Escondida bajo un enorme barranco, a esta modesta ermita manchega del siglo XVI se puede llegar después de una preciosa ruta
En la comarca de la Alcarria conquense se esconde toda una joya patrimonial y de la naturaleza que no deja indiferente a todo aquel que llega a descubrirla. Se trata de la ermita de Nuestra Señora de los Desamparados, obra que logra mimetizarse casi de forma perfecta con las escarpadas paredes rocosas del entorno. Este pequeño templo no solo es un refugio espiritual para los vecinos de Buendía, sino también el punto final de una de las rutas más bellas de Castilla-La Mancha. El edificio parece fundirse literalmente con la piedra del barranco, ofreciendo una estampa singular que cautiva a todo aquel que se interna en la garganta del río Guadiela. Es un rincón donde el silencio solo se rompe por el discurrir del agua y el vuelo de las aves rapaces que custodian las alturas.
El paraje natural que rodea este santuario de la provincia de Cuenca ha sido esculpido durante milenios por la incansable erosión de las aguas del río Guadiela, un afluente del Tajo. El cauce del río ha modificado el terreno de forma caprichosa hasta crear un profundo y espectacular barranco flanqueado por altísimos farallones de roca caliza. Estos relieves de la garganta son tan poco habituales que el espacio ha sido catalogado oficialmente como un Lugar de Interés Geológico por su valor científico. En estos acantilados decenas de buitres y otras aves rapaces han encontrado un hábitat ideal para su nidificación y feliz existencia en armonía con el paisaje, mientras que el río acompaña al visitante durante todo el trayecto fluyendo desde el embalse de Buendía hacia su unión final con el río Tajo.
La historia de esta edificación se remonta a un antiguo y modesto eremitorio que originalmente albergaba la imagen del Cristo del Amparo en un lugar solitario. Fue durante los siglos XVI y XVII cuando la estructura original se amplió significativamente para dar cobijo a la actual patrona de la villa de Buendía. El templo actual presenta un estilo arquitectónico sobrio y elegante, destacando especialmente su portada de sillería con un arco de medio punto enmarcado por dos pilastras. En su interior, la ermita dispone de una sola nave construida con una robusta bóveda de cañón que refuerza esa sensación de refugio seguro. Es un ejemplo perfecto de cómo la arquitectura manchega de la época supo adaptarse a las dificultades orográficas de un terreno tan sumamente complejo.
La tradición popular ha otorgado a este rincón el nombre de “El Sitio”, debido a los fenómenos inexplicables que los habitantes del pueblo relatan desde hace siglos. Cuenta la leyenda que la Virgen de los Desamparados desaparecía de la iglesia parroquial para aparecer misteriosamente en este apartado punto del cañón del río. Por muchas veces que los vecinos intentaran trasladar la imagen de vuelta al casco urbano de Buendía, la talla regresaba siempre por su cuenta al barranco. Fue precisamente esta supuesta insistencia divina la que motivó la construcción y posterior ampliación del santuario en aquel enclave exacto de la roca. Incluso se dice que la pequeña imagen original fue traída desde Valencia por un soldado local que cumplió su servicio en el año 1690.
Para alcanzar este refugio místico, los senderistas disponen de una ruta de 12 kilómetros de ida y vuelta que parte desde la imponente presa del embalse de Buendía. El recorrido, identificado como el sendero PR-CU 47, es una excursión sencilla y muy agradable que apenas presenta desniveles pronunciados en su trazado general. El camino avanza en dirección sur siguiendo siempre el margen derecho del río Guadiela, sumergiendo al caminante en el fondo del barranco. Al ser una senda lineal y de baja dificultad técnica, es un plan ideal para disfrutar en familia o con niños durante cualquier época del año. El tiempo estimado para completar la travesía es de unas tres horas, aunque depende del ritmo y de las paradas fotográficas que se realicen.
Uno de los hitos más memorables del camino es el paso por el puente del Pontón, una pasarela de madera construida sobre la base de un antiguo puente histórico. Al cruzar esta estructura, el senderista puede observar cómo la vegetación de las escarpadas laderas se vuelve notablemente más frondosa y fresca a cada paso. En este tramo, el cañón transita entre las sierras de Enmedio y de Santa Cruz, ofreciendo formas caprichosas en la piedra fruto de siglos de erosión. Es fundamental que los visitantes comprueben antes de salir si los túneles de acceso están abiertos para evitar tener que deshacer parte del camino andado. Durante el trayecto otoñal, las flores y frutos de la estación decoran el sendero.
Área recreativa
Al finalizar el esfuerzo de la caminata, el visitante es recibido por un área recreativa perfectamente acondicionada que invita al descanso y a la contemplación del paisaje. Esta zona dispone de merenderos, fuentes de agua potable, bancos y servicios públicos, lo que permite disfrutar de una comida al aire libre bajo la sombra. Un enorme platanero silvestre preside la explanada situada entre la ermita y la casa del santero, aportando una frescura excepcional durante los meses de verano. Detrás del altar de la ermita, existe un pequeño camarín o cripta donde mana agua fresca directamente de la pared de roca viva. Muchos devotos aseguran que este líquido cristalino posee propiedades sanadoras y acuden al lugar específicamente para llenar sus botellas con este regalo de la naturaleza.
Visitar la Ermita de Nuestra Señora de los Desamparados constituye una experiencia que combina a la perfección el senderismo, la historia y la profunda devoción popular manchega. Buendía ofrece además otros atractivos cercanos, como la famosa ruta de las caras, su muralla medieval del siglo XV o el curioso museo dedicado al carro. El municipio es considerado uno de los más bellos de la provincia de Cuenca, manteniendo intacto su encanto histórico y su estructura urbana tradicional. Sin duda, este rincón del Guadiela es un destino perfecto para una escapada de fin de semana, gracias a un esfuerzo que se ve recompensado con la paz que emana de este templo escondido bajo el abrigo eterno del gran barranco.