En estos lagos, de origen glaciar y rodeados picos de dos mil metros de altura, podrás ver pinos, hayas, búhos y águilas
El Parque Natural de las Lagunas Glaciares de Neila, en el extremo sureste de la provincia de Burgos, es un espacio protegido que se encuentra enmarcado entre las imponentes cumbres de la Sierra de la Demanda y los picos de Urbión. Su orografía accidentada destaca por la presencia de crestas jurásicas y cantiles que definen un relieve de alta montaña. El punto más elevado del conjunto es el Pico de la Campiña, de 2.049 metros de altura. Desde estas alturas, el visitante puede contemplar un horizonte infinito que abarca las provincias de Burgos, Soria y La Rioja. Además, estas montañas custodian un rosario de lagunas que otorgan al paisaje una belleza serena y verdaderamente inolvidable.
El origen de este impresionante conjunto lagunar se remonta a la última glaciación conocida como la glaciación de Würm. Hace poco más de diez mil años, las grandes masas de hielo cubrían casi todas las cumbres del Sistema Ibérico. La erosión glaciar esculpió las duras rocas jurásicas de conglomerados, areniscas y ortocuarzitas que forman la sierra actual. Al retirarse los hielos, la acción del glaciarismo cuaternario dejó tras de sí circos, lenguas incipientes y depósitos morrénicos. En las cubetas excavadas por la fuerza de los glaciares se formaron los lagos que hoy podemos admirar. Este proceso geológico ha creado una singularidad geomorfológica que es de gran interés para científicos y naturalistas.
La vegetación del parque es otro de sus grandes tesoros, destacando por su enorme diversidad florística y gran densidad. Los centenarios bosques de pino albar dominan gran parte del territorio, formando la mayor masa de esta especie en Europa. Junto a los pinos, el visitante puede encontrar ejemplares de hayas, robles, abedules, acebos y tejos que enriquecen el ecosistema. Estas especies se distribuyen según la altitud y la orientación, creando tapices de colores cambiantes según la estación. Destaca la presencia de especies boreo-alpinas que encuentran aquí un refugio ideal desde las últimas glaciaciones pasadas. En otoño, el paisaje se tiñe de colores vibrantes que convierten cada rincón en una auténtica y hermosa obra de arte.
La fauna que habita en este espacio natural es igualmente sorprendente y variada, adaptada a condiciones de alta montaña. Entre las aves más emblemáticas que surcan estos cielos se encuentran el águila real, el azor y el búho real. Estos depredadores encuentran en los cortados rocosos y en los espesos bosques el lugar perfecto para anidar. En los ecosistemas acuáticos es posible observar a la nutria paleártica, el desmán ibérico y el bello martín pescador. Los bosques también sirven de hogar a mamíferos como el lobo ibérico, el ciervo, el corzo, el jabalí y el gato montés. Además, las aguas de las lagunas albergan truchas y diversas especies de anfibios adaptados al frío extremo del entorno.
El parque alberga un conjunto de lagunas con nombres propios que destacan por su belleza y singularidad paisajística. La Laguna Negra es quizás la más cautivadora y conocida de todas, protegida por los imponentes cortados del circo. Cerca de ella se encuentran la Laguna Larga, la Laguna Corta y la Laguna de los Patos, formando un grupo espectacular. Otros espejos de agua relevantes son la Laguna Brava, la Laguna de las Pardillas, la Laguna Oruga y la Laguna Muñalba. La Laguna de la Cascada se sitúa a la cota más baja, 1.690 metros, ofreciendo un rincón de gran belleza. Esta última debe su nombre a las cascadas que se forman en su circo y que en invierno se hielan por completo.
Cada estación del año transforma el rostro del parque, ofreciendo una visión distinta pero siempre mágica a sus visitantes. En invierno, el manto blanco de la nieve cubre los pinares y los circos rocosos, creando una atmósfera invernal única. Las cascadas se congelan, convirtiéndose en el escenario ideal para los amantes de la escalada en hielo más pura. Con la llegada de la primavera y el verano, el verde intenso de los bosques y la frescura del aire invitan al paseo. Las lagunas recuperan su liquidez y el deshielo llena los cauces, permitiendo disfrutar de saltos de agua y pozas cristalinas.
Pueblo con historia
El pueblo de Neila, que da nombre al parque, es un hermoso municipio serrano con una historia rica y fascinante. Sus orígenes se remontan a épocas antiguas, con restos de asentamientos romanos que incluyen dos puentes históricos en la zona. Durante la Edad Media, la villa alcanzó una gran prosperidad gracias a la trashumancia y al Honrado Concejo de la Mesta. Neila fue cabeza de Cañada Real y contó con un importante lavadero de lana que impulsó su economía local. El casco urbano se divide en dos barrios tradicionales: el de San Miguel y el barrio de Santa María. En pleno centro del pueblo, concretamente en la Cueva de Neila, nace el río Najerilla, también llamado río Neila.
Para comenzar la exploración del parque, se recomienda visitar la Casa del Parque ubicada en la antigua iglesia de San Miguel. Este centro de visitantes ofrece información detallada sobre el ecosistema, la geología y la fauna que habita en este lugar. El parque ofrece una amplia red de senderos para todos los niveles, desde rutas familiares hasta travesías de alta montaña. Entre ellas destacan el Sendero de las Lagunas, el del Piquillo, el de las Nilsas y la ruta al Collado de Neila. También es imprescindible visitar parajes cercanos como Las Calderas, un cañón con pozas esculpidas por el río Palazuelos. Otras joyas de la zona son la Cascada del Chorrón y los diversos miradores que ofrecen, en definitiva, vistas panorámicas inigualables.
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