesionales sanitarios. Muchas instalaciones han sido totalmente destruidas en esos ataques. En la actualidad, un gran número funcionan solo parcialmente o se han visto obligadas a cerrar por la falta de suministros debido al asedio impuesto por Israel sobre la Franja.

La falta de combustible tiene consecuencias devastadoras: sin electricidad, un gran número de máquinas esenciales, como incubadoras o monitores de signos vitales, no pueden funcionar. 

Todas estas consecuencias de la violencia han dejado un panorama sanitario devastador, sumido en el caos, sin medios, con falta de personal y escasez de medicamentos. Los pacientes con enfermedades crónicas no pueden acceder a tratamientos como la diálisis, muchas operaciones se hacen sin anestesia y otros miles de pacientes necesitan salir para recibir tratamientos urgentes, como quimioterapia o radioterapia, pero las autoridades israelíes no les permiten viajar para recibirlo. La vida de miles de personas pende de un hilo cada día más frágil.

El personal médico, además de correr un grave peligro por los ataques, ha sufrido un cambio drástico en su trabajo y en la forma de atender a pacientes. La emergencia impide que puedan desarrollarlo con normalidad. No cuentan con los recursos necesarios y las necesidades superan constantemente su capacidad de respuesta. El estrés y la ansiedad, junto al terror por los ataques, son sensaciones que se han convertido en constantes para muchos mientras trabajan.

Uno de los momentos más críticos en este contexto en Gaza es el embarazo y el parto. Muchas mujeres sufren abortos o partos prematuros debido al estrés y a la falta de apoyo profesional adecuado en este momento tan decisivo. Otras muchas se ven obligadas a dar a luz en tiendas de campaña o refugios, sin la asistencia necesaria, y las que pueden llegar a un hospital también corren el riesgo de que cualquier complicación sea un riesgo real para ellas y sus bebés, debido a la precariedad y la falta de recursos.

Cómo es asistir partos entre bombardeos

Nour al-Jerjawi es una experimentada enfermera especializada en partos, ha trabajado desde octubre de 2023 en Gaza en circunstancias inimaginables. “Hemos estado trabajando casi por completo bajo un sistema de emergencia. Apenas tengo días libres y a veces tengo que trabajar durante varios días consecutivos. Con tantos hospitales y centros médicos destruidos, el número de mujeres que acuden a nuestro centro para dar a luz se ha duplicado”, explica. También asegura que ha vivido en primera persona cómo el miedo y el pánico que sientan las madres ha provocado un grave aumento de los partos prematuros, que ponen en peligro a las mujeres y a sus bebés.

En estas condiciones tan extremas, ver el sufrimiento y el miedo de las pacientes ha marcado profundamente a Nour. Cuenta que, en mitad de este infierno, su papel ha adquirido otra dimensión: el apoyo emocional que brinda a las madres. “Comparto sus cargas psicológicas, especialmente con aquellas que han perdido a sus esposos y están dando a luz a sus hijos huérfanos. O aquellas que se enteran de la muerte de familiares inmediatamente después de despertar de la anestesia”.

“En esos momentos, debo actuar no solo como profesional de la salud, sino también como una fuente de compasión humana”.

Pero a veces, durante más de dos años de ofensiva israelí, las implicaciones emocionales y las circunstancias familiares también han hecho mella en su desarrollo profesional.  

“Uno de los momentos más difíciles que he enfrentado fue cuando quedamos atrapados en la casa de mi familia en la ciudad de Gaza, rodeados de tanques israelíes mientras caían bombas. La electricidad estaba cortada y la hambruna pesaba. De repente, mi hermana embarazada se puso de parto y no había forma de llevarla al hospital”.

En un momento tan crítico y a pesar de su pánico, Nour no tuvo más remedio que sacar su fortaleza y asistir a su hermana. “Era la primera vez que asistía un parto natural completamente sola, sin médico y sin las herramientas adecuadas. Tuve que esterilizar unas tijeras de cocina y usar pinzas de plástico. Mientras, las mujeres de la familia sostenían las linternas de sus teléfonos para iluminar la habitación”.

Durante las horas del parto, Nour sintió una presión que nunca había experimentado. “Todos me miraban, esperando que pudiera hacer un milagro y traer a la bebé de mi hermana al mundo de forma segura, pero con medios improvisados”.  A pesar de todo, no se bloqueó y actuó con gran profesionalidad, enfrentando las enormes implicaciones personales y emocionales de aquel momento.

“Las bombas hacían temblar la casa con cada impacto y yo me concentraba en traer a la bebé de mi hermana al mundo, mientras ella sufría un dolor inimaginable. Finalmente, nació. Corté el cordón umbilical con las tijeras y lo até con una pinza. Estaba viva. Al ver su pequeño rostro, rompí a llorar de alivio, de miedo y por ver a lo que acabábamos de sobrevivir”.

“La llamamos Massa, que significa ”la joya“. En ese momento, en medio del caos y la destrucción, ella era nuestro pequeño milagro brillante”, recuerda con emoción.

Un trabajo que deja espacio para la esperanza

Trabajar en un contexto de emergencia continua desde octubre de 2023 es una pesada losa para los profesionales de la salud como Nour. “Psicológicamente, estoy siempre en un estado de ansiedad por mi familia, a la que he tenido que dejar bajo bombardeos para ir a mi lugar de trabajo, que también es igual de inseguro. Nunca sé si volveremos a vernos”, explica.

Pero a pesar del miedo y de los graves desafíos, su compromiso es firme y sigue trabajando para traer vida al mundo y sostener cierta esperanza entre tanto dolor. Ver el alivio y el agradecimiento de las familias que atiende es su principal razón para no rendirse. “Siempre he sentido una profunda gratitud por parte de la mayoría de las personas hacia mi papel de asistir a mujeres durante el parto. Este aprecio ha aumentado significativamente durante la ofensiva, ya que decidí permanecer en mi puesto y seguir brindando asistencia, a pesar del grave peligro que nos amenaza”.

Nour es un ejemplo de compromiso y profesionalidad con la salud en Gaza, en un contexto en el que simplemente acudir a tu puesto de trabajo puede implicar el riesgo de ser asesinada o no volver a ver a tus seres queridos.