Descubre un paraje único y refréscate en sus piscinas naturales con esta ruta de senderismo en Pontevedra
A pocos kilómetros de las Rías Baixas, en el municipio pontevedrés de Barro, se escucha el murmullo constante de los ríos, se ve la sombra de los árboles autóctonos y las antiguas construcciones de piedra que caracterizan la zona. Un lugar que te permite escapar del calor sofocante del verano donde el agua marca el ritmo del paisaje.
La gente que se siente atraída por este lugar lo hace sobre todo por su famosa cascada, pero el entorno ofrece mucho más que una fotografía para enmarcar el recuerdo. La ruta sigue el rastro del río permitiendo conocer pozas naturales, cascadas, molinos tradicionales y un bosque frondoso y verde, formando un recorrido armónico que te incita a desconectar. El paseo es ideal para hacerlo en un día con familia, amigos o pareja.
Lejos de las playas más concurridas de la costa, este espacio natural combina senderismo accesible y baño en aguas cristalinas, una mezcla cada vez más buscada por quienes desean refrescarse sin renunciar a la tranquilidad que ofrecen lugares como este; ya no es solo la paz que te transmite el hecho de que no esté muy transitado, sino el silencio que lo rodea.
La sensación de aislamiento es una de las características que más sorprenden a quienes llegan por primera vez. Aunque el parque se encuentra relativamente cerca de núcleos urbanos importantes, con solo adentrarse unos minutos por el sendero el ruido va desapareciendo poco a poco y solo se escucha el cantar de los pájaros y el sonido del río. Ese cambio de ambiente tan repentino convierte la visita en una experiencia especialmente relajante durante los meses de verano.
La Fervenza do río Barosa forma parte del Parque da Natureza do Río Barosa. La cascada se encuentra en el río Agra, un afluente del río Umia, y desciende en varios niveles entre grandes bloques de granito, creando un conjunto de saltos. Uno de los mejores lugares para contemplarla en su máximo esplendor es la plataforma situada junto al puente de acceso a los Muíños de Abaixo. Desde allí se aprecian los saltos de agua que descienden por las piedras hasta unificarse de nuevo para seguir el caudal del Umia.
Uno de los elementos más singulares del parque es el conjunto de 17 molinos de agua tradicionales que se distribuyen a ambos lados del río. Son construcciones de piedra que se usaban para moler cereales con la fuerza del agua, y que fueron restauradas posteriormente para su conservación. El lugar se ha convertido en uno de los puntos más icónicos debido al contraste entre los molinos cubiertos de musgo, la espuma blanca de la cascada y el verde intenso de la vegetación.
Entre los molinos mejor conservados destacan los Muíños de Abaixo, situados junto a la entrada del parque, y los Muíños de Arriba, ubicados en la parte alta del sendero. Ambos conjuntos permiten observar cómo se aprovechaba el desnivel natural del río para mover las ruedas hidráulicas y distribuir el agua entre las distintas construcciones.
La ruta principal corresponde al Sendeiro dos Muíños do Barosa, un sendero homologado que atraviesa el parque siguiendo el curso del río. El recorrido comienza junto a los Muíños de Abaixo y avanza por caminos naturales de tierra, puentes y pasarelas de madera que permiten disfrutar del paisaje desde distintos puntos de vista.
El paseo se considera de dificultad baja, por lo cual no necesita una preparación física previa ni nada especial. A medida que el camino va avanzando, la cascada principal queda atrás del visitante y las aguas del río se calman, formando pequeñas pozas de agua pura y transparente que están rodeadas por vegetación autóctona.
Las piscinas naturales que se forman entre las rocas de granito permiten refrescarse en un entorno incomparable, lugares con muy poca intervención humana. El agua, fría incluso en los días más calurosos, proporciona una sensación especialmente agradable después de la caminata.
El entorno está dominado por un bosque atlántico húmedo en el que abundan robles, alisos, sauces y helechos. La vegetación crea amplias zonas de sombra que mantienen una temperatura agradable incluso durante las horas centrales del día. Los troncos cubiertos de musgo y la humedad permanente aportan al paisaje ese aspecto verde intenso tan característico de Galicia.
Además de su valor natural, la ruta tiene un importante interés cultural. El sendero permite acercarse al puente de San Breixo y a la iglesia del mismo nombre, un templo del siglo XVII situado en una posición elevada desde la que se obtienen buenas vistas del valle del Barosa. Esta combinación de patrimonio histórico y naturaleza convierte la excursión en una experiencia mucho más completa que una simple visita a una cascada.
Desde el entorno de la iglesia de San Breixo se obtiene una panorámica muy amplia del valle del Barosa y del curso del río antes de unirse al Umia. La ubicación elevada del templo permite apreciar la relación entre el paisaje fluvial, los antiguos caminos y los molinos que durante siglos formaron parte de la vida cotidiana de la zona.
La cercanía de la Fervenza do río Barosa a poblaciones como Pontevedra, Caldas de Reis y Portas hace sencillo que esta ruta forme parte de un viaje por el interior de las Rías Baixas. Gracias a su conectividad por carretera, se puede gozar de un ambiente natural y sereno sin necesidad de hacer largos viajes desde algunas de las ciudades más importantes de la comarca.
Para que el recorrido sea aún más completo, una opción a barajar es continuar la ruta hacia Caldas de Reis, lugar conocido por sus fuentes termales y su patrimonio vinculado al Camino Portugués. De esta manera, puede convertirse en una ruta más completa por el interior de Pontevedra, algo diferente y que ofrece a los visitantes una alternativa a las aglomeraciones de los núcleos urbanos.