El 'Gaudí extremeño': la alucinante casa de mosaicos que un hombre levantó a mano en Badajoz

Que la obra de Gaudí es fascinante, lo puede corroborar cualquier persona que visite sus edificios modernistas. Pero entre todos sus admiradores, hay uno de lo más singular. Se trata de Francisco González Gragera, un albañil y marmolista de Los Santos de Maimona, en Badajoz, que quiso emular al famoso arquitecto catalán construyendo él mismo un edificio de imitación modernista. El resultado de su idea se puede visitar en este municipio extremeño y se conoce popularmente como el Capricho de Cotrina.

Conocido en su pueblo natal de Torremejía con el apodo de Cotrina, González Gragera murió en 2016 sin poder ver terminada su obra, cuya construcción han continuado sus hijos. El Capricho de Cotrina adopta el nombre de su autor, pero también del “Capricho de Gaudí, la famosa villa que el arquitecto catalán construyó en la ciudad cántabra de Comillas, una de las pocas que realizó fuera de Catalunya.

La idea de este edificio tan original nació en 1988, cuando González Gragera le prometió a su hija que algún día tendría una casa realmente única. Así, se propuso construir con sus propias manos una casa que fuese algo realmente diferente. Lo hizo, a lo largo de los años, de forma autodidacta y progresiva. Francisco dedicó parte de su vida a desarrollar esta casa sin seguir planos convencionales ni disponer de formación académica en arquitectura.

Inspirado en Gaudí

El Capricho de Cotrina está claramente inspirado en la estética del modernismo y sus formas curvas y orgánicas inspiradas en la naturaleza. Se suele describir el edificio como una construcción de carácter gaudiniano, debido a sus similitudes formales con algunas obras del famoso artista modernista.

Para la construcción, su creador uso materiales como mampostería de piedra caliza, mortero de cemento y ladrillo. Lo que le da su aspecto singular es el uso de mosaicos de diversos colores que decoran la superficie según la técnica del “trencadís” modernista, que consiste en usar fragmentos irregulares de cerámica esmaltada adheridos a las superficies. El trencadís se puede ver en las escaleras, barandillas, cúpulas, terrazas y otras zonas del edificio.

En el interior hay un salón principal, la cocina, un espectacular cuarto de baño y habitaciones distribuidas en torres. Destaca la habitación principal también por su diseño, ya que está concebido con forma figurativa, con un largo pasillo que conecta con la estancia final y genera una original disposición.

Además, vale la pena fijarse en la puerta de entrada de cemento armado y en el estanque situado sobre el salón, utilizado para mitigar las altas temperaturas en el interior. Alrededor de la casa hay también una cascada que desemboca en una piscina, una fuente y un taller de trabajo en mármol, todas ellas realizadas siguiendo la inspiración modernista de todo el conjunto.

El capricho, hoy

Como es lógico, al principio los vecinos se tomaron este proyecto como una locura y a su autor, como un excéntrico. Sin embargo, el resultado de la obra de González Granera, aunque inconclusa, se ha convertido en un reclamo para visitar el pueblo. El Capricho de Cotrina, además, ha despertado el interés de especialistas e instituciones, tanto a nivel nacional como internacional, que la han difundido como un ejemplo destacado de arquitectura autodidacta.

Hoy, la casa acoge un museo en memoria de su creador, pero también funciona como vivienda familiar, por lo que abre al público los sábados, domingos y festivos con cita previa.