Rodeadas de vegetación y rocas de granito: las pozas naturales de Galicia para disfrutar de un baño en plena naturaleza

Pozas de Bugalleira.

Edu Molina

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Galicia reúne numerosos espacios de baño alejados de la costa, repartidos entre ríos, cascadas y pequeñas cavidades formadas por el paso del agua. En muchos casos, estos enclaves están ubicados en entornos naturales y permiten acercarse a una parte del territorio marcada por los cauces interiores, la vegetación de ribera y las vías que conectan pueblos. Durante el verano funcionan como alternativa para refrescarse, aunque siguen siendo parajes sin las instalaciones propias de zonas acondicionadas, por lo que requieren una visita responsable.

En el sur de la provincia de Pontevedra, el relieve combina la cercanía del Atlántico con las elevaciones de las sierras de Argalo y A Groba. Desde estas zonas nacen varios cursos fluviales que atraviesan valles y terrenos graníticos antes de aproximarse a la desembocadura del Miño. La acción constante del agua sobre la roca ha dado lugar a saltos, remansos y cavidades de distinta profundidad, configurando un paisaje interior que se repite en distintos puntos del recorrido. La proximidad entre la costa y las áreas montañosas permite pasar en pocos kilómetros de los núcleos marítimos a espacios dominados por el bosque y los ríos.

Uno de estos enclaves se localiza en el municipio de Oia, dentro de la parroquia de Loureza. Allí, el río Tamuxe forma las Pozas da Bugalleira, un conjunto de piscinas naturales situado a escasa distancia de la costa pontevedresa. El entorno está rodeado de bosque y grandes bloques de granito, mientras el agua discurre por un tramo irregular en el que se alternan pequeñas cascadas con zonas más calmadas. Esta configuración permite encontrar varios puntos aptos para el baño a lo largo del cauce, en lugar de una única poza aislada.

La visita puede plantearse como una parada breve o integrarse dentro de un recorrido más amplio por el valle. El lugar se encuentra próximo a núcleos como Oia, Loureza, Burgueira y O Rosal, en un entorno rural conectado por carreteras locales y senderos. Además de Bugalleira, el Tamuxe reúne otros espacios vinculados al baño y al paseo, como las Pozas de Loureza o el Pozo do Arco. Todos forman parte de un paisaje fluvial definido por la interacción entre el agua, la roca y la masa forestal. La conexión entre estos puntos permite observar el río en distintos tramos y apreciar cómo cambia su recorrido a medida que avanza por el valle.

El conjunto de pozas unido por una ruta circular

El Tamuxe, también conocido como Carballo o Carballal, nace en la sierra de A Groba y recorre unos 16 kilómetros antes de desembocar en el Miño, del que es el último afluente. A lo largo de su trayecto, desciende desde las sierras de Argalo y A Groba y atraviesa un terreno de origen granítico. La erosión ha ido modelando el lecho, creando una sucesión de huecos, desniveles y pequeños saltos. Las Pozas da Bugalleira ocupan uno de estos tramos, donde el agua queda retenida entre paredes y bloques de piedra antes de continuar valle abajo.

El espacio mantiene una apariencia natural, sin construcciones vinculadas directamente al baño. El agua suele ser transparente, aunque su temperatura se mantiene fría incluso en los meses más cálidos. La vegetación cubre buena parte de las orillas y proporciona sombra en distintos puntos, mientras las cascadas conectan unas cavidades con otras. El granito, visible tanto dentro como fuera del cauce, condiciona el acceso, ya que las superficies mojadas pueden resultar resbaladizas. Por ello, se recomienda avanzar con precaución y evitar movimientos bruscos en las zonas donde la roca aparece más pulida por la acción del agua.

Una de las características del enclave es que no requiere una aproximación larga. El acceso parte de una carretera cercana y el último tramo se realiza a pie hasta llegar a las pozas. Esta cercanía facilita una visita puntual, sin necesidad de completar toda la ruta del valle. Aun así, se trata de un espacio sin servicios ni vigilancia, por lo que es necesario valorar el estado del caudal y actuar con prudencia. También resulta imprescindible recoger cualquier residuo y llevarse todos los objetos utilizados, ya que no existe un área recreativa habilitada para los visitantes.

Quienes opten por ampliar el recorrido pueden seguir el sendero circular que conecta las parroquias de Loureza y Burgueira. El itinerario tiene una longitud aproximada de 12 kilómetros y un desnivel positivo cercano a los 350 metros. La ruta enlaza distintos elementos del patrimonio natural y cultural del valle y atraviesa varias zonas de baño formadas por el Tamuxe. Entre ellas se encuentran las Pozas da Bugalleira, las de Loureza y el Pozo do Arco. El trazado puede completarse en su totalidad o recorrerse de forma parcial, en función del tiempo disponible y del nivel de exigencia que se quiera asumir.

Esta combinación permite organizar la jornada de diferentes maneras. Una opción es acercarse directamente a Bugalleira para conocer sus remansos y cascadas; otra pasa por recorrer parte del sendero que sigue el curso del río y conecta varios enclaves. En ambos casos, el interés del lugar está ligado a la forma en la que el Tamuxe atraviesa el granito y genera sucesivas láminas de agua entre la vegetación. La cercanía de pequeñas localidades del sur de Pontevedra facilita, además, integrar la visita dentro de un recorrido por el interior de Oia y su entorno, sin alejarse en exceso de la costa.

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