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Yousef Khalil Ahmad Al-Najjar, superviviente de la Nakba de Cisjordania: “Todo lo que quería era respirar el aire de Palestina”

Loai Wazwaz

Cisjordania —

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Para Yousef Khalil Ahmad Al-Najjar, de 79 años, que vive en el campamento de refugiados de Al-Jalazone, en la Cisjordania ocupada, la historia del desplazamiento de su familia no terminó con la Nakba, en 1948, cuando más de 700.000 palestinos y palestinas fueron expulsados de sus hogares. Continuó a través de años de exilio, migración y separación de la tierra que su familia se vio obligada a abandonar. Aunque ha pasado la mayor parte de su vida lejos de Al-Dawayima, la aldea ha permanecido en el centro de su identidad.

Tenía apenas dieciocho meses cuando las fuerzas israelíes entraron en la aldea palestina de Al-Dawayima, al oeste de Hebrón, el 29 de octubre de 1948, durante los últimos meses de la Nakba. No recuerda nada de aquel día. Su conocimiento de lo ocurrido procede de las historias que le contaron sus padres y los supervivientes que durante décadas relataron los acontecimientos que obligaron a miles de palestinos a abandonar sus hogares. “Era demasiado pequeño para recordarlo”, afirma. “Todo lo que sé procede de quienes lo vivieron. Sus historias me han acompañado toda la vida. Te rompen el corazón”.

Al igual que muchas otras personas desplazadas, se convirtieron en refugiados. Según el testimonio que escuchó mientras crecía, las fuerzas israelíes entraron en Al-Dawayima un viernes mientras los habitantes rezaban. Los aldeanos huyeron presa del pánico y muchos buscaron refugio en una cueva cercana conocida como Ghor Al-Zagha. Le contaron que posteriormente las fuerzas israelíes descubrieron la cueva y mataron a quienes se escondían en su interior. Una mujer, afirma, sobrevivió fingiendo estar muerta entre los cadáveres y más tarde contó a otras personas lo que había sucedido. Esos relatos pasaron a formar parte de la memoria colectiva de la comunidad desplazada de Al-Dawayima, una memoria conservada no solo por los testigos, sino también por los hijos y nietos nacidos años después de la desaparición de la aldea.

La familia se vio obligada a desplazarse en varias ocasiones para buscar estabilidad, hasta que al final se asentaron definitivamente en el campamento de Al-Jalazone, al norte de Ramala.

La muerte de su padre en 1953 obligó a Al-Najjar a abandonar la escuela antes de terminar sus estudios. “Mi madre volvió a casarse y tuvimos que mantenernos por nuestra cuenta”, recuerda. “No había otra opción”. La inestabilidad continuó después de la guerra de 1967. Como muchos palestinos, huyó a Jordania y después viajó al Golfo en busca de trabajo. Pasó años en los Emiratos Árabes Unidos y posteriormente en Arabia Saudí, ganándose la vida lejos de su hogar.

Sin embargo, a pesar de haber construido una vida en el extranjero, afirma que el exilio nunca lo consideró una opción definitiva. “Solo quería volver y respirar el aire de Palestina. Al-Jalazone no es mi aldea de origen, pero todavía conserva el aroma de Palestina”. Finalmente regresó a Cisjordania tras casarse con su esposa, también palestina.

Regresar a una aldea que ya no existe

Décadas después, Al-Najjar consiguió visitar el lugar donde se encontraba Al-Dawayima. Lo que encontró no era la aldea que su familia había descrito. Afirma que los israelíes le impidieron entrar en la zona después de que allí se estableciera un asentamiento israelí.

“Era una tierra hermosa. Todo estaba cultivado: árboles, trigo, cebada. Antes de 1948, Al-Dawayima era una próspera aldea agrícola”. Recuerda haber escuchado historias de una comunidad muy unida, donde las familias vivían de la agricultura y la ganadería, compartían comidas con los vecinos y se reunían durante el Ramadán. “La gente vivía de forma sencilla, pero había solidaridad. Todos cuidaban de los demás”.

Al observar cómo se desarrollan los acontecimientos actuales en todo el territorio Palestino ocupado, Al-Najjar afirma que ve dolorosas similitudes entre la experiencia de su familia en 1948 y el desplazamiento forzoso que muchos palestinos continúan sufriendo. “Cuando hoy los palestinos son expulsados de sus hogares y ven cómo derriban sus casas, me pregunto: ¿adónde se supone que deben ir?”, dice. “Eso es exactamente lo que nos ocurrió a nosotros”.

Mantener viva la esperanza y la memoria de Al-Dawayima

Hoy, Al-Najjar participa activamente en la Sociedad Benéfica de Al-Dawayima para el Desarrollo Social, en el campamento de personas refugiadas de Palestina de Al-Jalazone, una organización creada por familias desplazadas de la aldea. La asociación organiza actividades educativas, culturales y sociales para preservar la historia de la localidad y fortalecer los vínculos entre las generaciones más jóvenes. “Nuestros hijos nunca vieron Al-Dawayima, pero conocen su nombre, su historia y el lugar de donde procedían sus abuelos”. Considera que preservar esos recuerdos es, en sí mismo, una forma de resistencia contra el olvido.

Después de haber vivido en Jordania y en el Golfo, Al-Najjar afirma que conoció a muchas personas palestinas que habían construido vidas prósperas en el extranjero, pero que nunca abandonaron el sueño de regresar a casa. “Siempre buscaban la manera de volver. El dinero y una vida cómoda nunca sustituyeron a Palestina”. Aunque sabe que no volverá a vivir en Al-Dawayima, insiste en que la aldea seguirá viva dentro de su familia.

Para Al-Najjar, el hogar ya no es simplemente un lugar en un mapa. Es un recuerdo transmitido de generación en generación, una historia contada alrededor de las mesas familiares y una promesa de que, a pesar del exilio, Palestina nunca será olvidada.