Esta es la preciosa laguna de 1.400 hectáreas y con tanta sal como el Mar Muerto pero en la que está prohibido bañarse
En la comarca de la Vega Baja del Segura, en la provincia de Alicante, se despliega un paisaje que parece extraído de un sueño: la laguna rosa de Torrevieja. Este humedal de 1.400 hectáreas forma parte del Parque Natural de las Lagunas de La Mata y Torrevieja y ofrece un espectáculo visual de tonos fucsias que embruja a los visitantes. Conocida popularmente como “el Mar Muerto valenciano”, esta laguna es un paraje único en la geografía de nuestra península. Su belleza natural ha permanecido conservada a pesar de la actividad industrial y agrícola que la rodea y representa una de las joyas ecológicas más fascinantes de la costa mediterránea, fusionando historia y biodiversidad.
De hecho, cualquier curioso viajero agradecerá los atardeceres en este lugar, que son mágicos, especialmente durante los meses de agosto y septiembre. Es un destino que sorprende incluso a quienes viajan por todo el mundo buscando rincones pintorescos. El misterio de su vibrante tonalidad rosa reside en la confluencia de tres factores biológicos principales que prosperan en condiciones extremas. La protagonista es la microalga unicelular Dunaliella salina, que desprende caroteno en aguas con altísima salinidad. A este fenómeno se suman las halobacterias, microorganismos con membranas púrpuras que habitan en medios de salinidad muy elevada. Asimismo, el diminuto crustáceo Artemia salina contribuye al cromatismo al alimentarse de estos organismos y adquirir su color.
Durante el verano, el ciclo de reproducción de estas especies aumenta notablemente, intensificando el tono rosáceo del agua. El paisaje cambia continuamente de tonalidad según la incidencia del sol y el clima del día. No se trata de un truco visual, sino de un proceso biológico perfectamente real y fascinante. Este ecosistema hipersalino es el hogar perfecto para estos seres adaptados a la vida salina.
La laguna de Torrevieja destaca por poseer una salinidad extrema, alcanzando los 300 o 350 gramos de sal por cada litro de agua. Esta concentración es diez veces superior a la del agua de cualquier mar común y se asemeja a la del Mar Muerto. Debido a esta densidad, el cuerpo humano flotaría con una facilidad asombrosa. No obstante, esta salinidad tan elevada puede resultar muy molesta si el agua entra en contacto con los ojos o pequeñas heridas. El entorno está rodeado de plantas halófitas como las salicornias y sarcocornias, capaces de sobrevivir en suelos saturados de sales.
El pasado de este humedal se remonta a la época romana, donde ya existen indicios de factorías de sal del siglo I antes de Cristo. No obstante, el documento más antiguo que cita formalmente las salinas data del año 1273, firmado por el rey Alfonso X. En la Edad Media, la Corona cedió estas tierras al Consejo de Orihuela para su explotación y aprovechamiento local. Hubo incluso un intento frustrado en el siglo XIV de convertir la laguna en una albufera pesquera mediante el canal del Acequión. Sin embargo, la alta salinidad provocó la muerte de los peces, obligando a abandonar el proyecto pesquero en 1763. Finalmente, se priorizó la producción de sal sobre cualquier otra actividad, reconociendo el valor estratégico del mineral. Así, la historia de Torrevieja ha estado intrínsecamente ligada a esta laguna durante siglos. La evolución de las salinas refleja la persistencia del trabajo humano en armonía con la naturaleza.
En 1759, la administración del Estado asumió el control de la explotación tras una Real Orden que revirtió su propiedad. Se comprobó que la sal de Torrevieja era de mejor calidad que la de La Mata, trasladando allí la industria principal. Durante el siglo XIX, el régimen de explotación pasó a manos de diversas sociedades privadas bajo sistemas de arriendo. Es considerada actualmente la laguna salada más productiva de todo el continente europeo. La producción media anual ronda las 600.000 o 750.000 toneladas, destinadas en gran parte a la exportación. Casi el 50% de esta sal viaja a mercados del norte de Europa y Estados Unidos.
El proceso de extracción moderno es una coreografía mecanizada que utiliza tecnología avanzada y barcazas especializadas. Una máquina denominada volvedora o extractora recorre el fondo de la laguna arrancando la costra de sal cristalizada. Este equipo se apoya en sistemas GPS para garantizar la precisión en su recorrido por las hectáreas inundadas. Una vez extraída, la sal se carga en barcas que forman una unidad de navegación llamada rache. El primer lavado se realiza en una instalación situada en medio de la laguna conocida como la isla. Posteriormente, una cinta transportadora traslada el mineral al lavadero en tierra firme para una limpieza más profunda. Finalmente, la sal se apila en grandes montañas triangulares llamadas garberas, que facilitan la evacuación del agua. Estas montañas blancas pueden alcanzar los 20 metros de altura, semejando edificios de siete plantas.
Flamencos con plumas grises
Más allá de la industria, esta preciosa laguna de la Comunitat Valenciana es un refugio vital para miles de aves migratorias y residentes. Los flamencos son los habitantes más emblemáticos y suelen verse en grupos de hasta 2.000 ejemplares en época de cría. Curiosamente, estos animales nacen con plumaje grisáceo y adquieren su tono rosa debido a su dieta rica en crustáceos. Al consumir Artemia salina, que a su vez ingiere algas pigmentadas, los flamencos tiñen sus plumas de forma natural. Además de flamencos, se pueden avistar cigüeñuelas, chorlitejos patinegros y la escasa gaviota de Audouin. El parque natural es una zona de descanso crucial en las rutas migratorias entre Europa y África. La vegetación circundante, adaptada a la sal, completa un ecosistema de gran importancia ecológica y belleza.
A pesar de lo tentador que pueda resultar sumergirse en las aguas rosas, el baño está terminantemente prohibido por ley. Esta restricción busca preservar la delicada calidad del ecosistema y proteger la seguridad de los visitantes. Al ser una zona de actividad industrial, existe maquinaria pesada sumergida que supone un riesgo real para las personas. El incumplimiento de esta norma puede acarrear multas considerables según el plan rector del parque natural. Además, la presencia humana constante en el agua afectaría negativamente a especies vegetales protegidas. Para quienes deseen disfrutar del paisaje, existen rutas señalizadas que permiten recorrer el entorno de forma segura. Es recomendable llevar calzado adecuado, como escarpines, para caminar por las zonas permitidas debido a la dureza de la sal. La conservación de este espacio depende de la responsabilidad de cada turista.