Para llegar a este lago aragonés de aguas cristalinas y de origen glaciar la forma más sencilla es hacerlo... desde Francia

Este lago o ibón posee una superficie de 27,9 hectáreas y presenta la peculiaridad de estar represado

Alberto Gómez

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En tierras aragonesas se utiliza el término “ibón” para describir a los pequeños lagos de montaña de origen glaciar que coronan las cumbres en esta zona de los Pirineos. Entre todos ellos, el lago o ibón de Estanés destaca como uno de los más emblemáticos y visitados debido a su impresionante belleza y a su particular ubicación geográfica. Este espejo de agua no solo es un refugio de paz, sino también el nacimiento de diversos ríos de Aragón. Situado a una altitud de aproximadamente 1.750 metros sobre el nivel del mar, este enclave se encuentra prácticamente en la línea fronteriza que divide a España de Francia. Aunque su masa de agua se asienta en el término municipal de Ansó, dentro de la comarca de la Jacetania, su vínculo con el país vecino es profundo y constante. 

De hecho, su entorno natural está protegido tanto por el Parque Nacional de los Pirineos en su vertiente francesa como por el Parque Natural de los Valles Occidentales en la española. El ibón de Estanés posee una superficie de 27,9 hectáreas y presenta la peculiaridad de estar represado. Esta intervención humana tiene como objetivo abastecer de agua a la central eléctrica francesa de Espelunguère, localizada en el Valle de Aspe. A pesar de su carácter industrial, el paraje ha mantenido un atractivo visual asombroso, combinando aguas cristalinas con tonalidades turquesas que bañan orillas de piedras rojizas. Pero quizás de los ingredientes más curiosos de este destino es que el acceso más sencillo y frecuentado no se realiza desde territorio español, sino desde la vertiente francesa.

Por ello no es extraño que sean muchos senderistas los que prefieran la ruta desde Francia por su accesibilidad y por ofrecer unas vistas espléndidas de los picos pirenaicos. Mientras que otros accesos desde España pueden ser más largos y exigentes, el camino francés es ideal para familias y personas que se inician en la montaña. Para alcanzar el punto de partida, los viajeros deben dirigirse hacia el puerto del Somport. Una vez cruzada la frontera y tras descender unos pocos kilómetros por la carretera francesa, se encuentra el aparcamiento de Sansanet, señalizado a la izquierda de la calzada. Este parking es amplio, aunque en los fines de semana de la época estival suele llenarse con rapidez, por lo que se recomienda madrugar si uno quiere dejarse maravillar por este lago en los meses de más calor.

El descubrimiento del ibón de Estanés, accediendo a él desde Francia, es una actividad de senderismo que puede completarse en unas tres o cuatro horas

La ruta de senderismo arranca directamente desde el aparcamiento de Sansanet, donde paneles informativos detallan las normas del parque nacional. El camino comienza con un ligero descenso hasta cruzar un puente sobre el río Gave d’Aspe. Es fundamental recordar que, al transcurrir parte del recorrido por un parque nacional francés, está estrictamente prohibido llevar perros, incluso si van atados. Tras cruzar el río, los caminantes se internan en un frondoso bosque de hayas que ofrece un espectáculo cromático especialmente bello durante los meses de otoño. El sendero asciende de forma constante a través del hayedo hasta alcanzar la cabaña d’Escouret. En esta cabaña, durante la temporada de verano, es posible encontrar pastores que venden quesos artesanales a los visitantes.

Al salir de la zona arbolada, el paisaje se transforma en extensas praderas de pasto que permiten contemplar los grandes picos del entorno. En este punto, la senda se une al emblemático sendero GR-11 que proviene de la estación de Candanchú. Es una zona donde no es raro avistar caballos pastando tranquilamente o incluso sarrios, animales muy abundantes en los valles cercanos. La ascensión final conduce al puerto de Estanés, situado a una cota de 1.790 metros, lo que representa el punto más alto de la excursión. Desde este collado, la vista del ibón se revela ante los ojos del caminante por primera vez, ofreciendo una panorámica inolvidable. Es el lugar perfecto para detenerse a descansar y observar las paredes del Circo del Aspe que enmarcan el paisaje.

Osos pirenaicos

El entorno del lago es el hábitat de especies protegidas y un lugar con una historia ecológica significativa. En el pasado, esta zona era uno de los pasos preferidos para los últimos osos pirenaicos que habitaban la cordillera. Sin embargo, la presión turística también deja huella. Y es que en una ocasión se llegaron a extraer diez toneladas de residuos durante una limpieza profunda del vaso del ibón. Para aquellos que deseen una experiencia más completa, existe la posibilidad de realizar una ruta circular regresando por el denominado Camino de la Escalera. Este trayecto de bajada incluye el “Pas de l’Échelle”, un tramo donde una pasarela metálica y una escalera de hierro facilitan el paso por un resalte rocoso. 

Aunque este sendero es seguro, el mencionado tramo tiene un desnivel más pronunciado y requiere prestar algo más de atención que el camino habitual. En definitiva, la visita o el descubrimiento del ibón de Estanés, accediendo a él desde Francia, es una actividad de senderismo de nivel moderado que puede completarse en unas tres o cuatro horas. La mejor época para realizarla abarca desde la primavera hasta el otoño, aunque en invierno el paraje es idóneo para el uso de raquetas de nieve, una manera que requiere un esfuerzo pero que permite disfrutar del paisaje aunque buena parte de la zona esté cubierta de nieve o hielo. Se trata de un lugar indispensable del Pirineo que se encuentra en la provincia de Huesca y que combina la curiosidad del acceso a través de Francia con todo un ejemplo de salvaje naturaleza de diferentes colores y elementos que incluyen altísimas montañas o especies protegidas que solo se observan cuando uno se aleja de la gran ciudad.

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