A nadie le amarga un dulce, por Asia: los 5 postres más queridos en todo Corea del Sur
Pocas cosas despiertan tanta unanimidad como un buen postre. Y si hablamos de los más célebres del continente asiático, Corea del Sur juega en otra liga. Su historia culinaria, muy ligada al arroz, las legumbres y la fermentación, explica por qué los postres surcoreanos apuestan más por la textura y el equilibrio que por el azúcar puro. Aquí lo dulce acompaña celebraciones, rituales y comidas familiares, y estos cinco clásicos son una buena muestra.
En este recorrido por la repostería surcoreana asoman nombres que cualquier viajero ha escuchado —o probado—: los tteok, el bingsu o el yakgwa, dulces que forman parte del paisaje cotidiano. Corea del Sur puede dividirse por generaciones o regiones, pero hay algo que la mantiene unida: su manera tranquila y ritual de entender el postre.
1. Tteok
El gran pilar de la repostería coreana. Son pasteles de arroz que pueden adoptar múltiples formas, colores y rellenos. Se consumen en festividades, celebraciones familiares y rituales tradicionales, y representan buena suerte y prosperidad.
2. Yakgwa
Un dulce tradicional elaborado con harina de trigo, miel, aceite de sésamo y jengibre. Se fríe y luego se empapa en almíbar, logrando una textura densa y aromática. Está muy ligado a ceremonias y festividades.
3. Songpyeon
Una variedad de tteok con forma de media luna, rellena de pasta dulce de sésamo o judía. Es típico del festival de Chuseok y tiene un fuerte simbolismo relacionado con la cosecha y el paso del tiempo.
4. Bingsu
Postre frío elaborado con hielo finísimo y diferentes toppings, tradicionalmente judía dulce y fruta. Aunque hoy existen versiones modernas, su base tradicional sigue siendo uno de los dulces más consumidos en verano.
5. Hotteok
Panqueques fritos rellenos de azúcar moreno, nueces y canela. Son un clásico de la comida callejera, especialmente en invierno, y representan la cara más popular y accesible del dulce coreano.
Corea del Sur demuestra que el postre no siempre busca intensidad. Sus dulces hablan de equilibrio, de textura y de tradición compartida, y recuerdan que en muchas culturas lo dulce se disfruta sin prisas y sin excesos. A veces, entender un país también pasa por morder algo blando, templado y sencillo.