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Opinión - 'En el punto de mira', por Rosa María Artal

Bosques de cuento en Europa: siete escapadas exprés para disfrutar del otoño

El otoño es una de las mejores épocas para hacer una escapada a la naturaleza. España está repleta de rincones llenos de color, eso ya lo sabemos, pero si queremos ir un paso más allá hay un buen número de destinos europeos que permiten cambiar el paisaje a un vuelo corto de distancia. Bosques que en esta época del año se llenan de tonos amarillos, ocres y rojizos, y que ofrecen un plan diferente para aprovechar unos días libres.

Hay opciones muy variadas. Algunos son grandes espacios naturales protegidos y otros están prácticamente a las puertas de una ciudad. Los hay reconocidos por la UNESCO y también bosques que destacan por sus leyendas o por sus colecciones de árboles. Y no todos se recorren de la misma manera. Puedes elegir rutas de senderismo para pasar varias horas caminando, hacer un paseo sencillo en familia o combinar la visita con algún pueblo o localidad cercana.

Desde los Bosques de Viena, en Austria, hasta la Selva Negra alemana, los lagos de Plitvice en Croacia o el bosque de Brocéliande, en Francia, estas siete propuestas que tienes a continuación permiten descubrir algunos de los paisajes forestales más interesantes del continente. 

Los Bosques de Viena (Austria)

A las puertas de la capital austriaca se extiende el Wienerwald, una enorme zona verde que sirve de frontera natural entre Viena y los paisajes rurales de la Baja Austria. Declarado Reserva de la Biosfera por la UNESCO en 2005, reúne bosques de árboles caducifolios y pinos, prados, campos de cultivo, viñedos y colinas. Un entorno natural muy variado que forma parte de la vida cotidiana de los vieneses.

Cuenta con una amplia red de rutas señalizadas y se puede llegar a distintos puntos en transporte público desde la ciudad. Hay recorridos familiares, como el que une Kahlenberg y Sophienalpe, y otros algo más exigentes. También merece la pena acercarse a alguno de sus miradores, como el de Kahlenberg, con vistas de Viena y del bosque. Otra opción es completar el paseo con una visita a las localidades vinícolas de la zona o a la abadía de Klosterneuburg.

La Selva Negra (Alemania)

En el suroeste de Alemania, junto a las fronteras con Francia y Suiza, la Selva Negra es uno de esos destinos que en otoño muestran una de sus mejores caras. Sus bosques mezclan árboles de hoja caduca y coníferas, y se alternan con montañas, valles y lagos de origen glaciar. Buena parte de la región está protegida por dos grandes parques naturales y cuenta además con una Reserva de la Biosfera reconocida por la UNESCO en su zona sur.

Una de las zonas más conocidas es la que rodea el lago Titisee, al que se puede sumar una visita al Schluchsee y al monte Feldberg, el más alto de la región, con 1.493 metros. También destacan las cascadas de Triberg, con unos 150 metros de caída y accesibles por un sendero desde el pueblo. Para quienes quieran caminar algo más, la garganta de Wutach ofrece una ruta de unos 13 kilómetros entre paredes rocosas y vegetación. Y hay una alternativa diferente: recorrer el valle en un tren panorámico que atraviesa varios puentes y túneles.

Los lagos de Plitvice (Croacia)

El Parque Nacional de los Lagos de Plitvice es uno de los grandes espacios naturales de Croacia. Declarado parque nacional en 1949 y Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1979, ocupa unas 30.000 hectáreas de paisaje montañoso cubierto de bosques. Su principal atractivo son sus 16 lagos, conectados por cascadas y arroyos. En sus bosques predominan las hayas, que representan aproximadamente tres cuartas partes de los árboles, junto a abetos y algunos pinos.

