El pueblo marinero alicantino que conserva restos de su muralla medieval y una tradición arquitectónica única

Villajoyosa, también conocida como La Vila Joiosa, conserva una relación muy directa con el mar. La localidad alicantina, situada en la Marina Baja, mantiene todavía esa imagen de pueblo costero donde el puerto, las casas de pescadores y el casco antiguo forman parte de una misma escena. No es un lugar que se explique solo por sus playas: buena parte de su interés está en cómo el municipio ha mantenido visible su pasado defensivo, su tradición marinera y una arquitectura popular que se reconoce a primera vista.

Uno de los rasgos más identificables de Villajoyosa son las fachadas de colores que aparecen junto al frente marítimo y en el entorno del río Amadorio. Esa imagen tiene un origen práctico. Las antiguas viviendas de pescadores se pintaban con tonos diferenciados para que pudieran localizarse desde las embarcaciones al regresar a tierra. Con el tiempo, esa costumbre acabó formando parte de la identidad visual de la localidad y sigue marcando el recorrido por la zona antigua.

El centro histórico, declarado Conjunto Histórico-Artístico, permite ver esa mezcla de mar, defensa y vida cotidiana. La villa conserva restos de su antiguo recinto amurallado, levantado en el siglo XVI, y varios elementos que ayudan a entender su papel en la protección del litoral frente a los ataques corsarios. Entre ellos destaca la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción, integrada en el conjunto defensivo y visible desde la Costera de la Mar. A partir de ahí, el paseo se abre hacia el puerto, las playas y varias torres vinculadas a la vigilancia de la costa.

Un casco antiguo entre murallas y fachadas de colores

El recorrido por Villajoyosa puede empezar en el casco antiguo, donde las calles descienden hacia el mar y el río Amadorio marca parte del paisaje urbano. La Costera de la Mar es uno de los puntos más representativos, porque permite observar la relación entre las viviendas tradicionales y los restos de la antigua muralla. En ese tramo, las casas pintadas parecen apoyarse sobre los muros de piedra, creando una de las imágenes más conocidas de la localidad.

La muralla conservada pertenece al conjunto defensivo del siglo XVI y forma parte del patrimonio protegido del municipio. Su presencia recuerda que Villajoyosa no fue únicamente un núcleo pesquero, sino también una población expuesta a los riesgos del litoral mediterráneo. Los restos visibles ayudan a entender cómo se organizaba la defensa de la villa y cómo el caserío fue ocupando después ese borde amurallado.

Muy cerca se encuentra la Iglesia Parroquial de Nuestra Señora de la Asunción. El edificio, construido en el siglo XVI, responde al modelo de iglesia-fortaleza, ya que no solo cumplía una función religiosa, sino que también formaba parte de la protección de la población. Su estilo gótico incorpora elementos posteriores y en su interior se conserva un retablo barroco.

La visita por el interior de la localidad puede completarse con el Museo Valenciano del Chocolate, una parada vinculada a otra de las tradiciones más conocidas de Villajoyosa. Aunque el peso principal del recorrido está en el casco antiguo y en su relación con el mar, la industria chocolatera añade otro elemento a la identidad local.

Playas y torres defensivas más allá del casco urbano

El litoral de Villajoyosa tiene varios tramos de baño a lo largo de sus 15 kilómetros de costa. La playa de Torres, situada a unos dos kilómetros del casco urbano, es una playa semiurbana de 560 metros de longitud y unos 10 metros de anchura. Está acompañada por un paseo marítimo con zonas verdes, lo que la convierte en una opción cercana para quienes quieren salir del centro sin alejarse demasiado de la localidad.

La Caleta se encuentra también a unos dos kilómetros del núcleo urbano y tiene unas dimensiones más reducidas, con 139 metros de longitud. Su entorno natural es uno de sus principales rasgos, con palmeras junto a la playa y vegetación mediterránea en los alrededores. Racó del Conill, a unos tres kilómetros del centro, presenta un paisaje más recogido y queda dividida en dos partes por una lengua de roca. Esa forma le da un aspecto diferente al de otras zonas de baño del municipio.

En varios puntos de la costa aparecen además construcciones relacionadas con la vigilancia del Mediterráneo. La Torre del Charco se sitúa sobre un acantilado, mientras que la Torre d’Aguiló domina el litoral desde una posición elevada. Esta última fue levantada en el siglo XVI como torre defensiva y permite observar una amplia franja de costa. Su presencia recuerda que estos enclaves no fueron solo espacios de pesca o descanso, sino también lugares estratégicos dentro del sistema de control marítimo.

Otro punto destacado es la Torre de San José, también conocida como Torre de Hércules, situada cerca de la playa del Torres. Se trata de un monumento funerario romano construido entre los años 150 y 170 d.C. y considerado una pieza relevante por sus dimensiones y por su ubicación junto al Mediterráneo. Con este conjunto de playas, calas, torres y restos defensivos, Villajoyosa mantiene una identidad ligada al mar, pero también a una historia urbana que todavía se puede recorrer a pie.