A media hora en tren desde Barcelona: el municipio costero cuyas casetas de playa están declaradas Bien Nacional de Interés Cultural
Garraf, en la costa de la provincia de Barcelona, forma parte del municipio de Sitges y se ubica junto al macizo del mismo nombre, en la comunidad autónoma de Catalunya. Este pequeño enclave litoral pertenece a la comarca del Garraf, un territorio compuesto por seis municipios —Vilanova i la Geltrú, que actúa como capital, Sitges, Sant Pere de Ribes, Cubelles, Canyelles y Olivella— y caracterizado por la combinación de espacios naturales y zonas urbanas vinculadas al mar.
Dentro de ese contexto, Garraf mantiene una escala reducida y una relación directa con su entorno geográfico. La proximidad entre la montaña y la costa ha condicionado su desarrollo y ha permitido conservar elementos asociados a su historia marítima. A diferencia de otros puntos del litoral barcelonés con mayor presión urbanística, este núcleo ha mantenido una estructura limitada, lo que ha favorecido la continuidad de rasgos tradicionales.
En los últimos años, este enclave ha ganado visibilidad tras la declaración de las casetas de su playa como Bien Cultural de Interés Nacional, en la categoría de conjunto histórico. Esta figura, otorgada por la Generalitat de Catalunya, supone el máximo nivel de protección patrimonial en el ámbito autonómico y reconoce el valor de estas construcciones como parte del patrimonio cultural vinculado al litoral. La medida implica la conservación tanto de las edificaciones como del entorno en el que se integran.
La playa del Garraf y las casetas
La playa del Garraf, situada en el lado de levante del puerto y a los pies de las montañas de la sierra de Coma Roja, presenta unas dimensiones contenidas dentro del litoral catalán. Cuenta con una longitud aproximada de 345 metros y una anchura cercana a los 29 metros, con una superficie de arena fina combinada con pequeñas piedras. La entrada al mar es progresiva, con una pendiente suave que facilita el acceso al agua.
Este espacio queda encajado entre relieves y vegetación mediterránea, lo que configura una cala protegida que ha mantenido unas condiciones distintas a otras playas más abiertas o urbanizadas. Su localización condiciona tanto su forma como su uso, y contribuye a que conserve una relación directa con el entorno natural del macizo del Garraf. A pesar de su tamaño, dispone de servicios como duchas, aseos, equipos de salvamento y accesos adaptados, además de opciones de alquiler de tumbonas, sombrillas y embarcaciones. Durante los meses de verano, la afluencia de visitantes es elevada.
El elemento más característico de este espacio es el conjunto de casetas situadas en primera línea de playa. Se trata de 33 construcciones de madera alineadas frente al mar, pintadas en tonos blancos y verdes, que configuran una imagen reconocible del lugar. Aunque presentan una tipología similar en cuanto a proporciones y acabados, cada una mantiene particularidades propias, lo que aporta diversidad dentro de un conjunto homogéneo.
Estas casetas tienen su origen en la década de 1920, cuando fueron levantadas como estructuras funcionales vinculadas a la actividad pesquera. En aquel momento se utilizaban como espacios para guardar redes, barcas y utensilios, aprovechando su ubicación sobre la arena para facilitar el trabajo diario. Con el paso del tiempo, han evolucionado en su uso, pero han mantenido su presencia como parte esencial del paisaje.
La declaración como Bien Cultural de Interés Nacional, vigente desde 2020, reconoce este conjunto como un ejemplo de arquitectura popular mediterránea. La protección abarca tanto las casetas de forma individual como su disposición conjunta, considerada clave para entender su valor. Este reconocimiento garantiza su conservación y establece limitaciones para cualquier intervención, con el objetivo de preservar su aspecto y su integración en el entorno litoral.
Qué ver en Garraf más allá de la playa
El entorno de Garraf está directamente vinculado al Parque Natural del Garraf, un espacio protegido que supera las 12.000 hectáreas y que se extiende por buena parte de la comarca. Este espacio natural ofrece rutas de senderismo y ciclismo, además de recorridos que permiten observar la flora y fauna propias del paisaje mediterráneo. Su proximidad al núcleo convierte este parque en una extensión habitual para quienes visitan la zona.
En el interior de este espacio se encuentra el Palau Novella, donde se ubica el monasterio budista del Garraf, considerado el primero de Cataluña. Este enclave se ha incorporado al conjunto de puntos de interés del territorio y forma parte de los itinerarios que recorren el parque natural. Su localización, en el corazón del macizo, refuerza la conexión entre el patrimonio cultural y el entorno natural.
Dentro del propio núcleo urbano, Garraf cuenta con otros elementos de interés. La iglesia de Santa María de Garraf, situada en la plaza de l’Església, forma parte del entramado local. A poca distancia se localiza la Torre de Garraf, una construcción vinculada históricamente a funciones defensivas en la costa, que se integra en el conjunto patrimonial del lugar.
Otro de los puntos destacados es el Celler Güell, una bodega de estilo modernista construida en el siglo XIX por encargo del industrial Eusebi Güell y atribuida al arquitecto Antoni Gaudí. Este edificio se sitúa en las proximidades del núcleo y representa uno de los ejemplos de arquitectura vinculada al desarrollo histórico de la zona.
En este contexto, Garraf se consolida como un enclave donde el uso turístico convive con la preservación del patrimonio y del entorno natural. La protección de sus casetas, junto a la singularidad de su playa y la proximidad al parque natural, refuerzan el papel de este núcleo dentro del litoral catalán como un espacio donde se mantiene una relación directa entre paisaje, historia y actividad cotidiana.