La visita se organiza mediante varios itinerarios señalizados, con distintas distancias y duraciones. Algunos recorren solo una parte del parque y otros conectan los lagos superiores e inferiores. Una opción bastante completa es la ruta C, de unos ocho kilómetros y entre cuatro y cinco horas. Pasa por la Gran Cascada, de 76 metros de altura, e incluye un trayecto en barco por el lago Kozjak, el mayor del parque. También hay un tren panorámico para facilitar los desplazamientos entre algunas zonas.

El bosque de Brocéliande (Francia)

En Bretaña se encuentra el bosque de Brocéliande, también conocido como bosque de Paimpont. Sus cerca de 7.000 hectáreas forman el mayor espacio forestal de la región, con robledales, coníferas, páramos, estanques y turberas. Pero si hay algo que lo distingue son las leyendas artúricas que lo rodean. Según los relatos, por aquí pasaron personajes como Merlín, el hada Viviana o el caballero Lancelot.

Hay numerosos caminos para recorrerlo a pie, en bicicleta o a caballo, y algunos permiten descubrir lugares vinculados a esas historias. Entre los más conocidos están el Val-sans-retour, o Valle sin retorno, y la fuente de Barenton, donde Merlín habría conocido a Viviana. También se puede visitar el castillo de Comper, que alberga un centro dedicado a las leyendas artúricas, o acercarse a Paimpont para conocer su abadía.

El bosque de Soignes (Bélgica)

Al sur de Bruselas se extiende el bosque de Soignes, un espacio natural de unas 4.400 hectáreas repartido entre las tres regiones de Bélgica. Destacan sus grandes hayedos, algunos de los mejor conservados de Europa. Varias de sus reservas forestales forman parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2017, dentro de una declaración que protege antiguos hayedos de distintos países europeos.

Es una escapada muy sencilla desde la capital belga. Desde la estación central de Bruselas se llega en tren a Groenendaal en unos 30 minutos. Allí comienza una ruta circular de unos seis kilómetros que atraviesa la reserva forestal Joseph Zwaenepoel, por lo que es un recorrido asequible para dedicar medio día a caminar entre hayas. Cerca del punto de partida también están el arboreto de Groenendaal y el Museo del Bosque Jan van Ruusbroec, donde conocer mejor la historia y la naturaleza de este lugar.

El Parque Nacional de Białowieża (Polonia)

En Podlaquia, al este de Polonia y junto a la frontera con Bielorrusia, se conserva uno de los últimos grandes bosques primigenios de Europa. Białowieża es un bosque mixto, con carpes, arces y abetos, entre otras especies. Se extiende por los dos países y está protegido como Reserva de la Biosfera y Patrimonio Mundial de la UNESCO. En la parte polaca se encuentra el parque nacional, creado en 1932, que conserva algunos de sus sectores más antiguos, apenas alterados por la actividad humana durante siglos.

Su otro gran atractivo es el bisonte europeo, que estuvo a punto de desaparecer y hoy vive en libertad en este bosque. Se organizan excursiones guiadas para intentar observarlo en su hábitat natural. El final del otoño y el invierno son buenos momentos para ello, ya que la caída de las hojas facilita localizar a los animales. Eso sí, esta escapada requiere algo más de planificación: Białowieża está a unos 230 kilómetros de Varsovia y el desplazamiento por tierra lleva su tiempo.

El arboreto de Westonbirt (Inglaterra)

En el condado inglés de Gloucestershire se encuentra Westonbirt, un arboreto de unas 240 hectáreas que reúne miles de especies de árboles y arbustos de distintas partes del mundo. Su origen se remonta a la época victoriana, cuando Robert Holford impulsó esta colección y financió expediciones para traer ejemplares de otros países. Hoy es especialmente conocido por sus colores otoñales, con protagonismo de los arces japoneses.

El recinto cuenta con unos 27 kilómetros de caminos señalizados, así que se puede adaptar la visita al tiempo y las ganas de caminar. También dispone de una pasarela elevada entre los árboles, zonas de juego infantil y actividades familiares. Es una propuesta distinta a la de los grandes bosques naturales, pero una buena opción para disfrutar del otoño y descubrir una colección botánica muy especial.